Últimamente he leído varios artículos, memes, en los que se menciona que no se debe  educar a las niñas para ser princesas, como si el estereotipo de princesa fuera algo que no funciona en la realidad. Las vemos como una serie de niñas malcriadas que creen que se merecen el mundo y que no deben trabajar o esforzarse tan duramente como el resto de los mortales, que sólo viven para ver cómo se ven el espejo. Sin embargo, después de ver la primera temporada de la serie “The Crown” (2016), recientemente estrenada en Netflix, la vida de la princesa Elizabeth y más tarde reina Elizabeth II, no podría ser más diferente. Así, que a lo mejor lo que tendríamos que abolir es el estereotipo y no tanto la “profesión”.

Durante el segundo capítulo de esta primera temporada “Hyde Park Corner”, se escucha un discurso destacado de Sir Winston Churchill después de la muerte del rey Jorge VI, padre de la reina. En el habla de la importancia que han tenido para la historia de Inglaterra las monarquías de sus reinas, recordando la tranquilidad de su niñez durante la era victoriana y cerrando con el himno “Dios salve a la Reina”. Con unas cuantas palabras, Churchill no sólo realzaba la importancia del inicio de una nueva era – sin imaginarse que se convertiría en la soberana más longeva y la que más ha estado en el trono-, sino también aseguraba nuevamente su protagonismo en ese momento de la historia británica como un excelente asesor de la joven monarca,  remarcado en el capítulo “Assassins”, en el cual después de su renuncia como primer ministro, la reina acude a una cena en el número 10 de Dowing Street para reafirmar su compromiso y amistad con él.

La Reina Elizabeth II, no nació como heredera inmediata de la corona, igual que su padre tuvo que aprender con la práctica a ser un árbitro imparcial en un gobierno parlamentario de un Imperio que se desmanteló a lo largo del siglo XX. En esta serie vemos a una monarca con miedos e inseguridades, pero con la convicción de realizar el mejor trabajo posible para sus súbditos: desde tomar clases para aprender más de la cultura del mundo, hasta inyectarse relajantes para poder soportar su rostro después de sonreír por días enteros, de practicar su caminata con la corona, a lidiar con las cuestiones políticas relacionadas con su vida privada y su familia. Mientras que sus padres intentaron prepararla de la mejor manera posible, la realidad es que la historia que les tocó vivir sobrepasó todas enseñanzas que pudieron dejarle, sin embargo, ciertos principios morales y éticos, la acompañarían en la toma de decisiones. Su gran dilema está entre las tradiciones y la modernidad -no olvidemos que su coronación fue televisada al mundo entero-; entre el deber y el querer ser; entre la esposa, la hermana, la hija y la reina. Así que, ser una princesa y entender que el trabajo que realizas va más allá de lo que se quiere, que representa a generaciones enteras de modos de ser, no suena como una ocupación sencilla.

Esta clase de vericuetos, ya la habíamos visto con una joven Audrey Hepburn, quien ganó el Oscar a mejor actriz en su debut en Hollywood, en “Roman’s Holliday” (1953), ante la posibilidad de poder escapar de ese rígido protocolo que le imponía a qué hora levantarse, a qué hora tomar leche con miel, o cómo saludar, con el guapérrimo Gregory Peck madura y se da cuenta que su trabajo va más allá de sus deseos, es el compromiso con una institución que pretende dar unidad a sus súbditos.

Otro ejemplo sería la película “The Young Victoria” (2009) estelarizada por Emily Blunt, vemos a una monarca que al igual que la actual, tiene que negociar entre su reino y su casa, acompañada del Príncipe Alberto, también es consiente de todas las intrigas que conlleva la Corona, su maduración consiste en percatarse que su deber debía prevalecer ante su vida privada. De esta manera en otra película “Elizabeth” (1998)  protagonizada por Cate Blanchett vemos a una segura y confiada reina, tomar la decisión de no casarse por el bien de su reinado.

Mientras que queremos pensar que el ser princesa es una ocupación sencilla, la realidad es que incluso en las películas de Disney nos demuestran lo contrario, pensemos en la búsqueda de marido de la princesa Jazmín en “Aladdín” (1992), de la princesa Mérida en Valiente (2012). En “Diario de una princesa” (2001) podemos ver que la transformación de Anne Hathaway de una chica normal a una heredera requiere más allá de un estilista, requiere una fuerza mental para poder estar constantemente en el ojo del huracán, en la mira de todos, de lo que se hace y deja de hacer – pensemos en el hartazgo de Lady Di, o la presunta anorexia de la actual Reina Letizia-, requiere una fortaleza increíble.

“The Crown” es una joya – al igual que la misma corona inglesa con 2,900 gemas preciosas- en cada uno de sus capítulos, de sus ambientes –si consideramos que se gastaron cerca de 100 millones de dólares de presupuesto, incluyendo elefantes y jirafas-, de las historias que cuenta –desde la relación entre las hermanas hasta los escándalos como la presencia de Eduardo y Wallis Simpson-; es una historia de empoderamiento, de adaptación, de reflexión histórica, de una de las mujeres más importantes en la historia. Es un duelo constante, tal y como se lo dijo su abuela, entre la princesa Elizabeth y la reina Elizabeth II, que nos permite entender muchos de los acontecimientos que han devenido en los últimos años.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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