Centro Público

La Gran Familia que es el Gobierno

Hay muchas cosas que no entiendo en este mundo lleno de basura, pobreza, ratas, gatos y gente mala muy mala que no entiende, siquiera, por qué merece ser castigada. Y, lamentablemente, una de estas cosas es el casoLa Gran Familia, junto con todo lo que eso implica: por qué, cómo y cuándo… además, claro, tampoco entiendo al Gobierno que, “revisando estos focos rojos”, quiere, de pronto, ser la mamá de los pollitos.

Y es que, como el metiche y chismoso que soy, me puse a buscar en el ¡oh-dios-omnisciente-Google!, todas las noticias posibles sobre ese caso que ha invadido medios, conciencias y sentimientos; pero, ¿saben qué encontré?: nada. Los medios sólo parlotean como gallinas culecas sobre lo bueno o lo malo que sucedió ahí; pero, lamentablemente, ninguno de ellos informa nada más: ¿por qué jotas, de la nada, se envió a cientos de soldados, policías y pleiteros?

¿Por qué el ojo sauronesco de papá-gobierno se posó, de pronto, sobre un lugar perdido de la mano de Dios –y sí, le estoy diciendo a Zamora, Michoacán, eso con todas las letras-? y, de la nada, se dio a la tarea de “rescatar” a un número ingente de personas que, al parecer, eran invisibles o jugaron muy bien a las escondidillas durante muchos, muchos años? Lo digo porque, ¡seamos sinceros!, cerca de 600 personas no son fáciles de esconder… eso, claro, a menos que no le importen a nadie.

Porque, lectores de carne y hueso, sincérense con ustedes mismos: cuando ustedes van por una avenida linda como Reforma o Madero, con sus té chai comprados en Starbucks o Cielito –dependiendo lo hipsters que sean-; con un par de bolsas de Palacio o Sears; platicando con sus amigos, su novia o su mejor-es-nada, ¿se percatan de la gente sucia y pobre que mendiga, estirando sus manos mugrientas? ¡Sí, lo hacen es porque apestan!; pero, como son gente buena y comprensiva, prefieren hacer como que no existen… porque es mejor no molestarlos con problemas de primer mundo y dejarlos tan silvestres y felices como a los perros callejeros que son.

Y eso mismo papá-gobierno hizo y hace, al parecer, no sólo con los menos afortunados -¡maldita expresión vacía!- sino con todos aquellos que, incautos, esperan tras las enormes filas burocráticas que, materiales o no, conforman las redes pegajosas de la araña. ¿No me creen?: ¡anden a pedir una cita a cualquier oficina del purgatorio en la tierra, alias S.A.T, y cuéntenme cómo les fue!

¿Quieren aún más pruebas?: ¡déjense asaltar un día y luego vayan al Ministerio Público más cercano… salúdenme al panzón de José y pregúntenle cómo va mi denuncia de hace medio año! Luego, ya ustedes espérense unas cuatro horas para ver si pueden tomarles su declaración; o si el señor invisible, delante de ustedes, ayudará al secretario inexistente a contratar a un redactor que sepa algo de sintaxis.

¿No les bastan esas pruebas? ¡Vayamos al punto que nos interesa entonces!: ¡los niños! — sí, ¡cómo no!— Todos aquellos matrimonios infértiles, compártanos su experiencia: ¿qué se siente pasar todas las pruebas inútiles, absurdas y reiterativas que pone el sistema mexicano de adopción para, cuando por fin tendrán al hijo que tanto han deseado, les respondan que o se acabó el lote fresco o ni siquiera hay mercancía?

¡Papá-gobierno y mamá-patria tienen la atención del ratón Pinky; por eso necesitan siempre de los dioses burocráticos para recordarles eternamente lo que eternamente olvidan! Y eso, queridos, todos sabemos que los hace unos padres ineptos; y, a los padres ineptos, no se les pueden confiar ni los hijos propios ni los extraños. ¿De verdad queremos en esas manos a los niños y adolescentes huérfanos?

Aún más, ¡deja de lado, lector, a los huérfanos! ¿Qué tal a todos aquellos que sus padres naturales no supieron educar y se convirtieron en ladrones, rateros, drogadictos, alcohólicos o, peor, asesinos? ¡Que las tiernas mieles de la infancia y la efervescencia eléctrica de la pubertad no te engañen!: ¡los niños y los pubertos pueden llegar a ser mucho más crueles que un adulto, justamente porque aún son bestias que necesitan ser educadas!

¿En verdad quieres a una horda callejera en las entrañas de instituciones como el DIF que delegan sus propias funciones a institutos más pequeños o a consultorías privadas? ¡Valdría lo mismo dejarlos libres por las calles para que hagan los desmanes necesarios! Pero, ¡claro! ¡Al mexicano, tanto como al indio, le gusta presumir de lo que no tiene y de lo que no sabe… por eso es mejor lavar los trapos sucios en casa… aún cuando la lavadora esté rota y el lavadero gastado!

Por si no entendiste, lo que digo es esto: no existe un sistema mexicano exclusivo para la protección de los niños y adolescentes; tienes al DIF, sí, pero esa siempre ha sido una bolsa mágica que lleva la Primera Dama en turno; y hace las veces de una institución caritativa del siglo XIX en la que las damas de la alta sociedad podían ayudar a los “necesitados”: niños, ancianos, inválidos o enfermos… daba y da igual. ¡Es el saco de buhonero donde metes lo que no puedes meter en ninguna otra parte!

¡Entra a la página del DIF y verás las fotografías de esas señoronas dando lentes a niños cegatones, firmando papeles con leyes, prescripciones y políticas que se quedan, muchas veces, en papel; dando de comer, un día de los 365 que tiene el año, a niños, ancianos y demás! ¡Siempre las verás en primer plano presidiendo todos los actos… porque a quienes atienden no importan… sino que importa la acción que ELLAS están realizando!

¿Se me está olvidando algo? ¡Claro! ¡La UNICEF y la CNDH! No voy a negar que la primera, ese hermoso organismo internacional, hace algo por el mundo: ¡pues lo hace! Pero sí negaré que realice una gran tarea en México por dos razones: en principio, no es competencia de una organización internacional meterse en los asuntos locales de un país, a menos que no haya “políticas” sobre ese asunto en concreto, lo que sí hay en México… en papel, así todas bonitas y con las firmas salidas de una pluma súper cara y de mal gusto: una Aurora, Visconty, Grayson o Mont Blanc de gama baja.

La segunda razón: sonará cruel, lo entiendo, pero los niños mexicanos no tienen tanta prioridad; ¿sufren de hambruna?: no, quienes la sufren verdaderamente son los esqueletos andantes que dicha organización se ha esforzado por engordar en África; ¿nuestros niños sufren de violencia?: no verdaderamente; quienes la sufren son los que están en las zonas de guerra de Medio Oriente y en las zonas de diamantes en África. Ellos necesitan más la ayuda y, aún en una organización humanitaria, lamentablemente, la caridad tiene poco qué hacer frente a la practicidad.

Ahora, ¿la CNDH? ¡Pido perdón por lo que diré, pero es menos escuchada que la PROFECO! ¡En realidad no tiene ningún poder legal para hacer o deshacer! Lo único que hace realmente, es aconsejar y orientar; incluso, puede de vez en  vez contratar uno que otro abogadillo para ayudar a los agraviados… repito: es prácticamente la PROFECO para los humanos.

Si no me creen, pregúntenle a ciertos humanos homosexuales, bisexuales, transexuales y todas las otras “t” que faltan; a las mujeres maltratadas, violadas y retocadas en los exámenes médicos para levantar sus actas; a los indios, de cualquier clase, rama o etnia, que miran feo en casi todas las “ciudades cosmopolitas e incluyentes” del país. ¡Seguro alguna vez un policía se propasó contigo y no pudiste más que callar y agachar la cabeza! ¡Agachón!

¡Ese, querido lector, es nuestro gobierno! El que permite que particulares ineptos lleven a cabo tareas importantes: si un gobierno local no puede delegar decentemente una construcción de un sistema de transporte, al que se atreve a ponerle la palabra “dorado” en el nombre, ¿crees que los otros o el nacional son capaces de moldear virtuosamente los cuerpos y las almas de los niños y adolescentes, rotos o completos que caigan en sus manos? ¡Nadie da lo que no tiene, te recuerdo!

Aún así, ahí es a donde van a ir a parar todos esos “rescatados” que los medios aúllan como “salvados” por papá-gobierno; no importando si las condiciones de donde los sustrajeron eran buenas o malas… Irán a la bolsa mágica donde los desconocidos permanecen desconocidos; los delincuentes lo siguen siendo y los ancianos mueren solos.

Eso sí, los alejarán de las cámaras y los recluirán una vez más; pero, ahora, en algún albergue, clínica, centro o asilo con el sello del gobierno sobre él; igual de jodido, sí, pero con un bonito velo tricolor como telón, para que nadie diga nada y todos pregonemos que mamá-patria hace su trabajo dándole a sus aguiluchos los gusanos, literalmente, en la boquita.

 

G.O.

G.O.

Nini honesto de gustos caros e ingresos nulos. Escribe con las patas, fotografía con la boca y necea con el trasero.

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