Hace muchos años, a la vuelta de donde se encontraba El Caballito (en la confluencia de Reforma, Bucareli, Rosales y avenida Juárez) funcionaba un local de teatro universitario; allí fui a presenciar una obra de Aristófanes titulada “La Paz” y no se me olvida una parte en la que varios actores recorrían el escenario con una taza de café en la mano diciendo incesantemente: la paz, la paz, la paz, la paz…

Lo anterior viene a mi memoria ahora que por todos lados escucho: unión, unión, unión, unión…

Las preguntas  obligadas son: ¿para qué? y ¿cómo?

Si tuviéramos que utilizar nuestro lenguaje pri-cámbrico, la respuesta sería muy fácil: ¡en torno al señor Presidente. Pero ocurre que en esta ocasión el asunto va bastante más allá y la búsqueda rebasa lo que se aprecia a primera vista, que son las amenazas que vienen del norte, pues las dolencias internas no son pocas y son graves. Lo cual constituye una complicada confluencia.

En procura de una visión amplia acerca de lo que nos urge poner en práctica para conjugar el rechazo a lo externo y recomponer lo interno, hice caso a la recomendación de revisar el documento titulado “En defensa del interés nacional ante la coyuntura crítica, ¿qué hacer?”, elaborado por el Grupo Nuevo Curso de Desarrollo (GNCDE) de la UNAM. Lo que sigue es mi registro.

Los planteamientos

(Advertencia: los conceptos del Grupo, recogidos en el presente texto, de la manera más sintética que pude, no coinciden necesariamente con la estructura del documento, mismo que carece de un orden riguroso, pues sus elementos y propuestas van y vienen, dando lugar a reiteraciones. Lo anterior resulta comprensible dado el sentido de oportunidad con el que tuvo que ser elaborado. En todo caso, los planteamientos del GNCDE se consignan entrecomillados.)

El 18 de enero, dos días antes del cambio presidencial en los EUA, el GNCDE convocó a un seminario y produjo un documento con sentido previsor, en el que además de alertar acerca de las acechanzas de Trump, el Grupo reiteraba su recomendación de “colocar a la nación en un nuevo curso de desarrollo —menos vulnerable y dependiente, más sostenible, equitativo y compartido”, en el que viene insistiendo desde su creación en febrero de 2010.

La primera parte del documento, con una extensión de 20 cuartillas, contiene, en lo esencial, un diagnóstico que tiene la virtud de ubicar a México en el contexto mundial, señalando que el mundo puede estar al final de un ciclo, toda vez que “el modelo de globalización adoptado, que ha provocado un muy desequilibrado reparto de los beneficios, al favorecer a grandes consorcios en detrimento de amplios segmentos de empresas y trabajadores; por la creciente automatización y la erosión de las organizaciones sindicales; por el retiro progresivo de las redes de protección social asociadas al concepto de Estado de bienestar…”

Como  derivación de lo expresado por Trump en su campaña, el GNCDE advertía acerca de sus actitudes negativas en temas como la migración, el multilateralismo y la cooperación para hacer frente al cambio climático el multilateralismo, con serios riesgos para la paz y seguridad globales.

A partir de lo cual el Grupo concluía: “Todo lo anterior configura una coyuntura global que algunos han considerado el fin de un ciclo —asociado a la liberalización del comercio y las finanzas internacionales, a la desregulación generalizada y al abandono progresivo de las responsabilidades del Estado— es decir, del ocaso de la globalización así entendida”.

Me llama la atención que el párrafo anterior se refiera a “algunos”, ¿es decir otros? ¿ellos no? y que se hable de la “globalización así entendida”, pues esa expresión también podría poner en boca de otros la conceptualización del asunto.

Pero, problemas de redacción aparte, el GNCDE amplía su visión y sostiene la “necesidad urgente de definir una nueva agenda de desarrollo, que deje atrás la infructuosa búsqueda del crecimiento liderado por las exportaciones… El fracaso de esta estrategia ha sido evidente por largo tiempo, con la economía mexicana sumida por decenios en una trampa de lento crecimiento”.

En lo que puede considerarse como parte del diagnóstico, el Grupo afirma que a la coyuntura internacional “deben agregarse otros factores desfavorables de origen interno. En especial, la aguda caída de la producción de petróleo…que provocó (a su vez) una caída de los ingresos fiscales petroleros de casi cinco puntos del PIB entre 2012 y 2016”, agregando que “la inversión fija y la producción industrial muestran escaso dinamismo o franco retroceso desde mediados de 2014”.

A partir de los elementos antes consignados y de otros más que aporta a lo largo del documento, el GNCDE plantea la urgencia de qué hacer “ante este panorama crítico” y propone, textualmente:

  • diseñar un programa de emergencia de apoyo al empleo, orientado a las regiones y segmentos de la población que probablemente se vean más afectadas por el choque externo que ya se resiente;
  • lanzar un programa de inversión pública para mejorar y ampliar la infraestructura en las regiones más atrasadas del país, complementado con apoyos financieros oportunos y significativos de la banca de desarrollo;
  • renovar el pacto fiscal de la nación: hay que elevar los ingresos y reorientar y hacer más eficiente el gasto público, con criterios de progresividad, transparencia y rendición de cuentas;
  • otorgar prioridad al mercado interno como motor fundamental del crecimiento de largo plazo;
  • colocar al combate a la desigualdad como preocupación central de la agenda macroeconómica;
  • trabajar de manera coordinada con sectores interesados de ambos países (México y EUA) para mantener el flujo de inversión directa, evitar el cierre de plantas y la pérdida de empleos en (el nuestro);
  • adopción de programas de empleo de emergencia en las regiones más afectadas (por la absorción de los repatriados). Se requiere también una reasignación del gasto público, principalmente en infraestructura en obras de alto contenido de mano de obra;
  • En caso de renegociación (del TLCAN), se requiere asumir posiciones propositivas, en función de los intereses nacionales, y no de simple reacción. El gobierno, con la participación de los sectores productivos, la academia y las organizaciones sociales, debería presentar propuestas en aquellos temas en que, a raíz de la experiencia de veinte años, deben ser mejorados;
  • Una respuesta nacional efectiva a los desafíos que la administración Trump plantea a México—más allá de los relacionados con las cuestiones económicas, en los que se ha concentrado esta nota— alude a la política exterior y las acciones internacionales de la nación y, aún más ampliamente, al ejercicio político, a los procesos de adopción de decisiones y a la forma de gobierno. Requiere de instrumentos nuevos y renovados que faciliten y configuren los consensos necesarios, como un Consejo Económico y Social, que ha sido propuesto por este Grupo desde el inicio de sus trabajos;
  • La exigencia social generalizada de poner coto a la corrupción es tarea insoslayable;
  • Las diversas acciones por definir e instrumentar reclaman, además, formas y vehículos reales de interlocución de los actores sociales y los poderes públicos, en los diversos órdenes de gobierno, y una más plena asunción de responsabilidades por todos: gobernantes, legisladores, jueces y gobernados;
  • El gran telón de fondo que dota de sentido y propósito común a esfuerzos en ocasiones desconectados en el tiempo y circunscritos a ámbitos limitados es, desde luego, la plena vigencia del imperio de la ley, del Estado de derecho.

El Grupo hizo claro que los planteamientos previos exigen, “en la práctica, cambios importantes en cuatro áreas de la política económica, muy interrelacionadas entre sí:

  1. Política de desarrollo productivo, que incluye cambios en la política cambiaria y de financiamiento;
  2. Políticas redistributivas, con énfasis en empleo y salarios;
  3. Política fiscal, para influir tanto en el nivel y composición del ingreso y el gasto públicos, como en las estrategias de financiamiento, y
  4. Adecuación del marco institucional para el diseño y planificación de las nuevas políticas, así como su ejecución y evaluación”.

Por último, en mi análisis del documento, identifico lo que el Grupo denomina dos horizontes temporales: “Uno es el de la emergencia, para aminorar el riesgo y el impacto negativo sobre las poblaciones más vulnerables del país de algunas de las acciones proteccionistas, de desviación de inversiones y de restricción migratoria que se anuncian. El segundo, de más largo alcance, presupone construir pronto los consensos políticos para poner en marcha una nueva agenda de desarrollo en la que la igualdad y el robustecimiento del mercado interno tengan la mayor prelación”.

Sobre lo expresado en relación con este segundo horizonte, en el que asoma el tema de la unidad, pretendo hacer algunas consideraciones más adelante.

Antes, no puedo dejar de consignar la convicción del GNCDE acerca de la reacción oficial hasta ese momento. Al respecto, el documento dice: “Se aceptaron, como fait accompli, tanto la propuesta de renegociar el TLCAN como la de construir un muro a lo largo de la frontera sur de Estados Unidos”. Es decir, para el Grupo estos asuntos eran cosa juzgada.

También considera poco representativo y sin posibilidades de eficacia el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y Protección de la Economía Familiar, impulsado por el gobierno federal después de que se resintieran en la práctica los impactos de los anuncios de cancelación de inversiones en México por parte de empresas automotrices estadounidenses.

Comentarios

Una primera observación es la extensión del documento, la cual corresponde a nuestra tradición de prolijidad y lo hace muy poco atractivo para quienes pueden estar interesados en informarse e incluso aportar. Un esfuerzo de mayor sistematización y síntesis del documento me parece urgente, sobre todo a la luz de las dos primeras semanas del mandato de Trump.

Otro aspecto que llama mi atención es la falta de los cómo. Es decir, una puntualización sobre la viabilidad de concretar sus propuestas, que suenan sensatas como planteamientos generales, pero que en la mayoría de los casos requieren de decisiones que deben ser planteadas y aprobadas por el poder legislativo, haciéndose obligatorias para el ejecutivo.

Al respecto, es interesante recordar que, en abril de 2013, al fijar su posición ante el Plan Nacional de Desarrollo 2013 – 2018, el GNCDE propuso: “…que los poderes Ejecutivo y Legislativo convoquen a la formación de un Consejo Económico y Social, como mecanismo no partidista, de diálogo y consulta social obligada… integrado por expertos de instituciones académicas y centros de investigación o de estudios estratégicos, representantes empresariales y sindicales, y grupos organizados de la sociedad civil, con el fin de afianzar el apoyo ciudadano a reformas y acciones sobre temas macroeconómicos, hacendarios, energéticos, de política industrial o de carácter social…”

“No se trata –sostuvo en ese momento el Grupo- de crear otro órgano burocrático sino de abrir un espacio social que ventile decisiones hasta ahora cerradas en círculos reducidos de los poderes públicos. Permitiría la apertura de mecanismos de diálogo social y nacional, a fin de abordar temas que aseguren el apoyo público a reformas de significación y al escrutinio de sus resultados”.

Entre las sugerencias del GNCDE destacaba “que el nuevo Plan y sus programas incorporen, de manera transversal, las dimensiones de juventud y género para que todas las políticas públicas fijen metas concretas en torno a estos temas sociales, así como las dimensiones territoriales del desarrollo y los criterios de sustentabilidad ambiental y de desarrollo regional”

Pues bien, a lo largo de casi cuatro años de su existencia, el Grupo no ha encontrado eco para hacer realidad sus ideas de incorporar en las tareas de análisis a expertos de instituciones académicas y centros de investigación o de estudios estratégicos, representantes empresariales y sindicales, y grupos organizados de la sociedad civil.

Como se admite en el documento, éste está concentrado en las cuestiones económicas que se vislumbraban ante la llegada de Trump. No podría ser de otra manera, toda vez que 19 de los 21 integrantes del Grupo son economistas, aunque dos de ellos empezaron en otras profesiones.

A lo anterior hay que agregar la ausencia de expertos de instituciones académicas y centros de investigación o de estudios estratégicos, de representantes empresariales y sindicales, y de grupos organizados de la sociedad civil.

Tampoco le fue posible al GNCDE hacer realidad en sus tareas sus ideales relativos a las dimensiones de juventud y género, pues el promedio de las edades de 17 de sus integrantes es de 69 años y un cuatrimestre (de los otros 4 no fue posible obtener el dato), y sólo aparece una mujer como miembro del GNCDE.

No se trata de aspectos anecdóticos, ni menos ganas de joder (como dijo el clásico), pero creo que el aporte de otras visiones provenientes de sectores diversos de nuestra sociedad, a escala nacional, puede enriquecer el valioso trabajo de un Grupo que reúne a personas con una sólida preparación y, en la mayoría de los casos, con experiencia de gobierno, lo que le permitiría actuar como un factor de avanzada en los complicados tiempos que estamos viviendo.

Un último apunte se relaciona con el hecho de que la llegada de Trump y sus propósitos coinciden con una grave situación política y social interna, acerca de la cual el documento no hace sino lo que yo considero referencias casi tangenciales en la parte de sus propuestas. Si no se tiene en cuenta esta confluencia, las soluciones a la actual problemática nacional, considerando el ingrediente externo, se antojan lejanas.

El documento completo, así como la información acerca de los integrantes del GNCDE, aparecen en http://www.nuevocursodedesarrollo.unam.mx/

Colofón:

Hoy tuve conocimiento de “Vibra México”, que se presenta como una convocatoria de organizaciones de la sociedad civil, instituciones educativas y asociaciones empresariales a participar en la “Marcha ciudadana por el respeto a México”, el próximo domingo en todas las plazas centrales del país.

Se trata, desde luego, de un llamado más a la unidad, pero en el listado de sus propósitos llama mi atención el siguiente: “exigir al gobierno de México evitar la simulación y asumir acciones concretas e inmediatas para combatir la pobreza, la desigualdad, la corrupción y la impunidad”. Lo cual recoge –al menos parcialmente- el registro de la confluencia a la que me refería poco antes.

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