En efecto Rodrigo de Souza, el magnífico Gael García Bernal, es un joven director de orquesta mexicano, que inició como violinista en una orquesta juvenil en Tepoztlán. La serie comienza cuando llega a ser el director de orquesta de la sinfónica de Nueva York, en una versión ficticia del venezolano Gustavo Duhamel y muestra diferentes relaciones que se ven dentro del mundo de la música clásica, más allá del snobismo con el que usualmente se identifica: la relación entre los músicos, la situación con los sindicatos, la búsqueda de financiamientos, las campañas publicitarias o simplemente la relación del día al día. “El Maestro” es un desastre en su vida cotidiana, pero se dedica a buscar “la sangre”, esa pasión que inyectan en cada una de sus presentaciones, la que lo mueve a continuar y lo que ve la gente más allá de todas sus excentricidades: llegar con un perico a los ensayos, tomar mate, su espontaneidad…

En 30 capítulos, 10 por temporada -en diciembre se estrenó la tercera-, te permiten detallar a cada uno de los personajes; así Rodrigo deja que su español aflore en varias ocasiones. Su influencia va más allá de algunas malas palabras, en dos episodios de la segunda temporada, durante una gira latinoamericana llegan a la ciudad de México -la ciudad natal de “El Maestro”- y tocan en el mayor santuario de todos: el Palacio de Bellas Artes. Antes de la presentación, vemos el detrás del telón y los pequeños detalles de la arquitectura art deco, Rodrigo se emociona al recordar la primera vez que asistió a un concierto ahí, de repente en su 75 aniversario, el “Huapango” de José Pablo Moncayo resuena de nueva cuenta, como aquel 15 de agosto de 1941 bajo la batuta del maestro Carlos Chávez, entre las paredes de mármol, Rodrigo se emociona en sus movimientos y después en los fragmentos de los murales. En dos capítulos, la serie producida por Amazon Prime, escrita por Roman Coppola, Jason Schwartzman y Alex Timbers, basada en el libro de Mozart in the Jungle: Sex, Drugs, and Classical Music de Blair Tindall, logra emitir la vibra de la ciudad de México, que la puso en la lista como uno de los destinos claves del 2016 en The New York Times, y que causa tanta curiosidad.

Esa misma curiosidad que trajo a vivir al músico Michael Nyman o que le ha abierto las puertas al diseñador Stefan Sagmeister y su recién estrenado Beauty Project.  Esta ciudad que a pesar de todos sus problemas: tráfico, corrupción, inseguridad, delincuencia; es un centro de sofisticación y de influencia: el soft power mexicano a todo lo que da.

Estos episodios son una invitación a la ciudad de México de Rodrigo, una ciudad de gran belleza e increíble atractivo turístico. Dirigidos por Roman Coppola se dan el lujo de mostrar calles de la ciudad, uno de los hoteles más emblemáticos, hablan de su arte y de la casa de Frida Kahlo, muestran el bajo mundo de sus barrios -pero también de la ética americana-; obviamente comen guacamole y beben mezcal. Rodrigo presume a Tláloc y la belleza de Tepoztlán al son del “Danzón no. 2” de Arturo Márquez, interpretado por niños en el atrio del convento.

El soft power no sólo se refleja en el concierto dentro del Palacio de Bellas Artes, sino en todas las cosas que van alrededor: los trayectos, los lugares, la sensación de bienvenida para los visitantes y su belleza -en el 2016 de los 35 millones de turistas que nos visitan 4 millones son estadounidenses-. Si consideramos que la presencia de México en Estados Unidos está creciendo más allá de las actividades gubernamentales, estos dos capítulos son una excelente invitación. A finales de los años ochenta el gobierno de Carlos Salinas de Gortari lo comprendió al grado de que la mayor moneda para establecer un tratado trinacional en América del Norte, fue mostrando el poderío cultural milenario de México y su comprensión de la cultura, desde la formación de CONACULTA, a la exposición “México: Esplendores de 30 siglos” en el MET, hasta la coronación de Lupita Jones como Miss Universo; el tratado no ha funcionado del todo ya que se veía como una imposición del gobierno, en cambio en los últimos años la llegada de personajes significativos mexicanos a las más altas esferas de influencia cultural se destacan en dos ámbitos, como lo remarcó Sagmeister en su conferencia en el Museo Tamayo: la gastronomía y el cine.

México es la inspiración de muchos chefs: es un factor de identidad, de cohesión social y de desarrollo; se han logrado establecer dentro de las listas de los mejores restaurantes del mundo. Mientras que Enrique Olvera se abre paso con Cosme en la Gran Manzana o la estrella Michelin de Carlos Gaytán, su entrada ha sucedido poco a poco. Por otro lado, en el mundo del cine, en conjunción con la gastronomía: “Como agua para chocolate” (1992), logró permear poco a poco, al grado que dos directores mexicanos han ganando el Óscar de manera consecutiva: Alfonso Cuarón y Alejandro González Iñárritu; la influencia de Emmanuel Lubezki en la fotografía; la fuerza con la que Guillermo del Toro no sólo empuja sus propias películas, sino también la producción de otros filmes como “El libro de la vida” (2014) de Jorge R. Gutiérrez, la colaboración con Daniel Kraus en el libro, y ahora serie en Netflix, “Trollhunters”, o su reciente exposición en el LACMA “Guillermo del Toro: At home with monsters”, ya quiero que llegué acá. Finalmente, la emoción que arrancó Salma Hayek y su adaptación del libro de Hayden Herrera: “Frida” (2002) en la presentación de un México lleno de sofisticación y extraordinario ambiente artístico que continúa enamorando con exposiciones como: “Paint the Revolution: Mexican Modernism, 1910-1950” en el Philadelphia Museum of Art o “Picasso and Rivera: Conversations Across Time” en el LACMA, ambas se exhibirán en el Museo del Palacio de Bellas Artes en este año.

Respecto a la presencia de Diego Luna en “Rogue One: A Star Wars Story” (2015) y su marcado acento “pocho”, el director Gareth Edwards le dijo “Estás aquí por tu acento, estás aquí porque eso te hace diferente y eso es lo que queremos en la película”, para la presentación de un producto inclusivo que se enfoca tanto al empoderamiento femenino como a la diversidad cultural, especialmente si consideramos que la Casa Blanca ha borrado su versión en español. Harley Shaike del Centro de Estudios Latinoamericanos en la Universidad de Berkeley, menciona: “el arte transciende las fronteras”.

El papel de Gael García Bernal no se reduce a un buen protagónico, que le ha llevado a ganar un Golden Globe en el 2016, sino también se presenta como un embajador de la cultura mexicana desde las personas en la producción a las que guió en su proceso de presentar una ciudad más allá de sus noticias más amarillistas, sino a todas las personas que ven la serie y les den ganas de visitarnos, así como traer lo que hay afuera por medio de la creación de la casa productora Canana junto a Luna y Pablo Cruz. México es un referente  mundial en cuanto a creatividad y energía, la cultura es la que permite crear puentes, esto es lo que nos presenta un futuro que va más allá de las complicaciones físicas y ¡Viva México cabrones!

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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