México nació como un sueño de profundo sentido ético. Un sueño en el que nos hemos visto como depositarios de las mejores esperanzas de la cultura occidental, las de un mundo por crearse, un lugar de armonía y felicidad en el que las instituciones fueran creadas para servir al hombre y donde las brutales diferencias que la historia había creado en Europa no fueran calcadas a la nueva realidad. Cuando vemos la situación de la sociedad mexicana nos avenimos a pensar que tal vez, que seguramente aquel impulso habría fracasado, pero en realidad, México necesita de escalas valorativas de profundo sentido social para construir su mañana. Los mexicanos nacimos como la esperanza de un mundo que pudo haber sido y en ello llevamos nuestra fatalidad y nuestro deseo. Por eso, toleramos a grados a veces infamantes el engaño de los políticos y los reveses de la historia, por eso nuestras constituciones son declaraciones de principios y programas siempre por hacer, además de textos operativos de la política y la convivencia pública.

Abordar las instituciones políticas y jurídicas no sólo como conjuntos de normas articuladas, sino como manifestaciones de una cultura incluida la ética colectiva, reporta, en lo inmediato ciertos beneficios; permite comprender los mecanismos creativos, el margen de obediencia debida y la imposibilidad de cumplimiento de algunas normas; representa, la posibilidad de explorar no sólo las causas y las razones de las normas, sino sus propios procesos creativos, su dinámica y su potencialidad.

Las normas que dieron vida a lo que hoy es México, reflejan la profunda tensión que vivieron sus protagonistas, divididos entre quienes querían ver cumplida la utopía y quienes sólo querían enriquecerse en el corto plazo; reflejan, su visión del hombre en el contexto del mundo, reflejan la lucha intensa de una Nación por estar a la altura de sus esperanzas.

La gran aspiración de la ética colectiva y de sus principios valorativos en México es, y seguirá siendo, la justicia. De ahí que nuestras transformaciones sociales y con ellas las valorativas y éticas tengan siempre este horizonte, pero también se trata de un problema cultural de fondo que, si pasa desapercibido para quienes crean y estudian las normas, deja de ser principio orientador; éste es la antinomia entre lo universal y lo local, entre lo occidental y lo latinoamericano.

Una Respuesta

  1. Tessa

    Jesse Jackson is crying. i ai1&8#2n7;t never seen Jesse cry. Not in all my years in Chi… ain’t never seen Jesse cry.and i can’t remember the last time i saw Oprah anywhere near regular black folks like she is now standing in Grant Park. i don’t think Oprah has stood in a crowd for anything in the last 25 years.let the chants begin:Yes We Can… Yes We Can…

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