Las festividades de la patrona de Madrid, Santa María, la Real de la Almudena, comenzaron hoy y terminan el lunes. Desde luego que sí existe quien cree en Dios y no cree en la virgen, ¿por qué no podría ser al revés? Entre la Almudena y yo existe una relación no sé si de fe pero sí de abandono que se parece mucho al amor. Reyes no fue religioso, de hecho, en su infancia recuerda que se negaba a recibir la primera comunión porque era, en sus infantiles palabras, “un libre pensador”. Sin embargo, cada viajero tiene sus ritos y yo no puedo venir a Madrid y no comenzar el viaje sin pasar primero por ir a saludar a la Almudena, que ya se ve, está ahora de fiesta. Es también una forma de enviar mi cariño a mi hija. En el camino, a resultas de la marcha de protesta por la violencia de género, me encuentro una ciudad plagada de banderas republicanas; aunque aparentemente no exista relación alguna entre la igualdad de género y el régimen republicano, lo cierto es que la corta vida de la II República Española, significó el mayor acercamiento a la equidad de género en la historia española hasta la vuelta de la democracia. Por cierto, que en la Casa del Libro de Madrid, me he encontrado ya la historia de la Guerra Civil contada para jóvenes y niños que acaba de publicar Arturo Pérez-Reverte; un libro peculiar, excelentemente editado y bien ilustrado que liquida cuentas históricas y que nos permite asumirnos de cuerpo entero frente a un fenómeno de esa naturaleza en el que el rencor, la memoria insatisfecha y la violencia están siempre presentes. Lo que me resulta interesante es que igual que en tiempos de don Alfonso, hay que venir o encargar a España libros que no llegan a tiempo o no llegarán a México; claro, la internet es un recurso aunque no tan grato como la visita a las librerías. Reyes, en su tiempo, visitaba “la librería del Caballero de Gracia, que los aficionados llamamos “Los Alemancitos”, que ya no existe y que estaba por Castellana. Madrid es una ciudad plena de librerías y hoy mismo, mientras husmeaba en los libreros para encontrar algunas novedades, me encontré con la gratísima coincidencia de un grupo de adolescentes discutiendo sobre no sé qué autor de moda en la ciudad con novelas de misterio y que a decir de una de ellas, que habría vuelto loco al viejo don Alfonso, decía, que el autor tenía un enorme sex-appeal; es verdad que los españoles se quejan de sus sistemas educativos y, sin embargo, los noto, sobre todo entre los más jóvenes como ávidos lectores que siguen, igual que hace cien años, discutiendo y platicando sobre sus autores como si de actores de la vida cotidiana se trataran. Camino de la Almudena, hemos pasado por Lhardi, restaurante de tradición sin duda, en el que los desayunos a base de un chocolate tan espeso que un grado más lo haría un plato de ternera, y churros, es famoso en todo el mundo; en ese restaurante fue despedido Alonso Reyes al final de su misión diplomática, camino ya de Francia. Entonces pienso que están por echar abajo el teatro Blanquita de la Ciudad de México, así es como las ciudades pierden su memoria y me imagino a un hipotético visitante en 2055 tratando de revivir los pasos de Neruda en la ciudad de México, menudo problema por hallar agujas en el pajar que hemos hecho de nuestra ciudad. Rematamos el día, ya vencidos por el cansancio en el Círculo de Bellas Artes. Hay que dormir, mañana temprano tenemos una cita con algunos de los cuadros favoritos de Alfonso Reyes en el Museo del Prado; disfrutamos de un atardecer hermoso y plácido y veo por qué Reyes escribió algo así: Madrid que cambias luces con las horas: Madrid, nerviosa exhalación de vidas: con ímpetu de lágrimas golosas interrogo la cara de tus días.

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