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Tener que ser. Sobre Dolor y Gloria. Pedro Almodóvar

Dolor y Gloria es un título sugerente y muy adecuado para la más reciente película de Pedro Almodóvar; el director logra un bordado fino, va del presente al pasado, de la “realidad” al recuerdo, recorriendo diferentes paisajes emocionales; retrata como la vida no es (quizás muy a nuestro pesar) nada lineal, sino precisamente como lo adelanta el nombre, vivimos en picos y valles, transitamos entre sinsabores y alegrías mientras respiramos en esta vida.

En cada una de las escenas y secuencias de esta película están presentes los dos elementos que le dan nombre, el dolor y la gloria son omnipresentes como si fuesen los dos componentes de la vida misma, como si su encuentro y su tensión fuese aquello que propicia el movimiento de la existencia. Sin ir más lejos la primer toma nos muestra a Antonio Banderas (Salvador) conteniendo la respiración al interior de una alberca, la cámara se acerca y combina imágenes de un rostro avejentado y contenido y cicatrices en la espalda, dolor. Le rodea agua, le rodea vida y una aparente tranquilidad, una sonrisa apacible, gloria. Ese estado de duermevela con los ojos cerrados, ese estado transitorio en el que no se está completamente despierto ni dormido, le permite a Salvador realizar viajes al pasado para reconstruir su historia, su propia narración; va y viene en una suerte de péndulo temporal.

La voz en off de “Salvador” hace entonces una retrospectiva de cómo fue que llegó a donde está. Realiza un recuento de sus dolencias, aquí Almodóvar se da gusto combinando imágenes y fondos brillantes, esquemas, dibujos y transiciones dinámicas. El protagonista que delineado entonces como una hombre enfermo, cansado y en decadencia que cuando sus dolencias son insoportables recurre a Dios y cuando logra cierta estabilidad es entonces ateo.

“¿Qué sucedería si el rostro humano expresara con fidelidad el sufrimiento interior, si todo el suplicio interno se manifestara en la expresión? ¿Podríamos conversar aún? ¿Podríamos intercambiar palabras sin ocultar nuestro rostro con las manos? La vida sería realmente imposible si la intensidad de nuestros sentimientos pudiera leerse sobre nuestra cara”.

Emil Ciorán, En las cimas de la desesperación.

Durante los primeros dos tercios de la película Salvador encuentra a su Heroína que le permite mitigar o aplazar sus dolencias además comienza a reconciliarse con su propia obra, con su propia trayectoria, a través de ceder.

Salvador deja en manos de otro su propia experiencia vital, sus recuerdos, sensaciones, su pasado. Aquello que le dio sentido, aquello que fue dando forma y significado a su vida lo escribe en un monólogo que él mismo no puede volver a vivir, sin embargo poco a poco se está reencontrando a través de la representación de su propia historia en cuerpo y voz de otro.

-¿la vida, cuándo fue de veras nuestra?,
¿cuándo somo de veras lo que somos?,
Bien mirado no somos, nunca somos
a solas sino vértigo y vacío,
muecas en el espejo, horror y vómito,
nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida – pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos-,
para que pueda ser he de ser otro
salir de mi, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo
los otros que me dan plena existencia,
no soy, no hay yo, siempre somos nosotros,

0ctavio Paz “Piedra de sol” (fragmento)

Esta representación trae a la vida de Salvador presencia pretéritas determinantes, renovados bríos; le hacen salir de casa y retomar algún control. Hacía el final del filme Almodóvar nos muestra las claves tanto del Dolor y de la Gloria del tránsito del protagonista, la relación con la madre, con el padre, los primeros amores, la simpleza de habitar una cueva e imaginar mundos posibles, la relación con la escritura y la enseñanza. Contar historias y habitarlas, vivir a través de nuestra propia narración escrita, sonora o visual.

“No se puede decir nada más, nunca se ha dicho nada más: ser digno de lo que nos ocurre, esto es, quererlo y desprender de ahí el acontecimiento, hacerse hijo de sus propios acontecimientos y, con ello, renacer, volverse a dar un nacimiento, romper con su nacimiento de carne.”

Gilles Deleuze. Lógica del sentido.

Un acto de amor al movimiento, al cine y a esas relaciones que nos matan y nos reviven simultáneamente.

Germán Chacón

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