Cuando el economista Jim O’Neill de Goldman Sachs, hablaba de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) como potencias emergentes, no imaginábamos que cinco años después y tan solo seis cumbres de por medio, harían posible su consolidación. Por la mente de pocos rondaba la idea, que países con incontables diferencias, políticas, ideológicas, culturales y sociales, y aún menos durante el periodo más marcado de desaceleración económica, fueran capaces de equilibrar de cierta forma la balanza de poder a nivel internacional, económica y políticamente hablando.

La ciudad de Fortaleza fue testigo del nacimiento de un nuevo banco para el desarrollo de los BRICS: “New Development Bank”, que servirá de impulso de nuevos proyectos para los Estados conformantes (100,000 millones de dólares), además de un fondo de reserva para prevenir futuras crisis (100,000 millones más), con el único objetivo de hacer frente a las cuestiones que deberían competer al Fondo Monetario Internacional (FMI) y que penosa y desinteresadamente no ha atendido.

La VI cumbre de líderes de los BRICS, trajo consigo diversas conclusiones, que marcarán el rumbo a nivel global. Vladimir Putin ha logrado consolidar el poder político, del cual la Federación Rusa no gozaba desde la desintegración de la Unión Soviética, así como dar un golpe de autoridad ante la sociedad internacional, además de dar continuidad a su campaña en contra del monopolio del poder, retomando la idea de la polarización, en perspectiva menos drástica que la vivida durante la Guerra Fría, y por supuesto tener la capacidad de hacer frente a su antagonista de mitad del siglo pasado a la fecha, Estados Unidos.

La Cumbre de Fortaleza, deja para Brasil un respaldo para la probable crisis financiera que podrían traer consigo los Olímpicos de Río y un tanque gigante de oxígeno para la administración de Dilma Rousseff, ya que podrá calmar de aquí a las elecciones presidenciales de octubre a la población inconforme, dar legitimidad a su poder y garantizar un periodo mas al frente del país sudamericano.

La República Popular de China, tiene mucho que ganar y poco que perder a nivel comercial, ya que mediante este acuerdo, podrá establecer sus productos sin muchas complicaciones en Brasil, India y Sudáfrica, los cuales eran sus competidores en diversos sectores económicos y de producción. La estrecha relación política entre China y Rusia, genera tranquilidad para la administración de Xi Jinping, ya que se deslinda de cierta forma de esta parte, dejándola en manos de los rusos y centrándose en su expansión comercial.

Para India y Sudáfrica, el panorama no es tan alentador, debido a los innumerables problemas y desafíos dentro de sus fronteras, lo cual los limitará de disfrutar de la misma forma que China y Rusia del “New Development Bank (NDB)” y sus beneficios; quizá los endeude y los comprometa por largo tiempo con los poderosos del “Club”.

El grupo de los emergentes ha dado un giro al panorama mundial, saliendo del estereotipo establecido por los que controlan los organismos internacionales y generando una nueva opción para la comunidad global. Tal vez los BRICS y el New Development Bank, no amenacen o siquiera alteren el sistema neoliberal actual, pero han logrado algo sin precedentes. Quizá estamos siendo testigos del inicio de un nuevo paradigma, ¿será este el regreso a un “Mundo Polarizado”?.

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