Mirar la mirada, pretexto para visitar la muestra de Santiago Rebull.

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Cuando visité la exposición “Santiago Rebull: Los contornos de la historia” en el Museo Mural Diego Rivera, la cual estará hasta el día 8 de febrero, me lleve una agradable sorpresa. En un ambiente entusiasmado con el término de “contemporáneo” ir a ver la  primera exposición individual de un artista de la Academia del siglo XIX no se escucha de lo más alentador, sin embargo, sus curadores David García y Magalí Hernández lograron encontrar aquellos pequeños recobecos que nos entusiasman en el “mundo contemporáneo”.

La exposición está dividida en tres núcleos temáticos: 1) su presencia en la Academia, como alumno, como profesor, como director; 2) sus retratos y, finalmente, 3)la influencia que tuvo en Diego Rivera, la cual sería el motivo principal de que nos encontramos con esta exposición en este espacio, mayormente dedicado Diego Rivera. Ir a las raíces de la creación artística de Rivera se vuelve un pretexto interesante para abrir la discusión en torno a temas relevantes, y me surgen una serie de interrogantes que encienden mi interpretación al discurso curatorial. La más interensante: ¿Cómo un pintor académico logró sobrevivir los ímpetus y las crisis de la escena política mexicana del siglo XIX y al mismo tiempo lograr airosamente retratar a Benito Juárez, Maximiliano de Habsburgo, Porfirio Díaz, entre otros?

Mientras que en el siglo XIX el retrato decimonónico de los gobernantes era un honor, hoy en día la imagen política es principalmente representada por la fotografía y, más específicamente por la fotografía para las campañas electorales. Tal y como comenta David Ross, “en la fotografía de un político la función fundamental es rendir y doblegar la voluntad del espectador, que quede magnetizado, como hipnotizado y quede convencido de que ese político, que está proyectando su esencia a través de esa imagen, es la mejor opción para votar por él”,  aunque en realidad el objetivo de las imágenes del siglo XIX y de hoy en día no son tan lejanas con la idea de “magnetizar” o “hipnotizar” al espectador, la realidad es que en el punto en que eran retratados en el siglo XIX ya eran “los gobernantes”, mientras que en la actualidad son “los aspirantes”. Sin embargo, podemos encontrar que su proyección en ambos casos es la presentación de un lider. Curiosamente, los retratos de Benito Juárez y Porfirio Díaz coinciden en el formato, un poco perfilidas, con fondos negros, para darles mayor solemnidad, el cambio más significativo nos los da la mirada, Juárez centrada y con el reflejo de los años, mientras que la de Díaz, siendo mucho más joven y esperanzadora, nos hablan de las emociones de estos personajes históricos.

Lo de airosamente podría ser una exageración, cuando en realidad sí tuvo un costo en su carrera como pintor. Mientras que con Benito Juárez fue Director de la Academia y renunció al negarse a firmar el pliego de adhesión y protesta al Movimiento Intervencionista solicitado por el gobierno juarista, durante el Segundo Imperio fue pintor de cámara y realizó una serie de proyectos como: la serie de Bacantes del Castillo de Chapultepec -se podría considerar como un antecedente del muralismo-, o ser el encargado de la creación de una galería de retratos dedicados a los héroes de la Independencia –para dar la idea de continuidad de sus principios-, o pintar el retrato del Emperador, de cuerpo completo con la mirada fija, que actualmente se encuentra en la ciudad de Trieste. Al final esto le costaría una disminución en el encargo de piezas por su acercamiento con el Imperio, sin embargo conservaría su puesto en la Academia, si sumamos su búsqueda a la perfección, problemas de salud y las duras críticas que recibió su trabajo en los años posteriores su producción artística no fue tan amplia como su técnica lo hubiera llevado.

Aunque para algunos todo retrato miente porque todo retrado posa para el artista, lo interesante de los retratos es encontrar los aspectos que hacen de cada retratado único y proyectar lo que piensa o lo que siente, ya que estas imágenes generan un sentimiento muy especifico. En este caso se refleja la salud, la soberanía o el poder. En una época con la saturación de retratos políticos impresos o en línea y la ingenuidad de ciertas cuentas en redes sociales, el tomarse el tiempo de admirar un retrato de otra época nos permite abrir nuestras púpilas a aquellos aspectos que buscamos en nuestros gobernantes, ahí es donde aunque sea en una reproducción, las imágenes hablan más que mil palabras.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

Una Respuesta

  1. Luis Rius Caso

    Gracias por el excelente artículo Ximena, y sobre todo por tu abordaje, desde una perspectiva contemporánea. Lo celebramos mucho en el museo y nos brindas muy interesantes elementos de reflexión.

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