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La imperceptibilidad del machismo

“No se nace mujer: llega una a serlo”, decía Simone de Beauvoir. Ya en ese tiempo, muchas mujeres tenían problemas para convertirse en seres libres y poco hemos avanzado desde entonces. Para la feminista, el principal problema que aquejaba al género femenino no era ideológico, sino económico. Lo sigue siendo.

No voy a profundizar en las grandes tragedias y profundas inequidades que desembocan en vidas de violencia para las mujeres. Ya es ampliamente conocido que hay regiones del mundo donde las niñas no tienen ninguna oportunidad a veces, incluso, desde el vientre de sus madres como en India, China y otros países asiáticos. Tan solo en Corea, se calcula que fueron interrumpidos el 30 por ciento de los embarazos en los que se identificaron fetos femeninos.

Ya nacidas, también hay numerosas prácticas que disfrazadas de tradiciones, atentan contra la humanidad y los derechos elementales de las mujeres. Por ejemplo, organismos internacionales calculan que entre 100 y 140 millones de mujeres y niñas han experimentado la mutilación genital femenina en el mundo. Tan sólo en África, cada año, tres millones de niñas podrían sufrir mutilación genital.

A esto se suman otras prácticas como el abuso sexual, los matrimonios forzados, crímenes relacionados con las dotes o con “el honor de las familias”; trata infantil y de mujeres; feminicidios.

Pero a pesar de la gravedad de estos asuntos, las grandes violencias, las del origen, permanecen invisibles. Son violencias que ni siquiera notamos porque son “normales” y son cotidianas. Porque cuando es lo común, deja de sorprender que las chavitas no estudien o que sean madres a los 14 años. Porque también es normal que sean las mujeres quienes se encargan de los hijos y de la casa y que reciban golpes si a sus dueños les parece que lo amerita. Quizá esto todavía nos indigna, pero hay inequidades que simplemente pasan desapercibidas hasta para el más consciente.

No ayuda que en la actualidad ser feminista está hasta mal visto y que frecuentemente se considera una lucha superada – ¿qué no hay mujeres líderes de países, al frente de las instituciones bancarias más relevantes, dirigiendo los grandes consorcios y transnacionales?- lo cierto es que las mujeres seguimos ganando entre 20 y 30 por ciento menos, por un trabajo igual al que desempeñan los hombres y lo peor es que los costos personales y sociales aún siguen siendo mucho mayores, cuando no insuperables.

Aún la mujer que ocupa el puesto 32 en el ranking de mujeres poderosas, Marissa Mayer, presidenta y directora ejecutiva de Yahoo!, tiene que soportar un trato distinto al que les brindarían a sus colegas masculinos. La historia es así: durante una junta de accionistas de Yahoo!, un hombre inició su intervención diciendo “Soy George Polis. Tengo 2.000 acciones de Yahoo! Soy griego, soy un viejo verde y tú eres atractiva, Marissa”.

La gracia del griego viejo verde, fue no solo celebrada por los presentes, sino ampliamente disfrutada en las redes sociales. Son esos machismos invisibles y micromachismos los que, a fuerza de costumbre, de pasar inadvertidas y de volverse comportamientos y actitudes aceptables, laceran diariamente el autoestima, la autonomía de las mujeres y, muy frecuentemente, sus oportunidades para alcanzar todas sus potencialidades.

Por eso, me pareció interesante la propuesta del Instituto de la Mujer de Costa Rica que con apoyo del Fondo de Población de Naciones Unidas, lanzó una página de internet con una guía para detectar el machismo.  En www.machistaenrehabilitación.com se propone tomar consciencia de las propias actitudes que hombres y mujeres mantenemos en detrimento del género femenino, algunos tan simples como que nos sorprenda que una mujer gane más dinero que su pareja; que pensemos que los hombres no deben ocuparse de los niños pequeños o que decidamos acudir con algunos profesionales como médicos o mecánicos de acuerdo a su género. No obstante, creo que el ejercicio de consciencia puede ir mucho más allá y analizar nuestras expectativas sobre los niños y niñas, o sobre nuestra familia y pareja. Igual que el machismo se reproduce por hábito y de generación en generación, la buena noticia es que puede eliminarse de la misma manera con cada vez más hombres y mujeres conscientes de que al final de cuentas somos diferentes, pero iguales.

Magda Coss Nogueda

Magda Coss Nogueda

Magda Coss Nogueda es Directora de 24-0 México, una asociación civil dedicada a la prevención de la violencia a través del arte. Es autora del libro Trafico de Armas en México (Grijalbo). Además es consultora en temas de prevención de violencia, cultura de paz y desarme. También es colaboradora de Noticias MVS con Jairo Calixto Albarrán y José Luis Guzmán.

Las opiniones expresadas en este artículo, son mi responsabilidad y no reflejan la posición de Centro Público al respecto.

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