Uno de los sectores motor del desarrollo de un país, es el sector de la vivienda. Sus indicadores visualizan la salud de las finanzas públicas, la capacidad de ahorro de las familias, el nivel de acceso al crédito que otorga la banca comercial y algunos beneficios como la generación de empleos, la activación de la economía en diversos sentidos –desde los primarios hasta los más complejos- y genera infraestructura social y urbana, que dan plusvalía a inversiones y a ciudades que han apostado por un modelo de desarrollo y sustentabilidad habitacional.

Además, el consumo familiar en el sector de la vivienda, es el único que genera riqueza real para los individuos y es un factor real de inversión y/o ahorro que genera siempre dividendos. En un sentido más macro, impulsa el desarrollo y ofrece estabilidad al sistema económico.

Sin embargo, la falta de planeación y las políticas de vivienda mal enfocadas económicamente hablando, pueden ser desastrosas para la sociedad, basta con recordar el crack de 2008, en donde todo el mundo fue rehén de las malas prácticas de vivienda e hipotecas en Estados Unidos.

En México, durante los últimos 9 años se dio un impulso considerable y un gran apoyo a este sector, por primera vez se duplicaron las inversiones gubernamentales para construcción de vivienda y el sector bancario apostaba por créditos alcanzables para cualquier mexicana; la vivienda en México, era alcanzable para cualquiera que deseara un hogar –se nos vendía-.

La realidad fue otra, cuatro constructoras de vivienda que fueron las que se vieron favorecidas con fondos federales, hicieron malos manejos financieros volviéndolas inviables bursátilmente. Además, inflaron el costo de las viviendas, crearon casas familiares de 38 metros cuadrados y los materiales usados en su construcción, de pésima calidad. Gobiernos estatales y municipales, otorgaron permisos de construcción para grandes complejos horizontales sin vías de acceso y sin los mínimos servicios que garantizaran un nivel de vida aceptable para las familias que habitarían estos complejos –la mayoría de escasos recursos-.

No omito mencionar que según cifras del INEGI, la cifra que representa las viviendas abandonadas en México, oscila entre los 7 y 9 millones de casas. Los motivos van desde la carencia de servicios públicos, la falta de espacios públicos de convivencia y la inseguridad, han propiciado que muchos de estos nuevos complejos, ahora sean pueblos fantasmas. La cartera vencida de los bancos, se elevó sustancialmente a raíz de este fenómeno.

Todo esto trajo como consecuencia una revaloración de la política de vivienda del gobierno federal, por un lado era reconocer la importancia de este sector para el desarrollo nacional y por el otro, no se podía seguir “consintiendo” a grandes empresas que construían “vivienda barata  e inservible”.

Esta revaloración se resume en cuatro medidas anunciadas el 6 de marzo de este año, que buscan impulsar este importante sector en el 2014:

  1. Aumentar la inversión destinada a créditos hipotecarios de 255 mil a 301 mil millones de pesos.
  2. El subsidio para la vivienda se incrementará de 8 mil a 12 mil millones de pesos a través de CONAVI, esto es un 50% más, para la gente que gana menos de cinco salarios mínimos.
  3. Se crean nuevos esquemas, programas e instrumentos de financiamiento hipotecario, desde permitir segundas hipotecas, como préstamos para mejoramiento y remodelación de vivienda.
  4. Para salvaguardar y asegurar que la nueva política de vivienda rinda los frutos esperados y potencialice el desarrollo nacional, la SEDATU  asumirá la función rectora y reguladora de las políticas públicas de vivienda, y se ha reestructurado la Comisión para la Regularización de la Tenencia de la Tierra (CORETT), para convertirse en el Instituto Nacional del Suelo Sustentable (INSUS).

¿Porque la importancia y necesidad de crear el Instituto Nacional del Suelo Sustentable?

En México, la irregularidad en la tenencia de la Tierra se estima en aproximadamente 8 millones de lotes. Cada año se estima que ésta crece en 90 mil adicionales. La CORETT, creada en la década de 1970, nace para atender la irregularidad existente, pero no para atacar de raíz el fenómeno de la irregularidad en la tenencia de la tierra. Lo que se propone a través del INSUS, es realizar una oferta de lotes para el desarrollo urbano y vivienda que sea accesible para la gente de menores ingresos, con la finalidad de que no se establezcan en lotes irregulares, mal ubicados, con escasez de servicios, y que además pueden estar en zonas de riesgo.

El INSUS además, generará y tendrá a sus cargo de acuerdo con el anuncio del Presidente, las Reservas Territoriales del país, para el adecuado  crecimiento  y desarrollo de las ciudades, de conformidad con su vocación de suelo, ya sea para vivienda o infraestructura necesaria.

A través del INSUS, se tendrá en el país una efectiva política de control del suelo, dando una solución integral que vaya de acuerdo con las metas propuestas por el Gobierno Federal, quien anunció inversiones por 4 billones de pesos para infraestructura y equipamiento. Inversiones que requerirán de suelo adecuado para su desarrollo, ya que el INSUS generará los mecanismos necesarios para aportar el suelo necesario, de forma ordenada, respetando el medio ambiente, de conformidad con el nuevo modelo de desarrollo urbano y regional.

Hasta este momento y al calor de los anuncios, parece acertado el modelo de política pública, el aumento de los apoyos y subsidios y, la reestructuración de las instituciones implicadas. En el mediano plazo, se podrá realmente ver lo acertado de estas medidas y el impacto en las familias que aspiran a una vivienda y en la reactivación de la economía de la sociedad mexicana.

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