William es un pequeño hipopótamo azul de cerámica. Mide apenas 20 centímetros de largo por 7 de altura y 11 de ancho. William tiene casi 4000 años y en 1917 llegó a la colección del Museo Metropolitano de Nueva York. Fue encontrado en mayo de 1910 por Sayyid Pasha Khashaba (Said Bey) y tuvo varios dueños antes de que fuera regalado por el filántropo Edward S. Harkness, quien donó la colección inicial de arte ancestral de Egipto, a su hogar en la Galería 107.

William se ha convertido en la mascota, no oficial, del Museo. De primera vista vemos un hipopótamo con una personalidad amigable, hasta cierto grado juguetona cuya figura redondeada era muy popular en el Egipto de aquella época. Simbolizaba tanto aspectos positivos, como la fertilidad y el renacer, o por su comportamiento en manada, también refleja liderazgo. Es uno de los animales más peligrosos del mundo: el “Rey del río”, por su agresividad y voracidad, podía ser el mal o el caos cuando era representado junto al dios del desierto Seth. Actualmente, se conocen por lo menos unos 6 hipopotamos azules en Alemania, Suiza, Francia y Holanda, cada uno tiene su propia personalidad. Por ejemplo, el que vive en la colección de Charles Ortiz, tiene sus fauces abiertas, no tanto para ser agresivas sino como si estuviera sonriendo o, el del Louvre, que tiene mayor edad, pareciera que está reclinado para comer y sus patitas están conectadas, quien llegó a la colección después de que los egiptólogos del Museo del Cairo lo vendieran para poder crear réplicas de sus piezas más importantes y estas estuvieran en constante gira para poder difundir su legado, sin ponerlo en riesgo a finales del siglo XIX.

William está decorado con hojas y flores de loto, símbolo de la fertilidad, tiene 3 patitas falsas, tal y como el hipopótamo del Museo de Brooklyn, se cree que después que lo hicieron en ese momento le rompieron las piernas para quitarle su fuerza y que pudiera ser parte de la tumba de Senusret II de la 12ava. Dinastía del Reino Medio, en la que buscaban sus cualidades sin el problema de sus defectos, para otorgar sus poderes regenerativos.

William, obtuvo su nombre hace apenas 86 años, cuando en la revista de humor negro y sátira inglesa Punch publicó la historia del Capitán Raleigh: “William” (1931). El cuento plática la relación de una familia con una impresión a color del hipopótamo original que se encuentra en el MET, tenía un lugar privilegiado en la casa, el cuarto de dibujo donde despierta el interés de todos, con su rostro adorable que evocaba a la eternidad.

“William es inescrutable, incomprensible, y sin embargo, con todo lo más amigable del mundo” relata H.M. Raleigh. Es el oráculo de la familia ya que ni él, ni su esposa Margery, pensarían en tomar ninguna decisión importante sin consultarlo con él. Aunque no se mueve, su rostro tiene la capacidad de mostrar su desacuerdo, tal y como describe el día que se fueron de vacaciones a la playa en lugar de la campiña inglesa y toda clase de pequeños infortunios sucedieron: la pérdida de las apuestas al jugar bridge; Peter, su hijo, se cayó junto al radiador y se abrió la cabeza; a la enfermera le robaron su reloj en el cinematógrafo y, H.R. se enfermó de paperas. Cuando habían discutido las posibilidad William tenía una actitud de desacuerdo y cuando regresaron pareciera de “se los dije”.

William festeja su centenario en el Museo con un diálogo con otro pequeño hipopótamo azul, pero mucho más joven, una reciente adquisición del departamento del Ala Americana del artista Carl Walters (1883-1955) quién fuera un admirador y estudioso de la colección de Egipto, inspirado por el color turquesa de William y otras piezas cuando comenzó a visitar las salas en 1919. En 1921 logró crear el color “Walters blue” en cerámica.

William es una pequeña muestra de un tiempo mucho mayor, sus primeros 100 años en el Met no es nada comparado con el tiempo que ha existido, es una invitación a pensar en un lapso mucho más amplio, es una invitación no solamente de pensar en los ancestros sino también pensar en temas de ecología y la vida en el Nilo. Por lo que también, es una invitación a que cuando tengan la oportunidad de visitarlo puedan ver que miradas les insinúa.

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Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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