El jardín de la casa no deja de tener algo de salvaje a pesar de estar muy bien arreglado, posiblemente varios jardineros se le consagran debido a su gran tamaño. Hay gatos que merodean a todas horas, inmutables ante los ojos de los visitantes, uno que otro insecto paseando a su antojo, y hasta podría asegurar la presencia de algunas voces, ininteligibles, que articulan los encinos y los cipreses -habitantes de más de medio siglo-, contando las mismas historias. Es un jardín atrapante. Empecé por orden de antigüedad porque, en sentido riguroso, los jardines han estado presentes antes que las casas y los edificios. La casa que le hace compañía a este jardín del siglo XVIII, no es menos interesante. Sus gruesas paredes, guardianas de una espesa sombra, son testigos silenciosos de diversos aconteceres. Entre las diversas anécdotas que tienen que contar está la de las últimas andanzas de Octavio Paz, su último suspiro también, puesto que fue ahí donde el poeta dio el paso definitivo a la posteridad. La tomó como residencia durante poco más de cuatro meses, desde diciembre de 1997 hasta abril de 1998.

La casa es un exquisito ejemplo de la arquitectura colonial y tiene una acentuada influencia andaluza y morisca. Un amplio e iluminado patio central es custodiado por varias columnas, quizás un poco inclinadas en su rusticidad pero con una fuerza cromática pocas veces vista. Fue declarada monumento histórico en 1932 y, como parte de sus merecidos cuidados, conserva sus colores originales. La fuerza del color me recuerda un poco a las misiones franciscanas de la Sierra Gorda queretana. La fachada, con su estilo mudéjar, remata en la puerta con las palabras: “Casa Alvarado”. En realidad estamos hablando de la Fonoteca Nacional, se llama así porque la antigua dueña, una arqueóloga estadounidense, se encargó de alimentar el mito de que el conquistador Pedro de Alvarado habitó la casa. Se trata de un anacronismo.

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La Fonoteca Nacional es un espacio dedicado a la salvaguarda del patrimonio sonoro del país, a través de la recopilación, conservación, preservación y difusión de la herencia sonora de México. Posee un acervo extraordinario en calidad y cantidad, mismo que es defendido de la humedad, los hongos acechantes, las temperaturas nocivas y también del olvido de la gente. El corazón de la Fonoteca es la Audioteca, espacio equipado con computadoras, audífonos, televisión y reproductor de DVD, en donde el público puede hacer la consulta gratuita de estos materiales sonoros. Cuenta con una diversidad de documentos muy interesantes y de un gran valor estético e histórico: por un lado se pueden escuchar grabaciones de voces de personajes importantes como Diego Rivera y Porfirio Díaz -en la que se escucha al presidente leyendo una carta que contestó a Thomás Alva Edison en 1909-. Otro núcleo temático dentro del catálogo es el de literatura y poesía, en el cual podemos escuchar a Octavio Paz, Pablo Neruda, José Emilio Pacheco, Mario Benedetti y a Jaime Sabines en su inolvidable presentación del Palacio de Bellas Artes, grabación de sobra conocida. Existen grabaciones históricas muy interesantes como un canto huichol llamando al agua de 1898, dos grabaciones del Himno Nacional, de 1901 y 1907, interesantes por los cambios en los tiempos y ritmos. Respecto a la música que puede ser consultada, identificamos tres grandes géneros: música de concierto y de cámara, en la que encontramos a compositores como Silvestre Revueltas, Carlos Chávez, Felipe Villanueva, entre muchos otros; música tradicional como sones huastecos, jarochos y danzones; y música popular como a Pedro Infante, Jorge Negrete, Agustín Lara, Gabilondo Soler y a Chava Flores con sus coplas humorísticas y fotográficas. También se pueden consultar grabaciones radiofónicas entre las que destacan algunas crónicas del terremoto de 1985, la llegada del hombre a la luna y la visita del presidente Kennedy a México. Dentro del género radiofónico, también encontramos comerciales y radioteatro. Entre los primeros hay unos muy antiguos como los de cafiaspirinas, sal de uvas Picot, Mejoral, Gansitos Marinela y Jarritos; el monge loco y apague y escuche, son buenos ejemplos de radioteatro que se puede consultar. En la colección fonográfica de la Fonoteca Nacional, encontramos no solamente las músicas y voces que han construido nuestra identidad con el paso de los siglos sino las de nuestras calles, los atardeceres en los malecones, los tañidos apresurados de las campanas de las iglesias, el bullicio de los niños en una plaza de domingo, haciendo de sus voces una sola canción, así como el ruido de los insectos al caer la noche. Esas músicas cotidianas han sido grabadas en tres discos titulados “Paisajes sonoros” dedicados a los Estados de Oaxaca, San Luis Potosí y Veracruz.

Otro gran esfuerzo, muy acertado que hace la Fonoteca por difundir la música y el sonido, es la organización de conciertos de sobrada calidad como el último al que asistí de los hermanos Salmerón, compositores y músicos de gustos, sones, pasodobles, danzones, corriditas y valses de Guerrero, Tierra Caliente. Música pura la llamo yo, música hecha no con la intención única o expresa, de vender, sino de hacer música por amor a la misma, se trata de música genuina. El concierto se llenó de vida, de esencia del pueblo guerrerense, de ropas tradicionales y zapateados que desbordaron la sala de conciertos en el formalismo de sus sillas bien acomodadas para ir a prender la noche en una verbena popular a mitad de patio, causando algarabía y poniendo a todos a bailar, tal como sucede en los pueblos del interior de nuestro país. Toda esa magia la hace posible la Fonoteca Nacional y la maestría de los músicos invitados.

La tarea de difusión musical y de su acervo es evidente, palpable, no tanto así la labor de preservación de los archivos sonoros, precisamente porque el campo de batalla es una sección que, por seguridad de los materiales, no está abierta al público. La Fonoteca destina espacio físico bajo las mejores condiciones de temperatura y luz para poder conservar lo mejor posible, y por la mayor cantidad de años, el soporte original. La labor de preservación implica, en primer lugar, el diagnóstico del material por preservar, por el cual se analiza el nivel de deterioro de una cinta para determinar si entra directo a bóveda o estará en estado de cuarenta; en segundo lugar el inventario, por el cual se contabiliza, registra y se da una primera descripción del material; en tercer lugar la conservación, mismo que implica el acomodo de los materiales en las mejores condiciones posibles para su durabilidad; en cuarto lugar la digitalización, gracias a la cual se hacen dos copias digitales de la cinta análoga y por último, la catalogación, dando descripción física y del contenido de la cinta.

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La labor es complicada y exige amplio conocimiento de diversas materias como la archivonomía; los pormenores técnicos y científicos para la conservación; la selección del material sonoro candidato a ser conservado y difundido, discriminación basada de manera rigurosa sobre bases teóricas, musicológicas, historiográficas; un profundo conocimiento de los límites y alcances jurídicos que implican la difusión musical; así como la búsqueda de mecanismos eficaces no sólo para la difusión en sí del patrimonio sonoro de México, vasto y exquisito como pocos, sino la educación a favor de una cultura del sonido. Por esto último, es que también organizan talleres para niños y adultos, siendo los primeros altamente demandados en periodos vacacionales y ambos ampliamente recomendados. Esas actividades exigen pues, conocimiento preciso, certero, y debemos considerar que los factores a favor y en contra de esas tareas evolucionan con velocidad, en parte también por el vertiginoso ritmo del cambio técnico y científico.

Entre otras actividades que organiza la Fonoteca recomiendo las caminatas sonoras, excursiones destinas a escuchar los sonidos de un lugar para apreciarlos como si nunca los hubiéramos escuchado y las Rodadas Sonoras, con un concepto similar pero en bicicleta. Debido a la proximidad y a la importancia del evento, recuerdo que México tendrá la fortuna de ser anfitrión del Sexto Seminario Internacional de Archivos Sonoros y Audiovisuales del 23 al 27 de junio –esta columna verá luz un día después, así que tienen un día menos para asistir-, en donde se reunirán expertos de Austria, Bélgica, Chile, Ecuador, España, Estados Unidos, Suiza y México para compartir experiencias y sumar sus respectivos conocimientos en la materia y así lograr un mejor desempeño ante los retos, obstáculos y oportunidades que ofrece el mundo del sonido. El seminario ofrecerá diversos talleres de gran contenido, es adecuado para todo público interesado y podrá seguirse de manera presencial o a través de la página web de la Fonoteca Nacional. www.fonotecanacional.gob.mx

Los esfuerzos que demanda esta emocionante y bella labor de preservación de la herencia sonora de México están puestos, sólo falta que el público la disfrute.

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