Sebastián de Covarrubias, en su diccionario de 1611 Tesoro de la Lengua Castellana o Española, definió al retrato como: “La figura contrahecha de alguna persona principal y de cuenta, cuya efigie y semejanza es justo quede por memoria a los siglos venideros”. El retrato se convirtió en un reto para los pintores que tuvieron que aprender a entender, interpretar y codificar las aspiraciones de cada uno de sus retratados, no solamente de personas, sino de edificios, de creencias y de una sociedad que no había sido totalmente estudiada y que ahora, en la exposición “Pintado en México. 1700-1790 Pinxit Mexici”, recopila más de 80 años de investigación entre sus curadores. Con la coordinación  de Ilona Katzew, jefa del Departamento de Arte Latinoamericano del LACMA y el apoyo de Jaime Cuadriello, del Instituto de investigaciones Estéticas de la UNAM, Paula Mues Orts, de la Escuela Nacional de Conservación, Restauración y Museografía del INAH y Luisa Elena Alcalá, de la Universidad de Madrid, podemos apreciar en el Palacio de Iturbide hasta el próximo 15 de octubre, y después viajará al LACMA y al MET.

En un intenso trabajo de selección, se reunieron solamente 111 obras de las 2000 que tenían en su archivo de imágenes, que se comenzó a trabajar desde el 2004 cuando Katzew publicó su libro sobre las “pinturas de castas”. Este se volvería un punto de inicio ya que al estudiarlas descubrió que ofrecían una visión muy particular y categórica de la realidad colonial. Es un género propio del siglo XVIII. Una especie de catálogo, donde no solamente se reflejaban las combinaciones entre los habitantes de la Nueva España, sino que también reflejaban los contextos sociales e históricos del momento que definirían la construcción de identidad. La que más me llamó la atención es una pintura Anónima de 1785-1790 “De albina y español, nace torna atrás” en la que se ve a un pintor en la acción de retratar, supongo que a su esposa, y su hijo sostiene un lápiz y un dibujo, resalta la herencia de la profesión -que en esta exposición se enfoca a cuatro generaciones- y en el cambio de la enseñanza; de pasar de ser un oficio mecánico a la reflexión de la teoría y la práctica a partir del modelo tomado del natural -así como la pintura lo muestra- se trabajó en las proporciones, anatomías y posiciones verosímiles y por medio del autorretrato, a lo mejor en el caso del niño, es el inicio de una nueva concepción del artista como el inicio de una actividad intelectual, que culminaría con la apertura de la Academia de San Carlos en 1781; el uso de tratados; la redacción de dictámenes -siendo el más popular el de “Maravilla Americana”, sobre el lienzo de la Virgen de Guadalupe, de Miguel Cabrera de 1756-. Así, en esta exposición la pintura ya no es solamente sobre temas religiosos o civiles, como el caso de la “Vista del Paseo de la Alameda y el Convento de Corpus Christi”, sino es la presentación de una sociedad  donde se consolidan nuevos lenguajes, tanto con conocimientos de lo que ocurría fuera como con un toque local.

Captura de pantalla 2017-08-09 a las 11.59.07 a.m.Una de las piezas más interesantes es  “Interior de la Iglesia de Corpus Christi y vista del altar mayor” c. 1724 atribuido a Nicolás Enríquez que se encuentra en el Palacio Real de Madrid. La iglesia de Corpus Christi fue el primer convento exclusivo para mujeres indígenas nobles. Fundado por petición del virrey Baltasar de Zúñiga y Guzmán (1715-1722) -quien además fue el primer virrey soltero-. Cuenta la leyenda: “El virrey  vio a una joven de gran belleza y con gran desilusión se enteró que doña Constanza Téllez entraría a profesar al convento de Corpus Christi. Desde ese ese día se convirtió en su benefactor. Al terminar su cargo, acongojado, las monjas le mandaron un anillo de turquesa que llevaba en su mano al ingresar al convento sor Constanza, así, ordenó que a su muerte enviaran sus restos y el anillo a descansar al convento”. La construcción de este convento significó un triunfo en el debate sobre si los indígenas comprendían el estado monástico, así en la pintura se pueden apreciar dos hombres junto a la puerta, monjes franciscanos que custodian el edificio. Cuando Katzew lo visitó en Madrid, sentía que algo raro ya que se veía una gran plasta de color rosa pastel en el piso de la pintura completamente vacío, como si fuera una aplicación posterior. La siguiente ocasión en la que viajó con el conservador de pintura, Joe Fronek, le dijo que si lo pudiera investigar más y en efecto, al verlo de cerca alcanzaron a visualizar una silueta, en ese momento pensó que podría ser el virrey que mandó a construirlo. Al ver este detalle la interpretación de la pintura cambió completamente, fue un gran descubrimiento. Aunque el convento se había construido muy rápido, tardó años su inauguración oficial por el escándalo que implicaba. Al parecer esta pieza se había realizado como propaganda, ya que viajó a España y fue mostrada a los Reyes. La razón por la que se había sobre puesto una pintura a las cinco figuras que aparecen en el interior de la iglesia podría haber sido una decisión del propio virrey de mostrar el convento vacío, así, mientras que con la restauración de estas figuras afloraron, resulta que los dos monjes franciscanos en realidad eran miembros de la guardia del virrey, a ellos los dejaron como estaban.

image2Cada pintura tiene su propia historia, es por eso que los curadores aprenden a desarrollar una especie de  sexto sentido, donde cada pieza les habla y ellos son como detectives que siguen las pistas que les van dejando, hay veces que no solamente es necesaria la vista para poder intuir que hay algo más, es por eso que la selección de “Santa Lucía” (ca. 1720) de Juan Rodríguez Juárez es tan afortunada, ya que muestra a la santa patrona de la vista, derivada de su nombre que significa luz. Según la leyenda, los ojos de Lucía eran tan bellos que no permitía descansar a uno de sus pretendientes, por lo que ella se los arrancó y se los envió, él lleno de remordimientos se convirtió al cristianismo y a ella en patrona de la vista durante la Edad Media. Aquí, la vemos con el cuchillo en la mano pero sólo a removido uno, con el otro nos ve fijamente, casi como si nos invitará a ver más allá de la simple vista y visitar lo que hay dentro de cada una de las representaciones. En efecto, el siglo XVIII siempre estuvo ahí, sin embargo, al no ser el más vistoso como el siglo XVII había pasado un poco desapercibido, es por esto que esta exposición es una invitación a descubrir sus maravillas y en especial, a retratar a México como lugar de origen.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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