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Rafael Moreno Valle, el autócrata

Rafael Moreno Valle se siente exitoso, invulnerable, popular e imparable en su carrera hacia el 2018. El gobernador poblano no oculta su intención de ser “la segunda edición de Enrique Peña Nieto”. Y para lograrlo ya quiere convencer con su polémica #LeyBala a las empresas mineras, a las hidroeléctricas y a las productoras de gas shale, que ninguna protesta social frenará las inversiones privadas extranjeras.

Moreno Valle tiene adicción a la farándula y a la “donación” de millones de pesos del erario público para las televisoras. En esto copia el modelo Peña Nieto y lo supera en algunas partes. Le donó un terreno de 6.7 hectáreas a Televisa para la construcción del CRIT del Teletón que le cuesta 42.5 millones de pesos anuales al erario poblano más la “donación” de 325 millones de pesos iniciales de 2011. Le donó a TV Azteca los terrenos de la fábrica textil La Constancia Mexicana, con 81 millones de pesos de por medio destinados a la remodelación, para que ahí tuviera su sede la Orquesta Infantil Esperanza Azteca. A cambio, el sonriente sobreviviente de Elba Esther Gordillo sólo aparece mencionado en halagos en programas como Hoy o Venga la Alegría.

Mientras a Televisa le destina el 60 por ciento de su presupuesto  en imagen y a TV Azteca el 25 por ciento, reparte dinero entre los medios locales, digitales o impresos, que lo ensalzan. Persigue, ignora o coarta a quienes lo critican.

La reciente victoria de Gustavo Madero, como dirigente nacional reelecto del PAN, se la quiere adjudicar Moreno Valle. Y no pierde oportunidad de recordar públicamente y en privado que él fue su principal operador. Ahí apareció, unos metros detrás de Madero, en la transmisión televisiva del triunfo el pasado 18 de mayo. Tan sólo en la capital poblana, Madero obtuvo el 73 por ciento de los votos panistas.

Moreno Valle “operó” –ese eufemismo mexicano para decir que desvió recursos e infraestructura públicos– para hacer ganar a Gustavo Madero en sus territorios y allende, hasta los colindantes municipios de Tlaxcala.

Con increíble facilidad, Moreno Valle cambió del matriarcado de Elba Esther Gordillo a la telecracia de Peña Nieto. No por convicción sino por conveniencia. Los grandes negocios de las privatizaciones peñistas pretenden ser también los del mandatario poblano.

A cambio, no se le investiga ni con el pétalo de un citatorio para que aclare muchos de los beneficios que la ex dirigente del SNTE le dio en su ascenso político.

Moreno Valle está convencido que la Sierra Norte de Puebla debe ser el destino para inversiones privadas, nacionales y extranjeras, en una multitud de proyectos que han generado un profundo descontento entre las comunidades indígenas y entre organizaciones sociales que las defienden.

La aprobación de su desafortunada #LeyBala el pasado 19 de mayo por 32 legisladores locales, es una demostración de hasta donde puede llegar el joven político de métodos antiguos y autoritarios. No pasó ni un día de la euforia por “su triunfo” en el PAN cuando ya ordenaba a los diputados locales que aprobaran el uso de la fuerza letal, en sus distintas modalidades, contra la población.

En un comunicado conjunto, las organizaciones civiles advirtieron que “es evidente” la preocupación de Moreno Valle por “desmantelar los movimientos que surgieron contra la explotación minera en la Sierra Norte de Puebla, presas, hidroeléctricas y gasoductos, pero también contra manifestaciones que busquen cuestionar el status quo local”.

No quiere críticas ni disidencias Moreno Valle. Por menos, al Gober Precioso, el inefable Mario Marín, los poblanos le organizaron marchas, críticas constantes y hasta burlas con fuerte carga racial. Sin embargo, una clase pudiente, de doble moral, le tolera y hasta le aplaude a Moreno Valle sus excesos autoritarios. Creen que, ahora sí, los llevará hasta la cumbre del poder.

Hay poblanos adinerados que viven en la ficción de un nuevo Maximino Ávila Camacho que los llevará hasta Los Pinos. No saben que alimentar el delirio autoritario es también asfixiar la civilidad y la democracia en esa entidad.

Jenaro Villamil

Jenaro Villamil

Escritor y periodista especializado en medios de comunicación, trabaja en Proceso, profesor de posgrado de Carlos Septien, edita el blog Homozapping.

Las opiniones expresadas en este artículo, son mi responsabilidad y no reflejan la posición de Centro Público al respecto.

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