Beatrice Fihn, directora de la campaña internacional por la erradicación de las armas nucleares, ICAN, habla con la prensa en las oficina de ICAN en Ginebra, Suiza. Martial Trezzini/Keystone, via Associated Press

Desde inicios de la década de los ochenta, la posibilidad de un conflicto nuclear no parecía tan probable como ahora. La Corea del Norte de Kim Jong-un hace pruebas de misiles que pasan por las cabezas de los japoneses de la isla de Hokkaido y dice que tiene la capacidad de alcanzar el territorio continental de Estados Unidos. Trump ha dicho que caería “fuego y furia” sobre la nación asiática si no frenaban su escalada. Y aunque el enfrentamiento ha tenido sus momentos tragicómicos (Trump se burló de Jong-un llamándolo Little Rocket Man y el coreano le dijo “Viejo chocho”), la organización científica del reloj del fin del mundo ha puesto a la humanidad a dos minutos y medio del apocalipsis nuclear.

Medio minuto más que el año anterior y 16 más que en 1991.

No solo es la escalada retórica entre ambos lo que marca el riesgo, sino la enemistad entre otras dos naciones nucleares, como India y Pakistán, y la posibilidad de que Estados Unidos denuncie el tratado nuclear firmado con Irán.

Es en ese planeta que ha vuelto a los temores y amenazas de la posguerra que el parlamento noruego otorgó el Premio Nobel de la Paz a la campaña por la erradicación de las armas nucleares (ICAN, por su sigla en inglés), fundada en 2007. Su directora, la sueca Beatrice Fihn, habla sobre el frágil balance en que está el mundo y acerca de la inminencia de una tragedia si las armas nucleares no son prohibidas de forma total, algo que promueve a través de un tratado internacional que ya han firmado más de 120 países (pero ninguno de ellos tiene arsenales nucleares).

El Premio Nobel de la Paz 2017 fue otorgado a este grupo que durante décadas ha luchado por erradicar las armas nucleares en el mundo. Fabrice Coffrini/Agence France-Presse — Getty Images

El Premio Nobel de la Paz 2017 fue otorgado a este grupo que durante décadas ha luchado por erradicar las armas nucleares en el mundo. Fabrice Coffrini/Agence France-Presse — Getty Images

Aunque la mayoría de reacciones han sido favorables, hay quienes han dicho que la iniciativa de ICAN es meramente lírica. El diario inglés The Economist la llamó “una idea bonita pero sin sentido”.

No he leído lo que escribió The Economist, pero es una muestra de una reacción común. Muchos creen que el tratado no tiene sentido si no firman los superpoderes nucleares. Pero pensar eso es un error: todos los esfuerzos suman, con o sin dichos Estados. El tratado es una herramienta para que se animen a desarmarse, porque mientras más países se suman, más inaceptables son las armas nucleares. A medida que más países digan que las armas nucleares no son aceptables bajo ninguna circunstancia, estos países tendrán que entender que deben sumarse a la iniciativa.

Y, sin embargo, estamos en un nivel de tensión nuclear propio de la Guerra Fría.

Sí, es muy grave. Estoy muy preocupada. Hay dos países, Estados Unidos y Corea del Norte, que han amenazado con usar armas nucleares para aniquilar al otro, y lo han hecho de forma indiscriminada. Si lo llegan a hacer o no, ni siquiera es el punto. La tensión creciente y el peligro de que haya un accidente o un error de cálculo podría hacer que las cosas terminen muy mal. En ese sentido, lo que sucede entre Corea del Norte y Estados Unidos es un llamado de atención para el mundo entero: ya no puede dar por sentado que no habrá enfrentamientos nucleares. Mientras las armas nucleares existan, esa es la realidad. Y si las armas nucleares existen indefinidamente algún día serán usadas.

Además, hay otro par de países nucleares al borde de un conflicto: India y Pakistán. ¿Dónde es más probable que se desate un enfrentamiento atómico?

Es muy difícil decir qué países podrían cometer esta atrocidad primero. Si a lo que vemos entre Estados Unidos y Corea del Norte se le suma la tensión en Asia, entre India y Pakistán, el panorama es muy peligroso. Hay que entender algo: estas armas están apuntando a algo, están listas para ser lanzadas en cuestión de minutos en algunos casos. Aun si estos países deciden no utilizarlas, el riesgo de que haya errores o accidentes es ya demasiado grande como para no erradicar las armas nucleares. Porque ha habido muchos accidentes que nos han puesto muy cerca de la detonación de un arma nuclear.

En los años ochenta, Estados Unidos lanzó una bomba dentro de su propio territorio, en el estado de Carolina del Sur. Se les cayó de un avión y no detonó solo por los sistemas de seguridad que tenía. Y eso pasó en los Estados Unidos, donde uno se entera de lo que pasa. Pero no sabemos de los accidentes que podrían haber ocurrido en Rusia, Pakistán o China. Mientras más esperemos en acabar con las armas nucleares, más cerca estamos de que esto suceda.

¿No son las armas nucleares, como dicen sus defensores, una forma de disuadir conflictos mayores?

¿Eso qué significa? Que estamos confiando la paz a la oferta que hace un país de aniquilar a otro. Eso es lo que Corea del Norte hace: dice que está listo para disparar sus armas nucleares a Japón, Corea del Sur y Estados Unidos. El sufrimiento que eso causaría sería indescriptible, cruzaría fronteras, dañaría el medioambiente por décadas, los efectos nocivos serían padecidos por hijos y nietos de los sobrevivientes, si es que hubiera.

En este momento, Estados Unidos tiene diez submarinos nucleares patrullando el mundo. El poder de destrucción de uno de esos submarinos es 420 millones de víctimas. Eso es siete veces la cantidad de muertes que produjo la Segunda Guerra Mundial. Estamos hablando de un solo submarino nuclear. Que una sola persona pueda decidir lanzar estos misiles es demasiado riesgoso. Entonces, tener armas nucleares no es ningún método de disuasión, es la amenaza constante de producir un genocidio. Eso es algo que ya es ilegal, de acuerdo con el derecho internacional.

¿Qué consecuencias habría para los países que no son nucleares, para el resto del mundo?

Catastróficas. Primero, estarían los efectos de la detonación inicial. Y mientras más grande la bomba, más grande el radio al que podría llegar, que no se limitaría a los países en conflicto. Arrasaría con todo a su paso y se producirían tormentas de fuego que calcinarían todo lo que tocaran. De ahí vendría la primera ola de radiación que acabaría con toda las formas de vida a las que afecte. Luego los efectos a largo plazo, causados por la radiación: los niños morirían, las mujeres embarazadas tendrían abortos o sus hijos nacerían muertos. Muchas podrían nunca volver a embarazarse. Son efectos que ya se vieron en Hiroshima y Nagasaki. Si se detonasen varias bombas, las partículas de los grandes incendios subirían a la atmósfera, produciendo una capa entre la Tierra y el Sol, haciendo que las temperaturas en el planeta desciendan.

Según investigaciones recientes, incluso la detonación de una bomba atómica menor, de 15 kilogramos de uranio altamente enriquecido, como las que tienen India y Pakistán, podría hacer que las temperaturas bajen lo suficiente para que se pierda el 20 por ciento de la producción mundial de arroz y maíz. Eso causaría hambrunas y, por supuesto, los que más las sufrirían serían las comunidades más pobres del planeta. Esos efectos serían al otro lado del mundo, muy lejos del lugar del conflicto. Las consecuencias de un enfrentamiento nuclear serían realmente globales.

¿Por qué llamaste imbécil en un tuit a Donald Trump?

Ese comentario fue una broma después de que la prensa reportara que el secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, usó exactamente la misma palabra para referirse a su jefe. Pero si bien mi comentario fue una broma, la idea de usar armas nucleares es realmente estúpida. Amenazar con una guerra nuclear no es una buena estrategia; creer que eso puede darle más seguridad a tu país es falso: solo crea mayor inestabilidad y pone más cerca una tragedia humanitaria incalculable.

Volviendo a Estados Unidos y su enfoque de las relaciones internacionales desde que Donald Trump asumió el poder, ¿existe evidencia para afirmar que Irán no está cumpliendo con “el espíritu del acuerdo” firmado en 2015 para reducir su programa nuclear?

La Agencia Internacional de la Energía Atómica ha dicho que Irán está cumpliendo con su parte del trato. Los otros cinco países firmantes del acuerdo (Rusia, China, Francia, Alemania y el Reino Unido) han dicho lo mismo. No hay razón para que el gobierno estadounidense afirme que Irán no está cumpliendo con sus obligaciones.

¿De dónde viene esta actitud?

No sé, no tiene sentido. A menos que el presidente Trump tenga la intención de destruir el acuerdo para causar caos y conflicto, no tiene sentido. No puedo hablar por él o por su gobierno, sobre sus intenciones, pero sí sé que sería muy difícil lograr un mejor acuerdo con Irán. La diplomacia de armas nucleares no es como negociar construir edificios en Nueva York; se rige por otras lógicas: las de la diplomacia sobre armas nucleares. Estados Unidos debería quedarse dentro del tratado. Si lo abandona será responsable de generar una gran inestabilidad en el mundo.

Con todo esto, ¿Estados Unidos se ha convertido en un mayor riesgo nuclear para el mundo que el que era?

Sí. Es muy preocupante que Estados Unidos ofrezca destruir totalmente a otro país, que quiera aumentar su arsenal militar, que es exactamente lo contrario de lo que debería suceder. Ahora hay un riesgo muy alto de una guerra nuclear o de un accidente nuclear.


Fuente: NYTimes / José María León Cabrera

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