Centro Público

No hay cuarto malo

Solo hay comunicación entre aquello que ve y aquello que es visto, esfuerzo de compresión, de relación – a veces de determinación, de creación. Ver es comprender, es juzgar, deformar, olvidar u olvidarse, ser o desaparecer.
Paul Eluard
Para Solesito, la más linda del Ajusco

El momento más crucial de la vida académica suele ser el proceso de titulación. Es un compromiso que se establece como resultado de que, por fin esos años de estudio están llegando a su fin, vas a poner a prueba lo que has aprendido y trabajado; es donde tu creatividad debe encontrar el tema perfecto; y, en efecto, como dice Umberto Eco (Italia, 1932) “encontrar tu primer amor el cuál será difícil de olvidar”. Es un camino -en ocasiones tortuoso- pero al que siempre vas a recordar con un cariño infinito. A estas alturas y después de haber escrito oficialmente dos tesinas -y por lo menos tres borradores que no llegaron a su fin- las investigaciones, las lecturas y los contactos han sido muy valiosos en mi vida profesional.

Obviamente, durante la carrera -si no mal recuerdo- tuve dos materias enfocadas a la creación de nuestros proyectos de titulación, casi un año antes de terminar la carrera habré entregado quizá por lo menos dos o tres ensayos sobre el tema que me apasionaba en aquél entonces: una relectura curatorial de la colección del Museo Tamayo. Al donar su colección de artistas contemporáneos -a él- al pueblo de México, Rufino Tamayo (México, 1899 – 1991) creó un discurso en contra del nacionalismo difundido por  Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros –que permeó hasta finales del siglo XX-; sumó a esto el pasado prehispánico -que al igual que Rivera- donó al Estado, en este caso a Oaxaca. Quería hacer una revisión histórica desde la apertura del Museo Prehispánico en Oaxaca en 1974 hasta la inauguración del Museo Tamayo en 1981; el objetivo era “tratar de comprender cómo el discurso de Tamayo fue capaz de influir en la mentalidad de un país tan impregnado por el nacionalismo y, en general, la entrada del término “latinoamericano”…que puede ser insertado dentro de lo internacional para colocarlos ambos dentro de un discurso de lo contemporáneo”. Obviamente, en ese entonces me parecía un tema de suma importancia al mezclar temas como arte latinoamericano, coleccionismo, construcción de discurso, entre otros, pero estamos hablando que apenas era mi primera ronda bateo.

En mi último semestre me presentaron un libro que cambiaría totalmente mi forma de entender la historia, los antecedentes, el montaje y la recepción de las exposiciones, y que en definitiva ha sido un gran amor: “Displaying the Marvelous: Marcel Duchamp, Salvador Dalí and Surrealist Exhibition Installations”(MIT, 2001) del catedrático Lewis Kachur. Entre las opciones de titulación existía la traducción de un texto inédito en español y que fuera de importancia para la construcción de conocimiento dentro de la carrera.  Trabajé con este libro cerca de un año, y no solamente trate de adquirir la bibliografía básica para poder entenderlo, como “The Shock of the New” (McGraw-Hill, 1972) de Ian Dunlop; “Inside the White Cube: the Ideology of the Gallery Space” (Lapis Press, 1976) o “The Avant-Garde in Exhibition” (Abrams, 1994) de Bruce Altschuler, sino también comprender la traducción como un proceso de interpretación. Leí varios libros que hablaban sobre esto y como diría Paul Ricoeur (Francia, 1913- 2005) “Traducir es servir a dos amos: al extranjero en su obra, al lector en su deseo de apropiación”. La fascinación por la historia de las exposiciones obviamente se vio exacerbada al tratar de entender como surgía la figura del curador, y la importancia de Marcel Duchamp (Francia, 1887-1968): hilo conductor, que literalmente aparece a lo largo del libro, tanto como artista, como promotor cultural y en especial como curador, que no necesitaba del título; principalmente en la exposición “First Papers of Surrealism” (Nueva York, 1942) y su instalación Milla de cuerda (1942), la cual enredó literalmente la sala principal de exhibición sin permitir a los espectadores poder acceder y solamente mirar las obras a través de ella.

 

Al darme cuenta del proyecto titánico en el que me había sumergido y al considerar que en realidad no sabía ni tanto inglés, ni tanto español, para poder interpretar las palabras de Kachur cambié mi proyecto de titulación por una tesina enfocada al artista Germán Venegas (México, 1959): “Un análisis de archivo e historiográfico de la exposición “Ídolos de Azúcar” en la Celda Contemporánea” (2007), la cual según mi introducción mencionaba era: “una inspección somera, descriptiva sobre las principales piezas de Venegas del periodo de 1982 al 1986, en las cuales se resalta el tratamiento de temas de orden religioso católico; el uso de la pintura y el relieve, tanto en papel y madera; y, principalmente el uso de colores brillante, los cuales en su siguiente serie El triunfo de la muerte (1987) se tornan en ocres, rojos y negros y que ya para los Relieves de Ahuehuete (1990) se pierden totalmente.” Obviamente, volvía al tema de la historia de las exposiciones pero enfocadas en el arte mexicano -en especial el neo-mexicanismo- y latinoamericano de los años setenta, ochenta y noventa, principalmente.

Al final, me titulé con una mezcla entre lo práctico, una muestra, y lo teórico, todo el proceso de realización, de la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, de la cual en otra ocasión contaré al respecto, pero que justamente logré ocupar muchas de las herramientas que había leído en esos proyectos que había trabajado antes: la idea de nacionalismo, el trabajo con instalaciones de sitio específico y exposiciones con enfoque lationamericano. Ese viaje me tomó poco más de tres años realizarlo, el proceso fue de amor-odio. Estoy muy agradecida de que durante ese trayecto pude acceder a muchas herramientas que me han sido fundamentales para entender mi práctica hoy en día, y obviamente que tuve la oportunidad de tres rondas de bateo antes de dar mi jonrón, del cual realmente estoy muy orgullosa y que disfruté plenamente durante mi examen profesional -aunque haya mencionado una mala palabra en tres ocasiones diferentes-. Esto me permitió que en la Maestría pudiera enfocarme en un solo tema y poder ver las consecuencias teóricas y prácticas en su momento.

No es un camino sencillo, y cada persona tiene que encontrar su propio ritmo, no es simplemente un requisito, es el inicio de una guía de la vida profesional: un proceso de autorrealización –ya que no es nada sencillo-, de cuidado y de compromiso, que marca el comienzo de la vida adulta con la seguridad de una red que te protege como es la Universidad.

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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