“2014. Año de Octavio Paz”. Así reza el decreto emitido por el Presidente de la República en el que oficializó la conmemoración por el centenario del poeta. Tanto las instancias de gobierno como los círculos académicos y culturales de país echaron las campanas al vuelo para celebrar el natalicio de Paz. No era para menos. El autor de Libertad bajo palabra es, como bien lo dijera Carlos Fuentes, “guardián y testigo, junto con sus lectores, de su propia inmortalidad”. Paz trascendió las letras mexicanas sin alejarlas de sus propios referentes. Cumplió así la máxima de Alfonso Reyes: ser generosamente universal para ser provechosamente nacional.

Quisiera resaltar que entre los homenajes, coloquios, exposiciones y demás eventos alusivos al hechicero de la palabra que tuvieron lugar el año pasado, realmente encuentro pocos textos y comentarios públicos que introduzcan un ápice de sana crítica sobre algún desatino en su trayectoria intelectual. Las celebraciones gubernamentales denotaron cierta inclinación a convertir al festejado en una estatua de bronce. Una figura más para nuestra rotonda de hombres ilustres. Hasta cierto punto es comprensible: se trata de un homenaje oficial pero también de nuestro único Premio Nobel de Literatura; evidentemente no le iban a encargar la organización de los festejos a un aguafiestas revisionista que nos recordara su relación de amor y odio con el sistema que lo castigó y premió en diferentes épocas de su vida. Siguiendo la pauta oficial, son pocos los que se atrevieron a verter en los medios impresos una opinión áspera sobre Paz. No es que no haya sido válida y deseable sino, más bien, políticamente incorrecta en virtud de su centenario.

La crítica hacia el poeta y quienes reproducen sus ideas sin distinción es también una crítica contra los argumentos de autoridad. Considero que Paz se vio sobrepasado por su propio prestigio, lo cual explica que más de un escritor, docente o conversador cite sus palabras. Desde la preparatoria he escuchado paráfrasis de las ideas pacianas; por fortuna, los profesores con los que compartí el aula conocían los alcances de Paz y lo citaban en su justa dimensión. Reconocían sus virtudes pero también sus errores. No es el caso de los comentaristas que implícitamente se asumen como herederos de su pensamiento y que escriben defensas hagiográficas de su vida; algunos salen en la televisión y otros escriben en la prensa, pero casi todos adornan su narrativa con frases y aforismos del finado escritor. Cuando dicen que Paz ya había dicho lo mismo que ellos, en automático, pretenden que su argumento se convierta en verdad incuestionable. Se esconden en su figura para sustentar lo que opinan. Es una práctica verbal que da buenos réditos ante un público lector y una audiencia televisiva poco instruida sobre los temas que en su momento desarrolló nuestro literato, tanto en sus ensayos como en los programas televisivos que condujo. Los argumentos de autoridad a los que apela un líder de opinión pública pueden ser tan útiles y creíbles como los argumentos jurídicos en boca de un abogado. Quien no tenga un criterio entendido sobre lo que se está hablando cuando se socorre a justificaciones que apelan a una autoridad terminará dándole la razón a su interlocutor. Si lo dijo fulanito es porque tiene razón, dirán muchos.

En mi entendimiento, si empezamos por la raíz etimológica, argumentar significa clarificar razones. Podría definirse también como sinónimo de justificar. Cuando se da un argumento se busca la comprensión cabal de un fenómeno o bien la de una acción concreta. Las ciencias sociales ofrecen argumentos para explicar e interpretar ciertos hechos. En este sentido, la argumentación lógica amerita determinados razonamientos científicos y silogísticos que, no siempre, pero sí frecuentemente, no pueden ser dictados por un lego. El arte de argumentar brilla más en quien tiene mejor conocimiento de los tópicos, mayor capacidad de análisis o una trayectoria reconocida en ciertas disciplinas. En otras palabras: un argumento de autoridad no adquiere relevancia únicamente por la persona de quién se hable sino por la validez lógica, la precisión científica o la utilidad práctica de su razonamiento.

Un argumento de autoridad, valga la redundancia, cumple con su meta persuasiva o convincente cuando se alude a las frases de un autor en el sentido original de las mismas. Apelar a una figura de renombre, sacándola de contexto o ignorando la totalidad de su pensamiento sólo para darle más credibilidad a una explicación, es un artilugio retórico pues cualquier autoridad, per se, no siempre tuvo, tiene y tendrá la última palabra. Que un autor galardonado con el Nobel o un periodista posicionado en la opinión pública hagan comentarios sobre los cuales no están versados no necesariamente los convierte en una fuente confiable para entender algún tema de relevancia. El prestigio de un autor no garantiza que con el simple acto de referirnos a él o a ella hayamos resuelto una incógnita. La investigación y el conocimiento en el mundo contemporáneo son cada vez más segmentados, incluso por área de estudio, y requieren especialistas en los que seguramente hallaremos un leguaje técnico, árido y hecho para y por expertos.

¿Qué tiene que ver esto con Octavio Paz? Básicamente que la figura del poeta ha sido sobredimensionada. Encuentro que algunos autores exageran sus dotes intelectuales o bien omiten hablar de los traspiés que tuvo como hombre público. Pienso en el grupo de escritores vinculados primero a Vuelta y luego a Letras Libres, pero también en Fernando Savater y otros pensadores liberales. El afecto que le profesan estos ensayistas, periodistas culturales y críticos literarios, haya sido por que colaboraron con él en las revistas que dirigió o por el hecho de haberlo conocido y tratado de cerca, les impide hacer un balance más “objetivo” de quien fuera su jefe y amigo. Sin el menor atisbo de duda, Paz fue un hombre con una impresionante cultura libresca que iba y venía de Oriente a Occidente, que dialogaba con autores tan relevantes como él, que podía comparar un poema de Sor Juana con la obra pictórica de Rubens, que nos sorprendía con su profundo conocimiento sobre las diversas corrientes y estilos poéticos a lo largo de la historia, que a través de sus descripciones nos transportaba imaginariamente hacia la inmensidad de los paisajes que retrató José María Velasco, que emitía atinados comentarios sobre asuntos de cultura, que comprendía como pocos la historia de nuestro país, pero sobre todo que nos sigue subliminando con sus versos.

A pesar de su genialidad, también tuvo límites. Incluso en los textos más leídos dentro su vastísima producción ensayística. Recuerdo y menciono la crítica que connotados sorjuanistas hicieron de su ensayo biográfico sobre la séptima musa, o la notoria influencia de Samuel Ramos que Emmanuel Carballo observó y denunció en El laberinto de la soledad. Pero lo que sí constituye su flaqueza más obvia es la sinuosa trayectoria de su pensamiento político. No quiero decir que todo lo dicho por él en la materia sea cuestionable; sus críticas contra el viejo sistema a partir de 1968, además de lúcidas, merecen un capítulo aparte en todo intento por escribir una historia de las ideas políticas en México. Tan sólo por haber descrito al Estado priísta como el “Ogro filantrópico” que gobernaba con el garrote y la zanahoria, sin la necesidad de llegar a la dictadura —como los Estados burocrático-autoritarios del Cono Sur— sus reflexiones complementan las de aquellos estudiosos que en su momento diseccionaron la naturaleza del sistema político mexicano: Pablo González Casanova, Arnaldo Córdova, Adolfo Gilly, Daniel Cosío Villegas, Lorenzo Meyer.

No fueron nada más los desvaríos que cometió hacia el final de su existencia los que opacaron relativamente su prestancia como pensador político. Más allá de los errores ya conocidos —como la apología que hizo del régimen salinista, la visceralidad con la que hablaba de la Revolución Cubana y del sandinismo o su autoridad caciquil en los círculos culturales— Paz no debe ser visto como una suerte de Dios del Olimpo. Si bien nadie ha hecho una referencia suya en tales términos, el exceso de elogios a su legado así lo retratan. Al igual que otros escritores con vena de polemista, Don Octavio tuvo el arrojo de hablar sobre temas que trascendían la creación literaria. Me refiero en particular al espinoso tema de la democracia, a la naturaleza del Estado mexicano, a la geopolítica internacional de su época y a las ideologías que la acompañaron. Él abordó estos asuntos desde la óptica de un liberal. A veces le daba al clavo, otras no. Sin embargo, a decir de Rafael Lemus, su liberalismo fue tan cándido que lo llevó a pasar de largo otros problemas y coyunturas para los cuales su visión del mundo, y de la política, resultaban insuficientes. Por una parte sopesó más el tema de las libertades civiles y el pluralismo, por la otra le prestó menor importancia a los excesos del libre mercado y a las desigualdades socioeconómicas que se engendran tanto en las países capitalistas avanzados como en las naciones periféricas que abrazaron el neoliberalismo. Ahí yace un vacío en su obra ensayística que, como diría el mismo Lemus, nos desconcierta y no nos deja tan claro que Paz “sea un autor útil, un buen aliado, para pensar críticamente el mundo contemporáneo”.

4 Responses

  1. Mateen

    e9Wydaje mi się, że w tekście jest błąd: „Jeśli zmienimy wartość zmiennej liczba1, to liczba2 nie zmieni swojej waoc.śtir” Jak się zmienia wartość liczby1 to automatycznie się zmienia wartość liczby2.31

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  2. http://www./

    Shouldn’t Gazprom get paid?Have the involved Ukrainian negotiators had the best interests of Ukrainian citizens at heart?I’d like to see a comparison poll on how Rusisans and Ukrainians each view the situation. A key question would pertain to how much which side should be blamed? It would be interesting to see how many in Ukraine show some sympathy for the Gazprom view when compared to Russians siding with the involved Ukrainian negotiators.AndyBefore the full cut off, there was a decline in shipments to some countries. This was stated by the involved countries.Michael Averko´s last blog post..

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  3. reinert and bender

    This is just bad.A Draw? At HOME?After a losing streak, the longest since 2007…The essential “breaker” turned out to be a draw?For me, that did it. Goodbye Chelsea. You were great, but now you just suck.Reply

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  4. subway surfers coins hack

    “If I talk to you, I’ll have to talk to everyone.”Whoa–she sounds like one truly miserable human being! It’s really difficult to understand people like that. Why bother attending if that’s how she feels? Sheesh…

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