Carolina Guerrero y Daniel Alarcón, fundadores de Radio Ambulante Mauricio Bermudez Neubauer

Grabar casetes es una actividad que forma parte de un mundo perdido, íntimo y extemporáneo donde las enormes grabadoras análogas se convertían en artefactos preciosos: revivían las voces de los seres queridos, los cantantes de moda o las noticias, que casi siempre eran malas.

Para muchas familias latinoamericanas separadas por un exilio repentino —casi siempre por los problemas económicos o políticos que cíclicamente afectan a los países de la región—, grabar un casete era la oportunidad de contar sus nuevas vidas con una calidez única.

En un mundo como el actual, dominado por la inmediatez de lo digital, resulta difícil imaginar que esas cintas transportaban los chistes que no podían contarse a través de cartas, las palabras de amor que no se decían cara a cara y los consejos atesorados en el tiempo y la distancia.

“Otra vez mi papá volvió a convertirse en la grabadora. Y, claro, desde una grabadora no había defectos, no había confrontaciones, no había regaños. Era prácticamente perfecto”, recuerda el periodista Dennis Maxwell en “Los casetes del exilio”, una de las tantas historias que se cuentan en Radio Ambulante, el exitoso proyecto de periodismo narrativo en audio que hace un par de semanas inició su séptima temporada.

Desde sus comienzos, el equipo de Radio Ambulante ha logrado que los oyentes experimenten de primera mano la reconstrucción de casos terribles y reveladores como la muerte de la concursante de un programa televisivo en Perú, el auge y la caída del líder de una cárcel en Venezuela, los riesgos mortales de las cirugías estéticas en Colombia, los testimonios de los últimos sobrevivientes del sida en Cuba o la historia de una familia que es el espejo de la crisis de todo un país, entre otras historias.

Pero también hay espacios para lo real-maravilloso como puede apreciarse en la saga de un vidente en Chile, el superhéroe Menganno en Argentino o el encuentro de dos hombres con el mismo nombre y apellido que terminan siendo amigos.

Daniel Alarcón nació en Lima pero creció en Estados Unidos durante los años ochenta y veía también cómo sus padres les enviaban cintas a sus familiares de Perú. Muchos años después, ya convertido en un escritor reconocido y uno de los fundadores de este proyecto, recuerda que la radio siempre estuvo presente en su vida: “En parte es una herencia familiar porque mi papá fue narrador de partidos de fútbol en Arequipa, y grabar nuestras anécdotas en los casetes se convirtió en algo muy habitual. Pero mi inquietud por este proyecto surgió en 2008 cuando me llamaron de la BBC para hacer un documental de radio”.

Por ese entonces, Alarcón había publicado Radio Ciudad Perdida, su primera novela, en la que narraba la historia de Norma, una locutora de un país que vivía los rezagos de una violenta guerra civil. La protagonista conducía un exitoso programa radial en el que leía los nombres de los desaparecidos, contaba sus historias y, a veces, lograba reunir a las familias.

Ese ejercicio de reconstrucción de la violencia usaba a la radio como un medio para exorcizar algunos de los efectos de la guerra interna, lo que ubica a la novela como una lúcida parábola de los conflictos armados en Perú y en otros países de la región.

El escritor recuerda que el programa de la BBC fue en inglés, por lo que muchas de las entrevistas que hizo en su idioma no fueron usadas por el equipo de producción: “Recuerdo que eso me frustró. No puedes contar una historia peruana con tan pocas voces en español y creo que eso fue el comienzo de la idea de cómo sería un espacio en radio”.

Selfi con parte del equipo de Radio Ambulante, en una reunión de trabajo Radio Ambulante

Selfi con parte del equipo de Radio Ambulante, en una reunión de trabajo Radio Ambulante

Cuando llegó 2009, mientras Alarcón se enamoraba de Carolina Guerrero —la directora ejecutiva del proyecto y su actual esposa—, la radio era un tema permanente en sus conversaciones.

“Estábamos saliendo y siempre terminábamos hablando de los podcasts; él me explicaba que siempre había querido hacer algo así”, cuenta Guerrero. “Yo dejé un trabajo y estaba en San Francisco buscando un proyecto nuevo porque me gusta emprender. Quería hacer algo relacionado con periodismo”.

Guerrero es colombiana pero hace 20 años que se fue a vivir a Nueva York. No estaba familiarizada con los medios de América Latina pero le gustaban mucho los programas de la radio pública de Estados Unidos: “Cuando creamos Radio Ambulante veíamos que todos queríamos contar historias, por lo que buscamos crear una conexión más cercana con la región. Creo que el hecho de haber estado en Estados Unidos hizo que creáramos un proyecto regional, no solo para los latinos que viven en este país”.

En enero de 2011, Guerrero y Alarcón le enviaron una serie de correos a diversos periodistas de América Latina en los que explicaban que querían hacer radio de una forma diferente. Detallaron el formato de los podcasts y lo plantearon como una posibilidad de llevar la estética y la profundidad de las crónicas periodísticas a la radio. Al día siguiente ya tenían muchas propuestas de historias y se prepararon durante un año para presentar la primera temporada junto a Annie Correal y Martina Castro, cofundadoras de Radio Ambulante.

El resto es historia: en 2012 tenían 2000 oyentes en su web y lanzaron una campaña en Kickstarter que logró recaudar 46.000 dólares; para 2015 coronaron la cifra de millón y medio de radioescuchas anuales y poco después se aliaron con la National Public Radio de Estados Unidos (NPR). Desde entonces han crecido un 40 por ciento y pasaron a ser más de diez editores con múltiples colaboradores que viven en diferentes países.

“Es un contenido muy artesanal, se hace despacio y con mucho cuidado narrativo. Lo más importante es la historia, las voces y el trabajo periodístico porque es un tipo de periodismo que es narrado con las voces de los protagonistas, así creamos empatía con nuestra audiencia”, afirma Guerrero.

El alma de la radio

Han pasado muchas cosas desde que, en 2011, se lanzaron las tres primeras emisiones de Radio Ambulante. Ha cambiado la duración de los capítulos y se ha mejorado la producción técnica, pero una de las estrategias que explican el éxito de esta iniciativa fue que se logró establecer un ritmo constante de historias que muestran las diversas realidades de América Latina.

“El reto es que nos escuche la mayor cantidad de gente. El potencial de crecimiento que tenemos por hacer este tipo de trabajo es inmenso”, explica Camila Segura, editora principal del proyecto. “La audiencia en Estados Unidos es enorme porque hay como 45 millones de personas que hablan español y en América Latina y España tenemos todas las posibilidades de crecer porque tratamos muchos temas de gran interés”.

Esa variedad temática que siempre es tratada con rigor y maestría narrativa responde a la obsesión de este equipo por la escritura de los guiones de cada entrega. Toda la producción es un proceso lento y minucioso.

'Queremos crear el interés de producir en audio porque nosotros no podemos llegar a todos los lugares, eso es imposible', explica Alarcón sobre la Escuela de Radio Ambulante Hugo Rojo/NPR

‘Queremos crear el interés de producir en audio porque nosotros no podemos llegar a todos los lugares, eso es imposible’, explica Alarcón sobre la Escuela de Radio Ambulante Hugo Rojo/NPR

“Hay historias que duramos un año en producir porque nos lleva mucho tiempo investigar y escribir. Hacemos tres versiones como mínimo porque somos muy cuidadosos con el lenguaje y las grabaciones que usamos”, explica la editora.

Segura es colombiana y estudió un doctorado en literatura pero no vacila en afirmar que no le gusta la academia. Se enamoró de Radio Ambulante desde sus inicios y, junto a Alarcón y Guerrero, ha forjado el estilo de escritura con los arcos narrativos que llevan a los oyentes por los senderos de cada episodio. El equipo, explica, pasa mucho tiempo pensando en el clímax de las historias y en cómo aplicar un giro sorpresivo o un conflicto.

“Intentamos escribir como se habla pero eso es un arte que se aprende con el tiempo. Para radio debemos ser entretenidos por lo que usamos frases muy cortas, muchos puntos y pocas conjunciones porque es un formato dinámico”, señala.

Radio Ambulante se ha convertido en un símbolo de calidad periodística en el formato radiofónico. No en vano ganaron el Premio Gabriel García Márquez de Periodismo 2014 en la categoría Innovación, y ahora han encarado una nueva empresa que es la Escuela Radio Ambulante, una iniciativa que busca colaborar con la formación de nuevos talentos en los países de la región.

“Es una inversión a mediano y largo plazo: queremos crear el interés de producir en audio porque nosotros no podemos llegar a todos los lugares, eso es imposible”, explica Alarcón. “Tenemos que trabajar con periodistas locales y entrenarlos sobre cómo es el proceso de hacer una crónica para nosotros y siempre queremos tener más voces”.

Alarcón asegura que una de sus obsesiones como escritor es lograr que la gente se desvele por leer las historias que escribe y busca lo mismo con Radio Ambulante: quiere que sus crónicas radiales sean tan buenas que los oyentes no duerman hasta escucharlas. En esta nueva temporada se grabaron 30 historias que exploran diversos personajes, historias de América Latina para que los oyentes escuchen las voces de los protagonistas que les confían sus secretos.

Seguramente, algunos de ellos recordarán cuando escuchaban los casetes que llegaban desde muy lejos para contarles las historias de sus seres queridos, con esa calidez única que nos mantiene despiertos y nos hace sentir menos solos por la noche, sea donde sea que estemos.


Fuente: NYTimes / Albinson Linares

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