Hay veces que nos imaginamos el dibujo como la más sutil de las técnicas. Pequeño, introspectivo, en muchas ocasiones casi perfecto para llevarnos a nuevas dimensiones. En el caso de la exhibición de Toba Khedoori (Australia, 1964), que se presentó el año pasado en el LACMA de Los Ángeles y ahora está en el PAMM de Miami, su creación es todo eso y más, es la posibilidad de perderse en un infinito de repeticiones, de espacios arquitectónicos, de objetos cotidianos, de ambientes atmosféricos -literal en las nubes- con una elegancia y maestría que nos recordarán a otra época, y que es capaz de trasladarlo a pequeñas pinturas casi monocromáticas.

Sus grandes pliegues de papel son piezas monumentales y reflexivas por todo el espacio que dejan libre, de primera intención; sin embargo, al acercarse y ver los detalles, todo es importante. El dibujo que está representado con gran maestría y minuciosidad flota entre brochazos que le dan la sensación de que mucho tiempo ha pasado, la ligera capa amarillenta de cera de abeja para barnizar y proteger son como contradicciones de lo delicado de los entrelazados; los bordes libres sin marcos es como si el dibujo se extendiera a las inmaculadas paredes blancas. Miniaturas gigantes expandidas.

Las personas parecen ausentes en el “instante” -si se pudiera decir así, ya que una pieza le puede tomar hasta un año en creerlas- que nos está mostrando y todo el espacio parecería que tiñe de ámbar, casi como si estuviera iluminado por la tenue llama de una vela, es como si nos transportará a otro tiempo. Incluso en la más corporal de sus piezas solo vemos un detalle, su brazo derecho dibujando, así como Velázquez pintando las meninas, nos muestra al artista en el momento de la creación.

Hay ocasiones que las exposiciones funcionan como máquinas del tiempo o del espacio, para llevarnos a otra dimensión diferente de la que hay afuera del cubo blanco. Incluso en una esquina de ladrillos o en un espacio enrejado ¿Será que en realidad somos prisioneros de aquellos espacios de los que nos queremos apropiar? ¿seremos prisioneros de las fantasías que se forman en esos espacios sin espacio, como las salas de cine o los infinitos departamentos? Dentro de las actividades del PAMM, se grabó a un niño preguntando ¿Porqué dibujar una ventana tantas veces? La respuesta fue para mostrar su habilidad en la repetición, cuantas veces se puede dibujar el mismo motivo igual y que cada uno tenga su propia personalidad, así que cuando te acercas todavía más puedes ver los trazos que han sido borrados.

Khedoori juega con la abstracción de objetos figurativos como si acercará una lupa a los detalles de los entretejidos de las rejas, o de las cuerdas o de las hojas. El contexto no es necesario en la pieza, nosotros construimos nuestro propio contexto. Así, que mientras parecen situaciones azarosas. Al contrario del entorno de donde vive la artista, Los Ángeles, sus piezas son silenciosas, incluso el sonido de los pasos parecen perturbar el ambiente contemplativo de sus piezas. Sientes como si algo estuviera a punto de suceder si se rompe con esa calma, en donde todos los elementos tienen una familiaridad la mesa y la silla, un tronco apoyado en una pared que no vemos, en una chimenea encendida. Esa sensación que ha caracterizado a otros artistas angelinos se muestra con una sutileza que recuerda a ciertos juegos visuales de film-noir o los pasillos eternos con una sensación de Hitchcock en “Vértigo”.

Para el crítico americano Jerry Saltz hay tres aspectos de la vida de Khedoori que resalta: primero, que vive en Los Ángeles, aunque nació en Australia; segundo, que tiene una hermana gemela, por lo que cuestiones de dualidad es un motivo recurrente de su obra; finamente, que su familia es originariamente de Iraq. Lo que inevitablemente me llevó a pensar en la película “Under the shadow” (2016) –se puede ver en Netflix- primer largometraje del director Babak Anvari, donde una mamá y su hija están luchando no solamente contra el terror de sobrevivir en medio de los bombardeos de la guerra entre Iraq e Irán en los años ochenta, de una sociedad fundamentalista, sino también contra un demonio “Djinn”, así cada uno de los objetos de los rincones del edificio donde viven se vuelven en detonadores de esa sensación de misterio constante y nada es lo que parece. Ambas creaciones comparten un aspecto exquisito del detalle, de esa tradición que se enfoca en la repetición de las formas ante la prohibición de la figura humana.

Nos convertimos en una especie de ánimas que visitamos las 28 piezas logramos ver una exposición, retrospectiva de su creación y, al mismo tiempo de su vida, es una pequeña descarga estética que trastoca toda nuestra cotidianidad, nos ofrece una nueva historia para ver el mundo.

Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

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