“Dix se presenta como un desastre natural: de forma inexplicablemente devastadora, como la explosión de un volcán.
Uno nunca sabe que esperar de este hombre salvaje”
Crítico Paul Ferdinand Schmidt,
en relación a la primera retrospectiva de Otto Dix en Berlín, 1926.

Hace unos días una de nuestras lectoras, Dani Arteaga (@DaniArteagaDF), compartió con nosotros una lista de exposiciones que no podemos perdernos en este 2016 en la ciudad de México. Mientras que los artistas que más resaltan son: Goya, Matisse, Dalí y Picasso, obviamente nombres totalmente reconocidos y muy renombrados, la que más me entusiasmo es la “Retrospectiva de Otto Dix” en el Museo Nacional de Arte. Aunque casi no hay información al respecto, como el número de obras, las colecciones involucradas o siquiera las fechas; es más ni aparece en la lista de exposiciones futuras en la página del munal.mx, me sigue emocionando la oportunidad de volver a ver algunas de las piezas que ya tuve la oportunidad de conocer.

En julio del 2010 visité en la Neue Galerie, de Nueva York, -el museo privado del coleccionista Leonard A. Lauder (1933) dedicado al arte y diseño alemán y austriaco de inicios del siglos XX-, la primera muestra dedicada al artista en un museo de Estados Unidos: “Otto Dix” (11 de marzo al 30 de agosto 2010). Curada por el especialista Olaf Peters, profesor en Historia del Arte Moderno y Teoría del Arte en la Martin-Luther-University Halle Wittenberg, se presentó tanto su trabajo pictórico como gráfico; entre lo caricaturesco y la agonía; entre lo que vio y lo que interpretó; entre lo ostentoso del museo y lo brutal de la República de Weimar, y lo doloroso que fue vivir en primera línea la guerra.

Otto Dix (1891-1969) fue un pintor alemán que mostró la crueldad y dolorosa realidad de la guerra, después de haber participado en la Primera Guerra Mundial como voluntario. Es considerado junto a George Grosz y Max Beckmann, como uno de los máximos representantes de la Neue Sachlichkeit (Nueva Objetividad), grupo extremadamente crítico de la sociedad alemana de la post-guerra: la prostitución, violencia, los ancianos y la muerte, en muchas ocasiones en un tono satírico. Por lo que fue incluido en la exposición de 1937 Entartete Kunst (Arte Degenerado) en Múnich y cuyas obras después fueron quemadas, y otras tantas estaban dentro de la herencia de las más de 1500 piezas de Cornelius Gurlitt. En 1939 Dix fue detenido por conspirar el asesinato de Hitler y fue encarcelado hasta su liberación en 1946 por los franceses. Después de la guerra se mudó a Dresde donde permaneció hasta 1966.

Otto Dix resuelve de una manera magistral la caricatura de la sociedad y principalmente representado a partir de sus retratos de la vida nocturna de la República de Weimar y, que serían la inspiración para la película de Bob Fosse Cabaret (1972). La exposición evidenciaba, sin querer, el ambiente decadente, no sólo de aquellos años donde sus retratos muestran todas las cosas que ahora nos dedicamos a ocultar, sino porque el público continuaba siendo el mismo de los retratos, personajes totalmente decadentes queriendo ser parte de una elegancia y esnobismo, principalmente por el lugar donde estaba visitándola. ¿Qué puede ser más decadente que una sala para mostrar una serie de litografías relacionadas con la Guerra (1923-24), que bien podrían competir con Los desastres de la guerra (1810-1815) de Francisco de Goya, casi junto al retrato de Adele Bloch-Bauer (La Dama de Oro) (1907) de Gustav Klimt? En el primer y segundo pisos, la imagen de la muestra el Retrato de la bailarina Anita Berber (1925) en tonos carmesí totalmente prendidos, en contraste con la hoja de oro del otro retrato. Vemos a una mujer maquillada con exageración, delgada, con un vestido que permite apreciar su cuerpo casi desnudo, en una posición que se presume sensual y sin embargo, es el retrato de una bailarina, actriz de 26 años totalmente consumida por su adicción a narcóticos y alcohol, y que moriría solamente 3 años después de tuberculosis. Fue la imagen de la exposición “Ya que es el ícono sin duda de la República de Weimar” en palabras del curador, su cabello corto rojo brillante era sinónimo de escándalo, entre sus actuaciones andróginas, bisexuales, desnuda, representaba los tabús de su época y que fueron desplazados por los jóvenes atléticos, miembros de las juventudes hitlerianas, un dato curioso es que Dix pudo recuperar este cuadro hasta 1963 cuando pagó 18,000 marcos por él.

La muestra en sí, era impecable, limpia, pero le hacía falta esa pátina que permite entender las atrocidades de la sociedad que quería retratar Dix, desde los militares incapacitados hasta los miembros más prominentes de la sociedad: doctores, abogados y otros miembros de la clase media quienes querían sus retratos, una especie de ingenuidad en esas imágenes como en el Retrato de Dr. Mayer-Hermann (1926), Dr. Heinrich Stadelmann (1920) o Dr. Fritz Glaser, pero es demasiado evidente que los retratos reflejan algo más que la simple vista, más bien parecen retratos de las almas de estos personajes, las miradas directas, hasta cierto grado intimidantes, me dejaron fría.

Aunque, sus piezas ya habían sido exhibidas en 1927 en Pittsburg y en 1931 en Museo de Arte Moderno de Nueva York cuando el director Alfred H. Barr presentó una exposición sobre la pintura contemporánea alemana, en la cual estuvo muy bien representado y mencionó que la pieza más representativa de la década de los veintes sería “La trinchera” (1920-1923), la cual después de ser presentada en diversas exposiciones con la llegada del régimen nazi fue vendida y su paradero permanece como desconocido, su legado era poco conocido en Estados Unidos, ya que a diferencia Beckmann o Grosz, Dix no emigró durante la guerra, o después, por lo que su obra ha sido realmente valorada hasta el 2006 cuando el MET presentó una muestra de retratos “Glitter and Doom: German Portraits from the 1920’s” (14 de noviembre de 2006 al 19 de febrero de 2007) donde de 100 piezas presentadas, 53 eran de Dix.

En el contexto mexicano será una experiencia interesante tenerlo cerca de las creaciones de José Clemente Orozco o incluso del Dr. Lakra, en los que se puede confirmar que sus creaciones continúan siendo poderosas y declaran verdades sobre la condición humana. “Esto es como es, esto es lo que es” mencionó a partir de la serie de la Guerra en su experiencia; aunque estoy casi segura que será en su mayoría obra en papel.

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Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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