Yo, Daniel Blake (2016), no es solamente un retrato de la sociedad inglesa pre Brexit, producida en menos de 12 meses, también es una ventana a la sociedad contemporánea que se enfrenta a la pérdida del “bienestar social” a través de su burocracia y políticas de austeridad.

Hace un año exactamente ganaba la Palma de Oro del Festival de  Cannes como la mejor película del 2016, y ahora se encuentra en algunas salas comerciales mexicanas después de haber sido exhibida en la 62 ava. Muestra Internacional de Cine.

La historia es muy sencilla y empática con cualquiera que ha tenido que llevar a cabo un procedimiento burocrático: es el espejo de ese sentimiento de frustración en donde las preguntas no son resueltas; las llamadas pueden tomar horas y a final de cuentas no sirven de nada; donde la solución más sencilla para los funcionarios es llamar a los de seguridad, y la tirada es que las personas renuncien a sus derechos, ya sean de salud, de apoyo, cuando se supone que el  que paga impuestos adquiere derechos.

En un estilo ligado al realismo socialista pues en sus historias, el director Ken Loach (Inglaterra, 1936), retrata personajes conocidos por todos nosotros. Su película más reconocida fue Cathy Come Home (1966), y la censura que recibió durante el mandato de Margaret Thatcher. Aquí, un carpintero de la industria de la construcción que por cuestiones de salud pide ayuda al gobierno para sobrevivir, esa ayuda que después de años de duro trabajo y de problemas personales tiene derecho, requiere un procedimiento que tendría que ser de rutina, pero se convierte en un verdadero dolor de cabeza. De una forma sencilla y limpia, el director nos cuenta la historia de Daniel Blake, en ella sentimos su frustración que desencadena la incompetencia gubernamental ante sus ciudadanos, el analfabetismo tecnológico de algunas generaciones, y la idea de que el control de nuestras vidas es una cuestión de actitud individual ante la vida y no el hecho de que ante ocho puestos de trabajo hay más de 1300 solicitudes.

El director la califica como una película “para aquellas personas que están luchando contra la crueldad de la burocracia en cualquier país”, es para aquellas personas que son más de un número de seguro social, que se han sentido humilladas por el mal-trato de los servidores públicos, básicamente es para todos los ciudadanos que en algún momento se han sentido incapaces de salir con una solución a nuestros problemas o dudas. Así, son una serie de sentimientos que por su realidad nos toman por sorpresa: miedo y la sensación de un castigo constante por medio de una humillación ante nuestros propios derechos.

La película está basada en una serie de entrevistas que llevó a cabo del guionista Paul Laverty en el Reino Unido, donde 13.5 millones de ingleses están clasificados dentro de pobreza, y donde los servicios de atención saben que también tienen que atender una tasa de suicidios que creciente ante esta frustración. Ambientada en New Castle, por tener una personalidad propia, muchos de los participantes de la película no son actores, sino en el caso del “Banco de Alimentos” son personas que trabajan en eso, y que han cuidado mucho el uso del lenguaje al apoyar a las personas que buscan su ayuda, así en lugar de dar simplemente los productos se conducen con empatía y dicen “Déjame ayudarte con tus compras” para regresar la dignidad a las personas que ayudan y están en situaciones de desesperación.

La incorporación de nuevas tecnologías con la idea de facilitar el trabajo del gobierno, incorpora aptitudes de las cuales un gran porcentaje de la población carece, mostrando una nueva forma de analfabetismo en donde el ciudadano es el culpable de no entender los procedimientos, en este caso es importante que la selección del personaje de Daniel Blake es una persona con habilidades, creativo, ingenioso, capaz de compartir de sus conocimientos, así que el uso del lápiz es una herramienta natural para él. El lápiz le permite dibujar sus retos, le permite una versatilidad y una apertura al cambio constante; así, Daniel está dispuesto a aprender, por lo que cuando le comienzan a dar instrucciones de cómo navegar, él toma las instrucciones al pie de la letra y mueve el ratón alrededor de la pantalla, en un sistema que en el cual se siente completamente extraño. Aunque la tecnología se esté moviendo a pasos acelerados, la realidad es que las personas no siempre son capaces de seguirle el paso.  Es por eso que sus dos mensajes más significativos son con su letra, es desafiante del sistema, está orgulloso de su identidad y ambos comienzan con “Yo, Daniel Blake”, no un número totalmente impersonal.

Pero al mismo tiempo es una película es sobre la sociedad y como al final de cuentas las personas son lo más importante, son las que hacen la diferencia, desde los niños y la juventud. Nos permite volver a pensar qué clase sociedad queremos construir más allá de una serie de gobiernos que quieren aclamar por la austeridad de sus programas sociales mientras en temas de corrupción desembarcan las arcas públicas y se dan escándalos que incluyen la salud de niños enfermos y quimioterapias con agua, en el caso del estado de Veracruz recientemente. Sin embargo, es justo las relaciones con las personas las que permiten crear la sensación de esperanza en que las cosas pueden mejorar, que la ayuda entre unos y otros pueden generar cambios significativos en nuestras vidas, y para ejemplo es la actitud de la pequeña Daisy (Briana Shann) que busca a Daniel y le ofrece su ayuda, así como él los ha ayudado a ellos.

Yo, Daniel Blake es un monumental llamada de atención hacia nuestros sistemas de seguridad social y un voltear a ver que muchos de los problemas van más allá de un simple “empoderamiento” superficial de cómo hacer que tu curriculum sobresalga de todos los demás.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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