Interprétese al gusto.

Si usted camina por la ciudad de Cuernavaca, se percatará, si es buen observador, de la gran cantidad de gente de prensa en la entidad. Carros estacionados incorrectamente con sus respectivas “charolas” en el retrovisor, o placas mandadas a hacer que dicen prensa, o una pegatina por igual. Claro, no es una situación endémica de Cuernavaca. Pero tomando en cuenta la vibrante vida política de esta ciudad, me parece exagerado tanto periodista. Los periódicos y revistas independientes abundan, algunos tienen precio nominal de digamos, diez pesos, pero te los terminas llevando gratis en algún café o establecimiento del Centro de la ciudad. En sus portadas afirman no tener compromisos, o línea o tener carácter y/o pasión, incluso, ser el centro de las noticias.

Regreso a las proporciones, a ojo de buen cubero y si tomamos en cuenta la poca afección del mexicano por la lectura y su desinterés por la noticia, no veo donde haya mercado para tal cantidad de periódicos y revistas “noticiosas”. Incluso hay quienes se dan el lujo de renovar su publicidad en el transporte público constantemente. Adivine usted a favor de que gobernante y habrá usted acertado.

En los tiempos del nunca bien honrado Porfirio Díaz, las cosas eran a lo macho: o te callabas o te mataban en caliente. Ahora gozamos de una cierta libertad de expresión con la cual, como chilpayates, no sabemos que demonios hacer. Dadas las dos variables que mencioné sobre el mexicano, el periodismo tuvo que encontrar una manera de ser redituable. Si esto no se podía lograr en los puestos de periódicos se lograría en las casas de campaña; que ni aun después de elecciones se cierran, a lo sumo se vuelven oficialistas.

Así es que tenemos lo que en el argot se denomina “chayote”, verdadera forma de vida para muchos “periodistas” entrecomillados. Me han platicado de un tal sujeto quien sale tempranito por la mañana sin un peso en la bolsa y de chayotear a funcionarios en una ocasión logró levantarse hasta quince mil nada despreciables pesos.

Regresando a la realidad sin cifras en la mano, afirmaré que el periodismo en el país esta peor de horrible que el rostro de la maestra. No es mi interés criticar sólo por que sí. México es uno de los países más peligrosos para practicar el periodismo; recordemos que junto con Iraq estamos en guerra, aunque Calderón lo haya negado tres veces, sin embargo estoy convencido que es uno de los países donde más lucrativo puede resultar ser periodista.

Tenemos pues dos opciones: dejarnos llevar por el “mexican moment” o continuar luchando, no ya por el derecho a la libertad de expresión, pero por utilizarla responsablemente en favor de una mayor y mejor democracia en beneficio del país y el ciudadano.

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