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Total…¿qué tanto es tantitooooo….?

Armando Ramírez se nos ha ido sorpresivamente. Conocí su literatura hace muchos años cuando estudiaba en el colegio de ciencias y humanidades allá por Naucalpan. Empecé con el pie derecho con Chin Chin el teporocho cuando yo me creía pobre en un contexto muy equivocado de mi parte sobre mi conciencia de clase, después de leer la novela comprendí que yo era un ordinario clasemediero pequeñoburgués.

Murió a los 67 años después de haber sido gente de barrio, pero de barrio bravo, del internacionalmente reconocido barrio de Tepito, famoso y temido desde la época de la gran Tenochtitlán. Observador detallista, cronista, periodista, estudioso e interprete incansable de la vida cotidiana de muchos barrios de la ciudad de México, pero particularmente especialista en el propio y en todo el corazón del centro histórico chilango.

Luego leí Noche de Califas, una verdadera aventura urbana mucho más interesante que la historia de cualquier superhéroe gringo, aquí en la narrativa del maestro solo existía la pura neta sin pelos en la lengua, la realidad de alto impacto, como debe ser…en estas historias no hay buenos ni malos, sólo humanos que viven sus relaciones de manera normal en contextos de miseria económica, social, cultural y hasta espiritual. No contaré el argumento para que el lector se anime a leerla.

Gran conocedor de las culturas populares urbanas se la llevaba fácilmente a cualquier doctor en antropología que quisiera darle cátedra. Dominaba desde las historias nativas de las calles, el caló en todo su esplendor, las historias de los aparecidos y fantasmas de las cantinas y hoteles de paso, hasta el conocimiento preciso de dónde comer las mejores garnachas, tacos o caldos, de la ciudad, y ni se diga de las pulquerías y rincones de vicio para la pura banda, para la pura banda del barrio. Para puros cuates, los demás que ni vengan…

De joven yo tenía una gran curiosidad por conocer la ciudad de México desde la literatura que hablaba de ella, desde la obra de Artemio del Valle Arizpe, pasando por las crónicas de Novo y luego Monsiváis, lo exquisito de Carlos Fuentes hasta la literatura de la onda con José Agustín y desde luego las crónicas y relatos de Ignacio Trejo Fuentes y Emiliano Pérez Cruz. Mi recorrido fue amplio y diverso incluso sorpresivo como la literatura de Luis Zapata con su Vampiro de la Colonia Roma, pero las dos obras mencionadas del maestro Ramírez lograron que viera yo la esencia del barrio urbano, su corazón, su sentido, su forma y su fondo. Luego me lo enseñaría con más detalle en vivo y a todo color uno de mis grandes maestros universitarios y amigo Manuel Vázquez Arteaga.

Las crónicas de Ramírez reflejaron siempre un sentido humano de ser barrio, de ser popular, sin pena y sin pudor. Ellas hicieron que lo desconocido de las ciudades se conociera de manera clara y contundente ello se puede ver con mucha claridad en su otra novela que en lo particular a mí también me gustó mucho Sóstenes San Jasmeo, y que no tuvo tanto éxito como las dos mencionadas entre los lectores chilangos. Sigo pretendiendo que el lector se llene de curiosidad para animarse a leer su literatura.

Su paso por Televisa fue conocido por todos y no por ello cuestionado. En la empresa de televisión privada hizo periodismo en algunos programas que le brindaron unos minutos para difundir el sabor y la dinámica popular de la ciudad de México con su sentido tan peculiar, y donde se hizo más famoso por su tan conocida frase para el cierre de sus colaboraciones, “pero total…¿qué tanto es tantitoooo,,,?”

En lo personal otras obras como Quinceañera por ejemplo no me parecieron tan interesantes como las primeras tres que ya mencioné, pero cada lector tendrá sus preferencias. Tal vez esta obra fue de las más conocidas porque fue llevada a la pantalla del canal de las estrellas a nivel nacional hace ya décadas. De ello se acordarán los cincuentones, la protagonizó Ernesto Laguardia y Thalía, muy jóvenes los dos. En ella se planteó la violación de una jovencita en una narrativa audiovisual timorata si la comparamos con lo que podemos ver hoy en las industrias televisivas globales. Fue de las primeras veces que la televisora tomó la realidad urbana por los cuernos y no sólo contó una historia de princesas convencional.

Extrañaremos al maestro Ramírez, por lo pronto no podemos hacer mejor homenaje a su memoria que leer sus libros o releerlos si ya lo hicimos. No se van a arrepentir.

Fernando Molina López

Fernando Molina López

Periodista y comunicólogo. Aficionado al debate y al análisis. Docente e investigador puma. Gusta del café, la música y las conversaciones constructivas.

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