Europa, principalmente, ha sido foco de atentados terroristas basados en extremismo religioso. Dichos atentados han sido atribuidos a ISIS o a seguidores de dicho grupo, por lo que se ha desatado cierta islamofobia. Sin embargo, entrevistando a un estudiante pakistaní de maestría, puede notarse que la situación es mucho más compleja y no sólo se remonta a un conflicto religioso entre musulmanes y cristianos. El trasfondo una vez más, es político.

Tal y como mencionó el entrevistado, el conflicto del terrorismo religioso tiene bases políticas, sin embargo, la religión ha sido usada como instrumento para canalizar el descontento de ciertos grupos, llegando a extremos que incluso proclaman la creación de un califato mundial. El problema reside en generalizar y describir al conflicto como una lucha entre Occidente y Medio Oriente, entre musulmanes y cristianos. Diversos grupos musulmanes han sido y son también víctimas de las prácticas violentas de grupos tales como ISIS o los talibanes, de modo que no es una cuestión meramente religiosa, sino una vez más política. Para analizar el surgimiento del terrorismo en Medio Oriente, es importante remontarse a la intervención de Rusia y una vez más de los Estados Unidos en el área. Con la invasión a Afganistán y el fortalecimiento del grupo talibán, se generó una desestabilización geográfica que con el paso del tiempo se fue expandiendo por la región llegando a involucrar incluso a países pertenecientes a Asia, como es el caso de Pakistán, y ¿cuáles son los objetivos de dichos grupos radicales? una vez más control y posesión de recursos. Desde el punto de vista del entrevistado, la religión se ha convertido en un instrumento bastante poderoso, para lograr la consecución de objetivos políticos. Mismos musulmanes catalogan a otros como falsos musulmanes, para justificar la pelea entre los distintos grupos que quieren el poder y el control de zonas específicas. La intervención de potencias occidentales y su participación directa o indirecta en la desestabilización de la región, de cierto modo fomenta el descontento de la gente, propiciando que los grupos radicales adquieran adeptos cansados de la imposición occidental.

Sin embargo, todo el trasfondo político, es opacado por un radicalismo religioso que desemboca en islamofobia e indirectamente contribuye a que las diferencias religiosas sean motivo de intolerancia. Asociar el terrorismo al Islam no soluciona el conflicto, lo fomenta. Es necesario que el surgimiento de grupos radicales que utilizan la religión como un instrumento, sea analizado con fundamentos políticos; la intolerancia religiosa únicamente beneficia a aquellos líderes cuyo objetivo único es obtener recursos y control, sin importar el costo que esto pueda tener. El terrorismo religioso es tan sólo otro modelo de control social mediante el cual aquellos con poder pueden explotar a quienes no lo tienen.

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