“Toto, siento que no estamos más en Kansas. ¡Nosotros debemos
estar por encima del arco iris! Ahora, sé que no estamos en Kansas.”
Lyman Frank Baum, El maravilloso mago de Oz

La primera vez que escuché sobre Mike Disfarmer por Efraín Bernal, galerista colombiano radicado en Madrid, cuyo exquisito gusto se ha propuesto presentar proyectos, desde el 2013, con artistas memorables como Marina Abramovic, Francesca Woodman, José Antonio Suárez Londoño o Vivian Maier; o jóvenes artistas como Cristina Mejías u Olivia Bee. Curiosamente, Bernal tiene una especial sensibilidad ante la introspección de la creación artística, tanto consciente como inconsciente, es dentro de la intimidad de la producción que incluso el dibujo se ha desplegado desde la línea sencilla de Matt Mullican hasta la animación con William Kentridge; desde el agua que desvanece la imagen en la arena de Oscar Muñoz, hasta la gama de colores nostálgicos inspirados en los cuentos de Ibsen en las creaciones de Tatiana Blass, son algunos ejemplos de su última exhibición Walk the Line: Drawing Through in Contemporary Art (10-29 febrero 2016). Así, que cuando me comenzó a platicar sobre este fotógrafo radicado en una zona rural de Arkansas, que se dedicaba a retratar a los habitantes de Herber Springs por céntimos de dólar en una de las etapas más duras de Estados Unidos: desde la Gran Depresión hasta el periodo en el que se enfoca su actual exposición, de 1939 a 1946, la Segunda Guerra Mundial.

Llena de anécdotas, la exposición “Mike Disfarmer. In America: Soul of a People, 1939 – 1946”, presenta una crónica de su época a partir de retratos de sus habitantes: granjeros, amas de casa, soldados a punto de enlistarse en la guerra. En una época, cuando tomarse una fotografía era un acontecimiento para recordar fechas clave para las familias, la selección abarca desde fotos grupales, como familias, hijos, parejas hasta individuos. Disfarmer supo captar en sus rostros y actitudes, los sentimientos de una nación adolorida y, sin embargo, con esperanza. Pareciera que esta exposición es un paso anterior a la producción de Vivian Maier, la cual ya presentó el año pasado. Los contrastes de las creaciones de estos dos fotógrafos son sutiles y se pueden ampliar con la visita a la exposición en la Fundación Canal, en Madrid.

Mike Disfarmer (1884-1959), nació como Meyer, descendiente de una familia alemana, decidió cambiarse el nombre en contraposición a la tradición de considerar el apellido como parte del oficio de la familia, así que el Dis como anteposición a Farmer, es que él no se consideraba como granjero y desafía la tradición familiar al dedicarse a la fotografía. A partir de los años 30 es cuando decide enfocarse en la fotografía profesional y abre su estudio. Como una especie de acción mágica, curiosamente en el comunicado de prensa recuerda a la pequeña Dorothy de El Mago de Oz, llega a Heber Springs, elimina muchas partes de los decorados para llevarlos al mínimo: solamente un telón blanco o negro con una raya negra vertical, en donde se enfoca al retratado. Hombre de pocas palabras, sus fotografías se podrían dividir en dos: las de cuerpo completo (verticales) y las de tres cuartos (casi siempre horizontales), no los vemos de frente sino con un pequeño ángulo, lo más importante es su enfoque en una iluminación perfecta, que en ocasiones le podía tomar más de una hora obtener. Las fotografías eran impresas en el tamaño de una postal donde en algunas se encuentran anotaciones de cuándo fueron tomadas. En algún momento son tan naturales que parecen ser realizadas sin gran esfuerzo, como un encuentro graciosamente casual, alejadas del glamour que caracterizaban las fotografías de estudio en su inicio, sin embargo, como un ejercicio profesional sus últimas exposiciones se han enfocado en alejarlo de la idea de un autor amateur, para considerarlo un profesional en la búsqueda de sus imágenes perfectas.

Disfarmer era una persona excéntrica en su comunidad, tanto en su actitud como en su origen – ya que el no era de ese pueblo-, que hablaba poco, su vida es un misterio, con un éxito póstumo, si, tal y como sucedió con Vivian Maier o Francesca Woodman, ha sido por otros, que hoy en día podemos disfrutar de sus creaciones. El estudio de Disfarmer fue adquirido después de su muerte por el ingeniero Joe Albright, encontraron más de 3,000 placas, las guardó ya que tenía la idea de hacer algo con ellas después. Casi 15 años después, en 1973, cuando la editora de Modern Photography Julia Scully las publicó, quien lo había conocido por el editor Peter Miller, cuyas placas le llegaron después de pedir fotografías antiguas. Lo que más les llamo la atención fue lo directa y mesurada simplicidad, como cualidades de sus retratos.  La primera exhibición de Disfarmer se realizó en 1977 en International Center of Photography en Nueva York.

Curiosamente, Bernal nos invitó a ver su andar en la creación de esta exposición por medio de su cuenta de Instagram @BernalEspacio, con una fotografía vintage de la exposición retrospectiva que actualmente se presenta en el FOAM Museum de Ámsterdam: Disfarmer: The Vintage Prints (18 de Marzo al 5 de junio, 2016) en la que se presentan 182 fotografías vintage -algunas nunca habían sido exhibidas con anterioridad- comenzó a mostrar este nuevo mundo. Así, en colaboración con Howard Greenberg Gallery -fundada en 1981 en Nueva York- Bernal presenta 25 imágenes hasta el 4 de junio. En este camino, no sólo nos ha invitado a ver exposiciones de Disfarmer; sino a leer sus catálogos; libros relacionados con la Gran Depresión como “Las uvas de la ira” de John Steinbeck; ver recortes de periódicos de los años setenta; a escuchar la música de Bill Frisell, o ver las colección de moda para hombre en Gant por Michael Bastian del 2014. También nos mostró la invitación, el montaje de la muestra, desde que se encontraban en el suelo, hasta que ya estaban en las paredes y las fotografías que otros amigos han compartido de esta exposición. Nos invita a meternos en los detalles de sus miradas, así, estas van desde grandes ojos abiertos ante la sorpresa o el temor de este señor detrás del lente, hasta las juguetonas y divertidas, en este repertorio es que nos perdemos en otra época, incluso aunque a veces se vean borradas.

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