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Una manera sencilla de mejorar millones de vidas: anteojos

Aunque no es considerada tan urgente como otros padecimientos de salud, los problemas de visión sin tratar cuestan 200.000 millones de dólares a la economía global cada año debido a pérdidas en la productividad, según la Organización Mundial de la Salud.

Es una crisis de salud que no salta a la vista, pero que afecta la vida cotidiana de 2500 millones de personas en el mundo, según algunos cálculos; por ello, médicos, organizaciones sin fines de lucro y empresas buscan ofrecer gafas a personas que no pueden costearlas.

Aunque no es considerada tan urgente como otros padecimientos de salud, los problemas de visión sin tratar cuestan 200.000 millones de dólares a la economía global cada año debido a pérdidas en la productividad, según la Organización Mundial de la Salud. Atul Loke para The New York Times

La vista deficiente de Shivam Kumar era manejable al principio. Para poder ver mejor el pizarrón, el adolescente de 12 años se pasó al frente del aula, pero con el tiempo las humillaciones se acumularon. Su visión, cada vez más borrosa, lo obligó a dejar de volar cometas y luego a abandonar el críquet al ser golpeado en diversas ocasiones por pelotas que ya no podía ver venir. El entrecerrar los ojos constantemente le causaba dolor de cabeza y sentía miedo cuando caminaba a casa desde la escuela. “A veces no veo una motocicleta sino hasta que la tengo casi en la cara”, dijo.

Resulta que la visión decreciente de Shivam puede arreglarse de manera notablemente sencilla. Necesita gafas. Más de mil millones de personas en todo el mundo necesitan anteojos, pero no los tienen, según investigadores, pues se trata de una afección que se ha ignorado desde hace mucho en las listas de prioridades de salud pública. Según algunos cálculos, la cifra es más cercana a los 2500 millones de personas. Incluyen a miles de conductores nigerianos miopes que luchan para ver a los peatones que corren por la carretera, así como a los productores de café de mediana edad en Bolivia cuya incapacidad para ver objetos de cerca hace que les sea difícil detectar los granos maduros para cosechar.

Luego están las decenas de millones de niños de todo el mundo como Shivam, cuyas familias no pueden pagar un examen de vista o los anteojos que les ayudarían en la escuela. “Muchos de estos niños están clasificados como de lento aprendizaje o simplemente tontos y, por lo tanto, no avanzan en la escuela”, dijo Kovin Naidoo, director global de Our Children’s Vision, una organización que proporciona lentes gratis o baratos por toda África. “Esto solo suma otro obstáculo para los países que luchan por romper el círculo de la pobreza”.

Un centro de revisión oftalmológico ambulante administrado por el Hospital Ocular Aravind, una institución para la visión sin fines de lucro, en el estado de Tamil Nadu, India Atul Loke para The New York Times
La fila afuera de la clínica ocular móvil Aravind en el estado Tamil Nadu. Más de mil millones de personas en todo el mundo no cuentan con gafas, pero las necesitan. Atul Loke for The New York Times

En una era en la que millones de personas aún mueren por enfermedades prevenibles o tratables, muchos donadores importantes dirigen su generosidad a combatir padecimientos mortales, como el sida, la malaria y la tuberculosis. En 2015, solo se gastaron 37 millones de dólares en entregar anteojos a personas de países en vías de desarrollo, menos del uno por ciento de los recursos destinados a problemas de salud global, de acuerdo con EYElliance, un grupo sin fines de lucro que trata de recaudar dinero, dirigir la atención hacia los problemas de visión no tratados y que trabaja con los gobiernos locales para distribuir lentes subsidiados en Asia y África.

Hasta ahora, el grupo ha recaudado solo unos cuantos millones de dólares, según sus organizadores. Ha conseguido anotar en su lista a Ellen Johnson Sirleaf, la expresidenta de Liberia; Elaine L. Chao, la secretaria de Transporte de Estados Unidos, y Paul Polman, el director ejecutivo de Unilever, entre otros, en un esfuerzo por catapultar el problema a las listas de objetivos de desarrollo global. Argumentan que la inversión para mejorar la vista sería redituable: la Organización Mundial de la Salud ha calculado que el problema le cuesta a la economía global más de 200.000 millones de dólares al año por pérdidas en productividad.

“La falta de acceso a la salud ocular evita que miles de millones de personas en todo el mundo exploten todo su potencial y es una enorme barrera que detiene el progreso económico y humano”, dijo Madeleine Albright, la exsecretaria de Estado de Estados Unidos, quien también es parte del grupo.

Quienes apoyan la iniciativa señalan que responder a la crisis de visión mundial no requiere la invención de nuevos medicamentos ni resolver asuntos como la distribución de vacunas refrigeradas en países con una infraestructura deficiente. Las fábricas en Tailandia, China y Filipinas pueden producir los llamados lentes para lectura por menos de 50 centavos de dólar cada par; las gafas graduadas para la miopía pueden fabricarse por 1,50 dólares.

Sin embargo, el dinero por sí solo no resolverá fácilmente los desafíos sistemáticos que enfrentan países como Uganda, donde hay solo 45 oftalmólogos para una población de 41 millones de habitantes. En las zonas rurales de India, los lentes se consideran un signo de debilidad y, en muchos lugares, un impedimento para las jóvenes casaderas. Hasta el año pasado, en Liberia no había ni una sola clínica para enfermedades oculares.

Aravind brinda 600.000 pares de gafas cada año en India y se está expandiendo al extranjero a través de socios locales. Atul Loke para The New York Times
En Panipat, al norte de Nueva Delhi, estudiantes reunidos para obtener un examen de la vista por parte de la organización sin fines de lucro VisionSpring, la cual trabaja con gobiernos locales para distribuir gafas con subsidios. Atul Loke para The New York Times

Ratan Singh, de 45 años, un comunero que hace poco obtuvo sus primeras gafas para leer, dijo que ahora ya no puede imaginar vivir sin ellas. Parado en un campo de trigo maduro, dijo que su incapacidad para ver pequeñas plagas en los tallos de sus cultivos había reducido sus cosechas. Recordó apenado la época en que rociaba el insecticida equivocado porque no podía leer la etiqueta.

“Siempre les estaba pidiendo a los demás que me ayudaran a leer, pero me estaba convirtiendo en una carga”, dijo.

Ratan Singh, un comunero en la población de Kamal, dijo que su incapacidad de ver pequeñas plagas en sus cosechas condujo a menores ganancias. Atul Loke para The New York Times

La mayoría de los adultos de más de 50 años necesitan lentes para leer —más de mil millones de personas en países en desarrollo, de acuerdo con la Agencia Internacional para la Prevención de la Ceguera—, aunque la mayoría simplemente acepta su insidiosa incapacidad.

También está la cuestión de la seguridad en los caminos. Las encuestas muestran que una cantidad preocupante de conductores en las carreteras de los países en desarrollo no tienen buena vista. Las tasas de víctimas por accidentes de tráfico son mucho más altas en los países de ingresos bajos; en África, por ejemplo, la tasa es de casi el triple que la de Europa, según la OMS.

Los expertos dicen que una cantidad significativa de las casi 200.000 muertes por accidentes de tránsito al año en India están vinculadas con una vista deficiente. En un país con una cantidad enorme de conductores, entre ellos nueve millones de camioneros, las agencias gubernamentales que gestionan las licencias están pobremente equipadas para lidiar con el problema de la pérdida de la vista, dicen los críticos.

Madumita, de 10 años, con un nuevo par de gafas otorgado por la clínica ocular Arivind. Atul Loke para The New York Times

Sightsavers, una organización británica sin fines de lucro que ha tratado la ceguera por cataratas en India desde los sesenta, ha pasado los últimos dos años intentando conseguir lentes para los conductores comerciales.


Fuente: NYTimes / Andrew Jacobs

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