Desde que inició la caída en el precio del petróleo y el fortalecimiento del dólar americano respecto al resto de las monedas alrededor del mundo, en especial respecto a aquellas de países emergentes incluido China, México no podía permanecer aislado a los efectos adversos de la desaceleración y del cambio de sentido de los flujos de capital. Era previsible que el ingreso de las economías emergentes disminuyera y que las aspiraciones a tasas de crecimiento superiores al 3% fueran una meta difícil de alcanzar.
Desde que Estados Unidos anunció que elevaría su tasa de interés de referencia ante una mayor tasa de crecimiento de su economía, después de casi una década de tasas bajas por la recesión derivada de la crisis financiera del 2008-2009, la reversión de capitales hacía Estados Unidos fortaleció la paridad del dólar americano y precipitó devaluaciones de las principales monedas. En México, se optó por permanecer con tasas bajas y sólo reaccionar ante los movimientos de tasas en Estados Unidos.

Pareciera que la SHCP deseaba mantener las tasas de interés bajas para estimular el crecimiento y, ante tasas de inflación en mínimos históricos, no consideraba un alza de tasas necesaria dado que podría frenar el crédito y comprometer el compromiso de tasas de crecimiento mayores al 3% como resultado de las reformas estructurales. La realidad terminaría por imponerse y demostrar que la ortodoxia monetaria es superior ante circunstancias adversas en los mercados internacionales.

Las reformas estructurales nos han salvado de una crisis profunda como la de Brasil donde el crecimiento es negativo y la inflación es superior al 10%, el modelo brasileño de explotación de hidrocarburos mostró ser insostenible ante una caída abrupta en los precios del petróleo. Recordemos como antes se citaba a Brasil como el milagro económico de Latinoamérica y ejemplo a seguir. Cuando en México está demostrando que es mejor la estabilidad y el crecimiento moderado pero sostenido, que las burbujas de crecimiento con facturas de recesión y de endeudamiento.

México incrementó su tasa de interés de referencia de 3% a 3.25% en seguimiento al aumento de tasa en los Estados Unidos, incremento evidentemente insuficiente para una economía emergente frente a un fortalecimiento sustancial del dólar. Para evitar una incremento de tasas se optó por subastas permanentes de dólares provenientes de las reservas internacionales que lo único que favorecieron fue una mayor depreciación del tipo de cambio, dado que siempre se anticipaba que existirían dólares disponibles incluso a una mayor paridad, así llegamos a un tipo de cambio que se aproximó a los 20 pesos por dólar.

Durante 2015, las finanzas públicas tuvieron un déficit fiscal que pasó del 3.1% del PIB al 3.5% y los requerimientos financieros del sector público aumentaron del 43.2% al 45.7%, las finanzas públicas se están debilitando. La reforma fiscal ha evitado un mayor debilitamiento, si bien los ingresos petroleros fueron menores en 354.3 mil millones de pesos respecto a lo presupuestado en el 2015, los ingresos presupuestales totales superaron en 242.5 mil millones de pesos a lo proyectado, monto equivalente al 1.3% del PIB, que incluye el ingreso de 107.5 mil millones por las coberturas petroleras contratadas.

Países como Chile y Colombia aumentaron sus tasas antes que México y en un monto mayor, de 3% a 3.50% y de 4.50% a 5.75% respectivamente. México tuvo que reconocer que necesitaba incrementar su tasa de referencia por lo que en días pasados sorpresivamente Banco de México abandonó el solo ser reactivo al incrementar la tasa de referencia respecto a la de Estados Unidos y la aumentó de 3.25% a 3.75%, por lo que acumulamos un alza de 75 puntos base considerando el incremento inicial de fines del 2015.

Respecto al recorte al Gasto Público por un monto equivalente al 0.7% del PIB este tendrá que ser efectivo y no se deben de descartar recortes adicionales. Recordemos que en el mes de enero del 2015 se anunció una recorte de 124 mil millones por la disminución del precio del petróleo acumulada en aquel entonces, en un año después, es necesario otro recorte ahora por 132.3 mil millones. El haber argumentado que el gasto programado para el 2016 estaba blindado no reconocía que para evitar un corte de mayor magnitud en el 2017 había que disminuir desde ahora. Ante este escenario, resulta cuestionable proyectos como la Red Compartida de Telecomunicaciones que tiene un costo de oportunidad fiscal al no licitarse el espectro que se destinará para su operación, rescatar la iniciativa de desaparecer la Secretaría de la Función Pública, fortalecer a la Auditoria Superior de la Federación y que CFE solo opere redes de transmisión y distribución dejando las actividades de generación diferentes a la hidroeléctrica y nuclear. Ahora PEMEX y CFE son entidades que están haciendo la diferencia entre el déficit de 1% del PIB a uno de 3.5%.

Las reformas estructurales han aportado estabilidad ante el entorno adverso, pero el cuidado de las finanzas públicas es fundamental. Ahora corresponde el mantener la disciplina en el gasto en el sentido del anuncio realizado por la SHCP y BANXICO el pasado día. El tratar de mantener las tasas de interés bajas solo tuvo un costo en reservas internacionales, al pasado día 12 su saldo fue de 174.4 mil millones de dólares de un máximo de 195.9 mil millones a mediados de abril del año pasado.

Todavía existen oportunidades de un menor gasto dado que existen proyectos que bien pueden ser delegados completamente al sector privado gracias a la reforma energética. No nos aferremos a que el gasto público tiene que ser el detonante en una economía de mercado, son los incentivos a los particulares lo que tienen que ser el detonante del crecimiento.

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