Hace poco tiempo, tome la computadora portátil de mi esposa, y me percaté de que tiene una cinta auto adherible que tapaba la web cam, se la iba a quitar y me dijo que no, me comentó que ella se la iba colocado para que nadie la espiara, un método ingenioso y eficaz ante una posibilidad cierta. (O tal vez para que yo no la espiase)

Dejando el anecdotario a un lado, ¿Cómo protegemos nuestra seguridad y privacidad en las redes informáticas ante el uso creciente y masivo de dispositivos como teléfonos, tabletas o computadoras? ¿Estamos conscientes de que nuestra intimidad y confidencialidad a veces la compartimos voluntariamente a través de las redes? ¿Estamos seguros de que la información que consideramos privada o que sólo un grupo de amigos conoce, no se hará pública?

Hay que reconocer también, que cada vez será mayor la tendencia para que los dispositivos móviles de comunicación contengan, cada vez más, una gran cantidad de información personal, de negocios, familiar, fotos, hábitos de consumo, patrones de conducta, incluyendo contraseñas, claves sobre cuentas bancarias o tarjetas de crédito, hasta información sobre nuestros más recónditos secretos, deseos o placeres para llegar al futuro no muy lejano de que tales dispositivos funcionen como medio de pago, por lo que su pérdida o robo será como perder la cartera, la chequera o la tarjeta bancaria.

De acuerdo a la Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI) en México se presentan 10 millones de ciberataques al año, que van desde el acoso, extorsiones, fraudes, robo de información hasta llegar a al uso de éstas tecnologías para la comisión de delitos de mayor impacto como secuestro o trata de personas.

Hay que estar conscientes que la información que se comparte en una red, sale de nuestro espacio de control, directa o indirectamente la hacemos pública.

Es claro que la solución no es ni será dejar de usar las tecnologías de información, dejar de acceder a internet o a las redes sociales, pero tal vez convendría reflexionar sobre las siguientes sugerencias:

  • Cambiar en forma periódica contraseñas, utilizando claves alfanuméricas (números, letras y simboles especiales) y evitar compartir esta información con terceros.
  • Sin excepción, NO proporcionar información personal a extraños o “amigos” donde no tengamos la certeza de que son ellos.
  • Acercarnos con nuestros bancos, instituciones financieras o con otras instituciones o empresas con las que tenemos relaciones virtuales para expresar nuestras preocupaciones, dudas, y en cuyo caso, seguir las recomendaciones y prácticas que nos señalen
  • No realizar operaciones bancarias a través de redes gratuitas en sitios públicos o en cibercafés (aunque estos establecimientos están en vías de extinción), procurar que sea desde el equipo personal de casa u oficina.
  • Depurar nuestras cuentas de correo, de redes sociales o nuestros archivos en sistemas de almacenamiento virtual (los llamados servicios de nube).
  • Leer con detenimiento y cuidado los términos y condiciones y las declaraciones de privacidad de los sitios que visitamos o de los programas “gratuitos” que descargamos.
  • Archivar nuestra información en discos duros externos, que además nos sirven como información de respaldo.
  • Tener instalado en el equipo de cómputo un programa de antivirus y contra programas maliciosos;
  • Vigilar a nuestros hijos, así como proteger a nuestra familia y amigos sobre lo que comparten en las redes.
  • Sin excepción, dar aviso a las autoridades correspondientes (policía cibernética) sobre posibles delitos como fraudes, extorsiones o acoso, así como denunciar estas prácticas con los operadores de telecomunicaciones o con los administradores de los sitios de internet.
  • En los dispositivos móviles usar programas de protección como por ejemploAvast Mobile Security, 1password, Lastpass.
  • Estar conscientes que nuestra actuación en las redes, somos nosotros mismos, por lo que las reglas de trato, cortesía y respeto son igualmente vigentes, así como cuidar que información publicamos, transmitimos, o que páginas visitamos.
  • Reflexionar que tanto nos facilitan la vida o necesitamos las TIC´s o las redes sociales, por ejemplo, ¿De qué sirve que publiquemos nuestro record de ejercicio? ¿Nuestro ritmo cardíaco? ¿El lugar en el que estamos?¿El complejo cinematográfico en el que estamos?
  • Seguir confiando en el papel, lápiz y en la comunicación cara a cara.

Existen otras recomendaciones, pero más que ello, deben ser nuevas competencias educativas que debe tener la población en general que les permitan enfrentar y (sobre) vivir en el mundo tecnológico, una especie de Manual de Carreño virtual, sin olvidarnos de las buenas maneras del tradicional libro.

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