Centro Público

Transición sobre ruedas

Un huracán sobre ruedas que transporta a millones de un lugar a otro, una experiencia que tienen que vivir los ciudadanos de México y Bogotá, dos ciudades, dos países varias similitudes, algunas bellas y otras no tanto, empecemos con una de las fichas negras, con esto y en primer lugar me refiero al caos del transporte público.

Aquel contraste entre 3,175 km o 1,973 millas aéreos, y 1,639 kilómetros vía terrestre que separan a estos dos países, nos diferencian en algunas cosas, pero en nivel de transporte público simbolizan la mala repartición de los recursos y las deficientes políticas públicas.

Se me viene un recuerdo de la infancia de aquella película que en medio de olores a flores, personas peculiares y todo un viaje creado por la imaginación de una pequeña niña llamada Alicia, hace pensar que la realidad podría llegar a ser divertida, tierna y fascinante, pero como un huracán despiertas de aquel sueño y dejas de estar inmerso en aquel país de las maravillas, que con olores apestosos te da la bienvenida con personajes que en medio de los suburbios algunos dejan su cultura y educación en sus hogares, como si fuera un saco que olvidaran ponerse diariamente.

No todos los usuarios son iguales y es que si no hay más mecanismos para dirigirnos a nuestros destinos solo queda entrar en medio de vagones, compartir y acostumbrarse a un servicio que, aunque es veloz y nos lleva por toda la ciudad, tiende a convertirse en algo caótico.

Como un sauna te da la bienvenida en los dos medios de transporte más comunes en México con el maravilloso Metro y Colombia con su famoso Transmilenio, te das cuenta que en ambos un asiento se convierte en un gran tesoro.

El primero según la infraestructura del Sistema de Transporte Colectivo (STC) no está apto para atender a los 5.5 millones de usuarios que diariamente utilizan el servicio del Metro, su servicio tiene la capacidad de 4.5 millones de personas al día esto representa un déficit de un millón aproximadamente de usuario que no da cabida en dicho servicio.

Uno de los beneficios de dicho transporte en comparación con el de Bogotá es el precio pues el metro vale 5 pesos equivalentes a 800 pesos colombianos, a diferencia del Transmilenio que cuesta 2,300 pesos equivalente en pesos mexicanos a 14 pesos casi el triple. Éste es uno de los transportes con una de las tarifas más costosas en latinoamérica.

Otra de las diferencias entre ambos transportes es la famosa zona de niñas y mujeres que tiene México. Por su gran tasa de violencia en contra de género, se hizo necesario la adaptación del vagón femenino con separación entre los hombres, pues debido a los acosos se decidió implementar dicho mecanismo.

Como segunda instancia se encuentra Transmilenio que moviliza a 2’600.000 aproximadamente por día y que genera colapso en horas pico o de más uso por los usuarios, es el medio de transporte que atraviesa la ciudad por las avenidas y calles más importantes.

Un viaje caótico que resume las malas estrategias de inversión urbana que se reflejan en el transporte público. Diferencias muy pocas pero realidades iguales, que soportan los ciudadanos que tienen que sumergirse en medio de este país de las maravillas sobre ruedas que diferencia una transición entre la expectativa y la realidad.

Alejandra Cárdenas

Alejandra Cárdenas

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