Entre los muchos chistes que se hacían del entonces presidente Echeverría, recuerdo aquel que refería su visita a la tumba del soldado desconocido bajo el Arco del Triunfo en Paris. Llegado a ese lugar, don Luis exclamó: ¡No somos nada!

Tan profunda expresión motivó de inmediato el registro de la nota por parte de los periodistas que seguían su visita, así como decenas de flashazos (todavía se usaban) para captar la escena. Sin embargo, después de unos segundos, el mandatario mexicano agregó: “Ni primos, ni parientes, ni amigos…”

Esa remembranza viene a colación porque para la prensa española y también para la sudamericana somos un país norteamericano. Por razones históricas de viejo cuño y por situaciones más recientes, los centroamericanos suelen referirse a México como “el coloso del norte”, a pesar de los intentos de Fox y Calderón de disfrazarnos de mesoamericanos.

Las circunstancias actuales han sido propicias para que los canadienses nos hagan ver que sus relaciones económicas con Estados Unidos no tienen semejanza alguna con las nuestras y, en todo caso, una leve vinculación. Lo que ha llevado a una querida y distinguida académica a comentar que la idea del gobierno mexicano de formar parte de Norteamérica, como una región con peso en la competencia mundial, como se pretendió con la suscripción del TLCAN, no ha sido sino un sueño guajiro.

Para rematar el asunto, hoy nos enteramos que el Twittero Mayor va anunciar la construcción de la pared que establecerá a las claras quién es quién.

En suma: no somos nada. Así que habrá que ir pensando en una identidad.

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