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Notas sobre la traición: Camp en el MET

Camp una pequeña palabra de cuatro letras que se diluye entre los dedos al tratar de definirla. Desde su primera acepción en el siglo XVII, bajo el mandato de Luis XV en Francia; pasando por su definición y personificación de Oscar Wilde en el siglo XIX; el intento de aprehensión por parte de la filósofa Susan Sontag y, finalmente, llegando a la vivencia máxima en la más reciente exposición y gala del Costume Institute y el MET de Nueva York: Camp, Notas sobre la moda.

Para el curador Andrew Bolton camp no es un estilo en sí, si no tiene que ver más con una personificación, desde Alejandro El Magno, Coco Chanel, Leonardo Da Vinci, David Hockney, Mick Jagger, Miguel Ángel, Bette Midler, Cher, la corte francesa en Versalles; tiene que ver con la teatralidad. Así, donde más se refleja el espíritu camp fue en la caminata por la alfombra rosa en la glorificación del “personaje”, por lo que, Lady Gaga como embajadora del evento filántropo por excelencia, convirtió la alfombra en un escenario para mostrar que lo más importante no es la ropa o el estilo, sino la actitud. En un performance de 16 minutos con 4 estilismos, comenzó con un gran abrigo rosa que con la ayuda de 4 personas simulaba que se movía en el aire; después un vestido negro del que se saca una sombrilla y posteriormente un vestido rosa, tipo Barbie, para finalmente, terminar en ropa interior.

Al ser un sentimiento o una actividad, el camp es también una experiencia del mundo constantemente estética. Es un reto a la noción de buen gusto establecida el siglo XVIII “los cambios en la representación cultural del lenguaje visual están relacionados con los cambios de mentalidad de la sociedad” como decía Johann Joachim Winckelmann para justificar la aparición del “buen gusto” a partir de la copia grecorromana del arte y que más tarde se traduciría en la noción cursi del neoclásico. El camp es un sentimiento que se ha presentado especialmente en sociedades polarizadas, más si recordamos que a pesar de escoger las pelucas más extravagantes, Maria Antonieta perdió la cabeza en la Revolución Francesa o las extravagancias de Oscar Wilde terminó tristemente en la prisión. Actualmente, con la difusión de la imagen por medio de las redes sociales, el juego que se establece con los filtros de las caras participan de esa exageración del “mal gusto” que se lleva a su máxima consecuencia en eventos como los festivales musicales, donde la extravagancia de los “personajes” es aplaudida y copiada por los asistentes.

El camp es aquello que surge en la sociedad y sube, es antielite y, sin embargo, ha logrado establecerse en lo culposo: “el descubrimiento del buen gusto del mal gusto que puede ser liberador”, esta liberación es la que retoma muchas subculturas urbanas al final del siglo XX y que en el siglo XXI se establecen como discursos de igualdad, al ser las banderas gay, de lo travestí, de las culturas callejeras; en donde lo andrógino se establece como un ideal de belleza: “Lo más hermoso en los hombres viriles es algo femenino, lo más hermoso en las mujeres femeninas es algo masculino”, las fronteras de los géneros se diluyen en una serie de papeles ya que todo se convierte en un ser-como-representación-de-un-papel. Lo interesante es que por un lado parece un tema totalmente superficial pero al tener connotaciones políticas nos pone a todos al mismo nivel. Así, uno de los mejores representantes del término fue el productor y guionista Ryan Murphy -de series como Glee, Pose, American Horror Story- vestido a la usanza de Liberace.

La teatralidad puede ser vista de dos maneras, desde lo inocente y lo ingenuo, que sería lo más “puro”; sin embargo, al existir una concientización se convierte en “campy” que sería la copia a conciencia, es por esto que en su representación máxima se pierde demasiado al querer apelar a adjetivos como “sexy” o “bello” que van en contra de lo camp.

Camp es el optimismo de vestir representaciones de la comida, desde las latas de sopa Campbell de Warhol, hasta la bandeja de comida congelada o la hamburguesa que usó Katy Perry de Moschino, más que en ninguna otra de las exposiciones del Costume Design en ésta, el espectáculo es una parte sustantiva de la representación, ya que entre otras de sus contradicciones, el camp rechaza hasta cierto grado la idea del tiempo, pareciera que es totalmente atemporal, pero al mismo tiempo juega con la idea de negocio o lo nuevo, al presentar una parte de los vestidos dentro de vitrinas totalmente iluminadas resaltando su aspecto más frívolo.

Así, esta exposición busca abrir más preguntas que respuestas al exagerar el status quo, la pregunta a resolver sería “¿por qué no?” pero sin una concientización extrema del estatus quo, al ser una estética demasiado difícil de definir y que juega con múltiples adjetivos: ironía, humor, parodia, pastiche, artificial, teatral, exageración, extraordinario, especial, etc. El hablar sobre camp, tratar de definirlo, Sontag lo presenta como una traición, ya que se vuelve parte de lo más popular al estar en las redes sociales como una especie de fantasía donde se puede caer en la mediocre copia de un sentimiento.

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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