El término “violencia” regularmente es asociado a conductas que implican el uso de la fuerza con la intención de provocar el mal a un individuo o a un sector social. La violencia se clasifica –de manera muy somera- en física, sexual, psicológica o verbal.

En este contexto, un grupo de teóricos de la Universidad de Nueva York, han reclasificado el término y han creado dos grupos que sufren o padecen de “violencia crónica”. El primero es aquel que se convierte en víctima a partir de una agresión directa; el segundo, es aquel que a partir de una correlación indirecta de factores, su entorno se vuelve hostil y sin ser agredido de manera lineal, se crean situaciones que vulneran la integridad y el desarrollo de un individuo o una colectividad.

El estudio al que hago mención aun no concluye, sin embargo ya parte de éste, ha sido publicado en diversos medios extranjeros y llama la atención una parte dedicada a la vivienda social y/o la periferia de las grandes ciudades.

Un capítulo en particular, analiza la situación en México. Se titula: Violencia y Vivienda. A continuación sintetizaré los resultados más reveladores.

Comienza con el escenario más obvio de la situación en México. Y explica que a partir de la escalada de violencia, varias poblaciones del norte y sureste del país -principalmente- han sido abandonadas al carecer de una protección estatal en términos de seguridad punitiva. Además, recopila el caso de varias familias fronterizas –entre Estados Unidos y México- de clase alta que han migrado su residencia y negocios, a la Unión Americana.

En el caso del centro del país, afirma que el cinturón de pobreza que se ha establecido alrededor de la capital es favorable a la violencia contra los usuarios del transporte público, ya que las rutas de acceso y salida del Distrito Federal, se encuentran inmersas en zonas de alta marginación y de altos índices delictivos. Aunado a esto, el gobierno capitalino no puede garantizar la seguridad del sistema de transporte colectivo que traslada diariamente a casi 9 millones de personas.

El punto novedoso del estudio, es la explicación de las formas de violencia que se aplican a cientos de mexicanos que no pueden comprar o rentar una vivienda en una zona céntrica de la Ciudad de México.

Y comienzan mostrando el sistema de distribución de agua y las zonas más estables en relación al terreno para construir. Existen paralelismos dignos de un estudio más profundo. A lo largo de la historia de la humanidad, los centros poblacionales se han concentrado alrededor del vital liquido. Ha sido un mecanismo para garantizar al acceso a este recurso. Las zonas más favorecidas de acuerdo al sistema de distribución, es el poniente y sur de la ciudad, resaltan las colonias Polanco y Bosques de las Lomas y por el Sur, Pedregal y sus alrededores. Estas colonias además, tienen como característica la estabilidad de su suelo. El estudio además aborda la “arquitectura violenta”; como a través de la distribución de espacios en vivienda de nivel medio y alto, se vuelve sumiso al trabajador doméstico a través de la estructura habitacional. Y abarca desde la creación de cuartos de servicio –de segunda en relación a las “recamaras”- y en algunas partes como Ciudad Satélite o Tecamachalco, la construcción de andadores exclusivos para el personal doméstico.

El punto medular de esta parte del estudio, es la vivienda de interés social y la violencia trasladada a ciudadanos mexicanos que son prácticamente obligados a vivir en las periferias, en ciudades de hacinamiento sin servicios básicos, ni lugares de diversión y esparcimiento. Aunado a esto, construidas a grandes distancias de sus centros de trabajo y con escasas o nulas salidas viales. La carencia de transporte digno, es otra característica de éstas.

Y el estudio afirma que estos aspectos y la violencia indirecta que vive este sector de la población, ahonda más su situación de vulnerabilidad y limita sus oportunidades de desarrollo.

Y la violencia obviamente es distinta de la ejercida de un grupo criminal para obligar a una emigración parcial o total de  una comunidad o someter a través de la fuerza al pago de “derecho de piso”, extorsiones o secuestros; a este tipo de violencia intrínseca que obliga a millones de mexicanos a vivir en espacios reducidos, sin espacios para la convivencia entre vecinos y sin acceso a parques, gimnasios, cines, canchas de fútbol o centros sociales.

Estos mexicanos además, son desarraigados de sus costumbres y tradiciones, ya que en estos nuevos centros de vivienda, no hay cabida para expresiones de este tipo.

Finalmente el estudio afirma que la violencia también es económica, mientras en algunos poblados el crimen organizado se queda con una parte de la producción económica a través de extorsión u otros mecanismos. El mexicano de la periferia destina casi el 50% de su ingreso a trasportarse hacia sus centros de trabajo. Ya que “en donde vive”, no hay creación de fuentes de empleo.

El estudio esta prospectado para terminarse en 3 años más, además de esperar sus conclusiones, gobiernos del mundo que son incluidos en los ejemplos, deberán tomar en cuenta algunos de estos aspectos para regular la política pública en este sentido.

En especial el gobierno mexicano, ha comenzado a estructurar su política de vivienda a raíz de la planeación de zonas habitacionales con aspecto social. El gobierno mexicano comprende que el modelo usado para la construcción de vivienda social en el pasado, ha sido rebasado y si en efecto, en algún momento cumplió con la demanda de vivienda de un sector en particular, alrededor de esta meta, se han creado infinidad de problemas a raíz de la nula planeación.

Una Respuesta

  1. Manuel Aguilera

    Estupendo artículo, Julio. La reflexión es indispensable en el diseño no sólo de la política de largo plazo en materia de vivienda, sino también de la política social en México.

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