De nueva cuenta la daga del recorte presupuestal cayó sobre la economía del país y a su paso produjo cancelación de obras y proyectos, así como una reducción de las expectativas de crecimiento y desarrollo económicos.

Las condiciones internacionales han obligado a casi todas las naciones del mundo occidental a adoptar una mayor austeridad en la aplicación del gasto público junto a otras medidas restrictivas. Quien más, quien menos, al parecer nadie se ha salvado de esta ola mundial de decrementos en ingresos y recursos, ya se trate por la caída de los precios del petróleo, por la inestabilidad bursátil y financiera o, en general, por la disminución de inversiones e intercambios comerciales.

En nuestro caso, como ya se anunció, se suspendieron grandes proyectos que ni siquiera llegaron a nacer. Es el caso del tren México-Querétaro, que se suspende indefinidamente, y del Transpeninsular, que al parecer se cancela de plano, con todo y que ambas obras ya tenían el sello de convertirse en iconos del actual sexenio, además de que acarrearían importantes beneficios para la población. Pero también habrá recortes presupuestales generalizados, en especial a dependencias tan prioritarias como Pemex o la Comisión Federal de Electricidad.

Y si bien los cambios fueron adecuados –es decir, necesarios– dada la realidad económica de nuestros días, hay que reconocer también que revelan una serie de deficiencias y omisiones que arrastra México, al menos desde hace un par de décadas. Así, por ejemplo, desde hace muchos años se ha venido insistiendo en que debemos diversificar nuestros mercados y no sólo depender del petróleo, recurso no renovable que debió apalancar nuestra planta industrial. A la vez, se ha hecho notar la necesidad imperiosa de abrirnos más al mundo para depender menos de la economía estadounidense, sin mengua de nuestros intercambios con la todavía mayor potencia del mundo. Igualmente, se ha demostrado la necesidad de ampliar y fortalecer el mercado interno frente al de las exportaciones, equilibrando en alguna medida nuestra balanza financiera-comercial.

Sin embargo, distamos mucho de haber alcanzado esas grandes metas nacionales y por eso el anuncio de hace unos días debería ser una voz de alarma a fin de prepararnos para afrontar los retos ineludibles de nuestro presente y del futuro nacional.

Aún no sabemos cómo se reconformará el Presupuesto de Egresos de la Federación, ni si se instrumentará un programa especial para atenuar la crisis, asuntos ambos de la más elevada trascendencia.

Sería, entonces, necesario –y hasta urgente– reaccionar y corregir a tiempo en lugar de endeudar más al país, como se está intentando. En cualquier caso, no bastará con ser austeros; será imprescindible actuar con audacia y respaldar con eficiencia nuestro destino, ahora mismo, en consonancia absoluta con las dolorosas medidas que se anunciaron el viernes 30 de enero.

Sobre el autor

Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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