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Blade Runner

¿Sueñan los androides? — Yo… he visto cosas que no creerías…

Reseña de una extraordinaria película de ciencia ficción, con elementos futuristas y una historia de amor.

Blade Runner es una película que aún hoy en día causa controversias, ya sea por su ambigüedad, su atmósfera recargada y oscura o un guión inusual para un film de ciencia ficción. La vi a inicios de los 80’s, Ridley Scott nos había presentado Alien el octavo pasajero inaugurando el terror-gótico-espacial, y ya saboreábamos su nueva película basada en un proyecto llamado Mechanismo. En la Facultad de Filosofía planeábamos la ida al cine los viernes en la Plaza Relox, desaparecida ya, cerca de San Ángel.

La película mostraba un aire oscuro, un futuro caótico y ultraglobalizado, se acuñó el término “replicante”, algo así como robots biológicos, seres humanos artificiales, creados para cumplir las tareas que los hombres ya no quieren hacer, en lugares donde se necesita una mayor mano de obra. Se dotó de una emotividad inusual a los antagonistas. Recuerdo la hipnótica y tenebrosa trama, su agobiante atmósfera, su lírico sentido de la tragedia, su nunca gratuita violencia, Harrison Ford hastiado cazador de replicantes y el romántico discurso del agónico Rutger Hauer.

Las nuevas generaciones de replicantes han empezado a desarrollar emociones y llegan a cometer crímenes contra personas, por lo que son declarados ilegales. Los Blade Runners son los ocupados de eliminarlos, uno de ellos es Deckard (Harrison Ford).

Los replicantes no se asemejaban para nada a un C3PO o a un R2D2, nada más había que ver a la atractiva Pris (Daryl Hannah). La obra trata sobre los problemas que podrían plantear la inteligencia artificial y la clonación desde la perspectiva de un detective que tenía la difícil empresa de eliminar a un grupo de androides-clones hostiles en un futurista 2019. En ese tiempo sí se hacía lejana la llegada del nuevo siglo XXI.

A pesar de que a mí me encantó la película, para algunos de mis amigos no fue buena, además la crítica la tachaba de ser lenta y demasiado compleja para su género, ello y la competencia con E.T. (con una Drew Barrymore de 7 años), estrenada sólo una semana antes, hicieron de “mi película” un estrepitoso fracaso en taquilla.

Luego la vería más veces en salas sui géneris como el cine Elektra que era del Sindicato de Electricistas, ¡ahora tan populares los del SME!. También la volví a ver en el cine que había en la Condesa -en la calle de Tamaulipas- y pasaban puras películas viejitas pero buenas. Siempre hablaba de las maravillas visuales que había en la historia del film.

No obstante, creo que con el tiempo la cinta cobró importancia abriéndose paso entre los referentes del género y como un ejemplo de clásico moderno hasta el punto de ser catalogada como la inspiradora del cyberpunk (no importa que las mangas japonesas ya lo manejaran). La película se fue modificando hasta llegar al punto en el que desapareció la voz en off por completo, algo que entorpecía mucho la trama y daba poca información válida y pecaba de explicativa.

Para mí, Blade Runner tiene una riqueza de detalles que la hace difícil de clasificar, invita a reflexionar sobre el futuro, los avances tecnológicos referentes a la clonación y la inteligencia artificial como también sobre el control de las emociones y la brevedad de la vida. Nos introduce en una atmósfera recargada y un éxtasis en las escenas en las que Deckard sobrevuela la ciudad de Los Ángeles, con el apoyo de la magistral e hipnótica banda sonora de Vangelis (después se masificaría en la cinta Carros de Fuego).

El film es oscuro, en él se respira melancolía, la obra nos lleva de la mano por un mundo más onírico que futurista. Es curioso lo que el director nos quiere comunicar entremezclando un abanico de emociones como la soledad, el amor, el miedo, la compasión y la ira, con lo volátil de nuestras vidas dentro de un contexto tan poco habitual como el de la ciencia ficción, quizás sea eso, quizás todo era una excusa para hacernos reflexionar sobre nuestras vidas.

Un punto culminante de la película es cuando un replicante llamado Nexus 6 (Rutger Hauer), un ser virtualmente idéntico al hombre pero superior a él en fuerza y agilidad, termina su periodo de vida con un diálogo sublime: “He visto cosas que no creerías. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir…”.

Hay mucha belleza y complejidad en la obra que faltan palabras al querer describirla. Sigue habiendo mucho debate y análisis sobre el film, y está catalogada como una las películas con mayor contenido filosófico.

Blade Runner fue un parteagüas existencial entre mis fantasías, mi vida estudiantil, mi vida laboral, la llegada de las computadoras y la esperanza de que el futuro sería mejor que el que nos muestra la película. La sigo viendo cada vez que tengo oportunidad, con sus finales alternativos que no dejan de asombrarme. Y me he preguntado: ¿qué es lo que más me atrajo inicialmente de la película y que es lo que me atrae hoy en día?.

Y la respuesta es… Rachel (insípida, pero guapísima Sean Young). Ella es la excusa para que comience una historia de amor cuyos integrantes, (Ford y Young), carecen de la más mínima química juntos, lo distintos que son. Es imposible creer que surja un amor entre ambos (diferente al amor de Sarah Connor y Kyle Reese en Terminator). Si la caza de los replicantes no carece de intensidad, la historia de amor es de una frialdad que asusta.

Aún recuerdo a Rachel. Ya no la he vuelto a ver. Se quedó en mis sueños. Tal vez en el que los androides sueñan con ovejas eléctricas…

José Antonio Espíndola

José Antonio Espíndola

Analista e investigador en comunicación, política y filosofía. Haré breves retratos de la realidad, de lo que normalmente no se habla, o sí?

Las opiniones expresadas en este artículo, son mi responsabilidad y no reflejan la posición de Centro Público al respecto.

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