El tema que hoy ocupa a la prensa especializada en telecomunicaciones, es saber, si Grupo Radio Centro podrá pagar la cantidad ($3,058 millones de pesos) que ofreció para obtener una nueva cadena de televisión en la licitación llevada a cabo por el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT), es sin duda un asunto de “res publica”, porque implica saber quién o quienes nos ofrecerán nuevos contenidos de televisión.

De ahí que haya tantas opiniones y posturas sobre un hecho que decidirá si Grupo Radio Centro habrá de ser la cuarta cadena nacional de televisión en México (Ya operan Televisa y TV Azteca) y pronto Cadena 3 estará en todo el territorio nacional, que fue el otro ganador de la licitación.

Cuando Usted lea esta colaboración, usted ya conocerá si Grupo Radio Centro logró la hazaña o se queda en el camino con graves pérdidas (pierde garantía de seriedad por 415 millones de pesos, queda comprometida su situación financiera por los recursos que invirtió en la licitación y ante todo, habrá escarnio público y privado), ¿así es la libre competencia económica? o ¿hubo un diseño institucional que aunado a la obstinación empresarial generó el escenario que relatamos?

Hay que recordar que cualidades como la persistencia, la tenacidad y el riesgo es lo que define y forja a un empresario; mientras que el Estado, su vocación natural es limitar y restringir las opciones de comportamiento de los ciudadanos, donde casi siempre, las restricciones generan los incentivos para desviarse o no cumplir, por lo que no habría de ser tan rudos con la licitación del IFT. Cualquiera que sea el diseño de lo público, siempre habrá la posibilidad de que sea rebasado por los particulares y por la imprevisión de las condiciones de la vida.

En estas lides, pareciera que siempre hay juegos de suma cero y óptimos de Pareto (los que ganan se anulan entre si y si alguien gana se empeora la situación de otro); ello lo refiero así, porque hay opiniones que dicen que si Grupo Radio Centro logra pagar, se abre la puerta para que terceros que no participaron en la licitación puedan tener un nuevo canal nacional de televisión(o que lo hicieron y se salieron oportunamente), bajo el aforismo: El que paga manda. Lo que acarrea la consiguiente queja de que el IFT no valoró debidamente la capacidad económica del participante y se estaría permitiendo indirectamente la entrada de inversionistas ajenos al procedimiento de licitación.

No queda duda de que si Radio Centro logra pagar, entraría un cuarto competidor que será un acicate para mejorar los contenidos, pero queda en duda la legitimidad sobre quien es el verdadero dueño de la nueva televisora y surge la posibilidad de impugnar por cualquiera de los contendientes en el mercado tal participación.

En el supuesto de que Grupo Radio Centro no logre pagar, habrá perjuicios para una gran empresa mexicana, se retrasará la oferta de contenidos en televisión e igualmente se criticaría al IFT por el diseño de la licitación, que estaría alcanzado parcialmente su encomienda de crear dos nuevas cadenas nacionales de televisión, aunque no es óbice para que en el corto plazo se inicie a una nueva licitación y se corrijan las rubros que dieron pie al entuerto que relatamos.

Así es la democracia, ensayo y error donde las instituciones se van afinando, y así también es el libre mercado, hay quienes triunfan y fracasan en una empresa.

Por lo anterior, no es que minimice los dilemas planteados y diga que “es lo de menos”, el verdadero horizonte se apreciará cuando las dos nuevas cadenas nacionales de televisión ofrezcan algo nuevo y sustancial, y en contrapartida TV Azteca y Televisa se suban al barco de una mayor competencia, que por algunos momentos ha parecido sólo reflejo, sin que haya una distinción esencial en su oferta audiovisual.

En consecuencia, bajo cualquiera de los escenarios planteados, se está dejando de considerar un agente o ingrediente clave, las audiencias. Será el público televidente quien en última instancia decida quién o quiénes se mantendrán en el mercado de la televisión.

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