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Privatización y masificación de la cultura, ¿paradoja o dualidad?

Proporcionar una definición de “cultura” que resulte lo suficientemente amplia como para incluir todos los elementos que la conforman es complejo. La cultura puede entenderse, analizarse, y manifestarse de distintas maneras; es una “manifestación” dinámica que por lo tanto se transforma, moldea, y adapta, pero que a su vez también moldea sociedades y adapta a individuos y grupos de personas a nuevas estructuras. Siendo la cultura un proceso dinámico y estando la sociedad en un proceso de globalización inevitable con consecuencias en la apropiación y uso del capital, la cultura inevitablemente se ha transformado para reflejar las nuevas necesidades sociales globalizadas.

Por un lado, como menciona David Harvey (2012) la cultura se ha transformado en una mercancía, lo cual a su vez conlleva a una privatización de la misma transformándola en un bien privado que si bien puede representar los intereses, costumbres, gustos, y demás factores de la sociedad, puede marginar o dividir a la misma sociedad entre aquellos que pueden acceder a ciertas manifestaciones culturales (exposiciones, espectáculos, entre otros) y aquellos que paulatinamente van quedado excluidos. En otras palabras, la cultura ha desarrollado un aspecto privatizador tornándose en un bien que puede ser público y de acceso libre siempre y cuando no haya intereses monetarios involucrados en el proceso.

En un contexto globalizado el riesgo de privatizar la cultura es más elevado dado que aquellos que carecen de recursos suficientes quedan marginados no únicamente de las tendencias más nuevas globales, sino de una red de conocimiento que se va formando paulatinamente y que tiene un impacto a nivel global. Este último punto resulta crucial en un sistema en el cual el contar con mayores conocimientos genera mayores oportunidades, puesto que si el conocimiento se privatiza y su acceso comienza a depender de un ingreso monetario dado, entonces se genera una exclusión más severa entre aquellos que pueden “pagar” por su aprendizaje y “culturalización” y aquellos que quedan rezagados. La estratificación generada propicia a su vez una masificación de la cultura, siendo ésta la cultura accesible para todos y situando ciertos espectáculos, artistas, colecciones, exhibiciones, entre otros, en un sector diferente denominado a sí mismo precisamente como “culto”. Derivado de lo anterior, queda la pregunta de ¿cómo se define qué aspectos o elementos culturales pasan a formar parte del proceso de privatización y cuáles forman parte del proceso de masificación? Si bien por un lado la misma sociedad define qué aspectos de la cultura cuentan con mayor popularidad, ¿no puede la opinión de la gente verse influenciada en sus gustos y preferencias por el nivel de promoción que se haga a ciertos eventos culturales? Bajo esta perspectiva se puede crear una paradoja puesto que si un sector privado gestiona un evento cultural de libre acceso que a su vez se torna en un proceso de masificación de la cultura, dado que la promoción deliberada partió de un grupo selecto de individuos, ¿no se puede decir que el mismo proceso de masificación parte a partir de una privatización cultural puesta a disposición de las masas?

Sin establecer que lo anterior necesariamente sea “benéfico” o “perjudicial” para la sociedad en su conjunto, sí es importante mencionar la necesidad de regular la dualidad entre un acceso privatizado a la cultura y al conocimiento que teóricamente resulta imposible privatizar en su totalidad. En este sentido, la realización de eventos culturales en espacios públicos, la accesibilidad de la población a la información (internet, bibliotecas públicas, museos), la difusión de eventos culturales en los medios de comunicación abiertos, entre otros aspectos, pueden constituir estrategias útiles para evitar una privatización que genere un exclusión cultural y del conocimiento basada en el ingreso monetario. Si bien existen diversas interrogantes en torno a lo mencionado, a manera de conclusión puede establecerse que existe una dualidad y paradoja entre la privatización y masificación de la cultura; aun así resulta importante generar un balance entre ambos procesos para evitar un proceso de segregación basado en el ingreso monetario.


Fuentes: Harvey, D. (2012). Ciudades rebeldes. Del derecho de la ciudad a la revolución urbana. Madrid: Ediciones Akal.

Sandra Wong Cabello

Sandra Wong Cabello

Internacionalista destacada del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey con Maestría en Gestión Pública Aplicada. Experiencia académica y cultural internacional, y experiencia profesional en instituciones internacionales. Interesada en el análisis social, internacional y político mediante la difusión de opiniones y la libertad de expresión.

(Las opiniones expresadas son personales; no representan a las instituciones en las cuales se tiene experiencia laboral)

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