Los últimos años en nuestro país, se han visto marcados por la violencia generada por el crimen organizado y la llamada “guerra contra el narco”, misma que ha llevado a nuestro país a ser comparado con Estados fallidos a nivel internacional. Michoacán y Guerrero, se han convertido en el centro de atención por los altos índices de violencia que se generan en algunos municipios de estos Estados. La ingobernabilidad de la zona, ha creado una tierra sin ley.

Las malas condiciones de vida y la falta apoyo de los tres niveles de gobierno, han generado que esta zona de agricultores (24 municipios de Michoacán, 9 de Guerrero y uno del Estado de México) se conviertan en territorio del crimen organizado. El narcotráfico ha brindado a estas tierras, infraestructura y seguridad, ha conseguido reactivar la economía y además dar vida al campo mexicano, despojando de su competencia al Estado, pudiendo así, disfrutar de las maravillas del “mundo al revés”, donde se vive de lo ilegal, donde el crimen protege y administra a la comunidad.

El campo mexicano ha sido olvidado por nuestros gobernantes, parece ser, que es más factible seguir importando lo que podría producir el sector agrario, que dirigir políticas para apoyar a los agricultores de nuestro país. Este abandono, ha generado que miles de campesinos busquen ayuda del narco, obteniendo ganancias considerables y convirtiéndolo en el negocio familiar por excelencia y una opción de “auto-empleo”, donde participan padres, hijos y nietos, los futuros exportadores de narcóticos.

La falta de infraestructura en caminos y carreteras, hace aún más sencillo el funcionamiento de la estructura del crimen organizado, la cual parece no tener fin, cada vez se engrosan más las filas de éstos grupos, con paisanos que van en busca del sueño americano y regresan sin opción alguna, éstos terminan como productores de estupefacientes, sicarios o acaparadores. Para los habitantes de esta zona no existe más que apegarse a su realidad y buscar su beneficio.

Los grupos del crimen organizado, se han responsabilizado de la gobernanza de diversos municipios de Guerrero y Michoacán, apoyan económicamente en escuelas y sembradíos, ayudan a los pobres y reparten dinero a oficiales locales, federales y militares, “todo por el bien y desarrollo de la comunidad”. Si la autoridades se hubieran preocupado por el campo mexicano, promoviendo políticas públicas especificas para estos estados, quizá no viviríamos en el mundo al revés.

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