El país tiene semanas de una revolución de sentimientos. Todo se polariza a favor de muchos y en contra de otros, ¡la puerta de Palacio incendiada! ¡las pintas de calles y edificios! ¡todos son anarquistas y revoltosos! dicen éstos últimos. ¡Son mis hijos! o ¡si hubieran sido mis hijos, hermanos, compañeros! dicen los primeros. Confieso una confusión sólo temporal. La administración actual tiene el reto más importante probablemente en el sexenio completo. Le estalló en la cara. Es como si lo hubieran visto siempre, pero tuvieron el pecado de tener un error de cálculo, no político, de cálculo social.

Era a todas luces previsible una inconformidad casi generalizada, aunque el momento era propicio para esperar. Llegaban las reformas anheladas, llegaban los grandes proyectos y seguían las promesas primermundistas….hasta que estalló todo. Y a este gobierno le estalló en la cara. Y no sabe cómo controlarlo. La violencia, el secuestro, la corrupción, el narcogobierno en diversas regiones del país, los homicidios, el pago por derecho de piso, el pago por derecho de venta, el pago por derecho de estar, por derecho de seguir la vida en este país, todo esto y más se reflejó en la muerte de los estudiantes. El caldo de cultivo es propicio; la tierra del hartazgo fue abonada con décadas de desigualdad e inequidad que tienen al menos al 60% de la población empobrecida.

Esas 43 personas son los “mártires” que se necesitan para considerar un problema muy grave en un problema de seguridad nacional no visto en años. Y hace reconsiderar la política nacional ahora. Tal vez la “madre de las reformas” pudo haber sido justo la reforma que no se ha aprobado; la reforma que abona por la transparencia o una diferente que fuerce al gobierno a ser, digamos, paulatinamente más honesto, menos ladrón. Esto no es, en definitiva, un asunto de partidos, es parte del “riesgo sistémico-político”, financieramente hablando. Los males burocráticos están penetrados en todos los niveles de acción. Tal vez este punto de partida pudo haber sido la base de hierro que actualmente no se tiene y que, al parecer, se desdeñó en un principio.

¿Hasta dónde llegará todo esto? No lo sabemos nosotros los ciudadanos, lo cual es un tanto normal, pero estoy seguro que tampoco lo sabe el gobierno completo, sentado en su escritorio, mandando y volteando la cara a una sociedad que reclama esto y lo otro, reclama todo, porque todo está mal, está podrido. Las manifestaciones sean como sean son un escape a la presión de rutina y las administraciones las permiten, porque no tienen otra opción, ya que callar una de ellas es hacer estallar a una veintena. Personalmente espero que esto que comenzó no tenga regreso, debido a que tengo la esperanza de que tenga solución y, ojalá, lo más pacíficamente posible. Le estalló en la cara a este gobierno, entonces que se la lave y que comience a hacer algo fuerte y de raíz. La realidad está alcanzando al país donde no pasa…ba nada.

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