Look at a country like Burma, which only a few years ago was an intractable dictatorship and hostile to the United States… we have seen political reforms opening a once-closed society… if Burma succeeds we will have gained a new partner without having fired a shot”.

Barack Obama, mayo de 2014.

Myanmar para la comunidad, Birmania para los que recordamos la historia de un país que sufrió el peso de una junta militar.

Todo comenzó en 1989, cuando la junta militar decidió cambiar el nombre de Birmania (Burma, en inglés) por Myanmar, un año después de que miles de personas fallecieran a raíz de la supresión de un levantamiento popular. Hoy, 25 años después, Myanmar es visto como un país de muchas promesas, de apertura comercial, gobernabilidad, democracia y ciudades pacíficas.

Lo cierto es que el Myanmar democrático queda sólo en sus 7 “nuevos” caracteres y no en sus acciones reflejadas en los últimos años. Ejemplo de ello, la bien conocida historia de Aung San Suu Kyi, hija del padre fundador de la independencia de la nación, líder de la oposición democrática, condenada a arresto domiciliario y ganadora de un, 21 años retrasado, premio Nobel de la Paz.

Hoy, esta mujer se ha convertido en una voz que aún en los reflectores internacionales viene a callar, ya que aun cuando su partido logró estar presente en las elecciones del parlamento en 2012, y ella misma consiguió el asiento, su supuesta postulación a la presidencia en 2015 se vio truncada cuando el Comité de reforma de la Constitución le negó la posibilidad de ser candidata. Dejando en evidencia que en Myanmar, el activismo en pro de los derechos humanos y la democracia aún tienen un largo camino que recorrer.

Sin embargo su principal opositor, el General Min Aung Hlaing líder de la junta militar que gobierna hoy en día a ese país, comienza a mostrar su estrategia para obtener la victoria en las próximas elecciones promoviendo negociaciones de paz entre el Ejército Kachin para la Independencia (KIA, por sus siglas en inglés) y el gobierno central para la resolución de la guerra civil más larga del mundo.

A pesar de esto, existen otras caras de Birmania que aún no se han dejado conocer, no es casualidad que hace dos semanas el Secretario de Estado estadounidense, John F. Kerry, haya viajado a este país, cuando el líder Kachin en una visita previa a Estados Unidos solicitó que el gobierno estadounidense contribuyera a las negociaciones de paz del eterno conflicto.

Asimismo, el papel que juega Estados Unidos en la vigilancia hacia la transición democrática de Birmania se ha reflejado en las sanciones económicas, consulares y militares que han impuesto cada que se presentan graves violaciones a los derechos humanos, como el uso de niños soldado o la imposición de sanciones de trabajo forzado.

Para la administración de Obama, la jugada consiste en mostrar el triunfo de una política exterior exitosa, con la posible imposición de un moratorio que presione al gobierno birmano a acatar las recomendaciones de la comunidad internacional; el cese del Conflicto Kachin y violación a los derechos humanos; la restauración de los servicios de salud consecuentes a la expulsión de la organización humanitaria Médicos sin fronteras a principios de este año, el permiso para la apertura de una Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y hasta la reconsideración para lograr las pugnadas reformas a la constitución.

Lo anterior representa demasiado compromiso para una democracia en transición, pero los progresos que se han presentado en los últimos años y los beneficios prometidos por una potencia como los Estados Unidos, muestran la influencia que se puede tener sobre un país mediante el uso de la diplomacia pura. Queda por verse si la junta militar a cargo de este país decide abandonar el Birmania del pasado y progresar al Myanmar promesa del crecimiento y desarrollo asiático de manera autónoma.

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