La imagen que proyecta México en el escenario internacional es aquella de un país subdesarrollado en el que la violencia y la corrupción parecen característicos de la nación. ¿Puede ser esto una herencia del colonialismo?

Desde la caída de uno de los imperios más grandes de América, México aprendió a sobrevivir al dominio español. Aunado al impacto cultural y económico que involucró esclavitud y la explotación desmedida de recursos por parte de Europa, el pueblo mexicano tuvo que hacer frente a una forma de organización política y social completamente diferente. Incluso después de la independencia el país fue objeto de invasiones extranjeras. Después de la Revolución Mexicana y con la instauración de un “sistema democrático”, parecía que el Estado-Nación Mexicano se consolidaba finalmente. Sin embargo, ¿por qué el país tiene un déficit democrático? Quizás el motivo sea que México realmente ha tenido pocas ocasiones de experimentar la democracia. El pueblo mexicano estuvo acostumbrado por un largo tiempo a dictaduras aunque éstas no parecieran serlo. Actualmente, con la cantidad de información disponible y con las redes sociales la posibilidad de protestar ha cobrado fuerza. Sin embargo, el protestar y defender la democracia parece un instrumento de líderes políticos que vislumbran un camino al poder. La mentalidad del colonizado parece estar presente ante líderes políticos que “guían” al pueblo y que no son cuestionados por éste. Se protesta por el alza de la gasolina con saqueos que en absoluto afectan a las instituciones encargadas ni de la gasolina ni de la política del país. Se muestra enojo ante Donald Trump al llamar a los mexicanos criminales y la imagen que se presenta ante el mundo es la de una sociedad robando y asaltando como modo de protesta; parece contradictorio… Por el otro lado, el grupo político que se mantiene en el poder a base de corrupción, que se refugia en el fuero y que no provee soluciones a las problemáticas sociales, sanitarias y educativas del país parece estar en el papel de un nuevo colonizador. Puede ser entonces que ¿el pueblo mexicano sigue cargando con la herida de la colonización? El ser un país cuyos recursos fueron explotados por otros países, ¿nos mantiene dependientes aún en la actualidad?

De ser así, la mentalidad de “el colonizado” debe de cambiar. México no puede seguir cargando con la herencia colonial representada en falta de democracia, falta de cuestionamiento y dependencia del extranjero en cuestiones no solo económicas, sino también políticas… La grandeza de un país no debe de estar determinada en la historia pasada del mismo, sino en el esfuerzo continuo de la población por construir una nación merecida, no una nación impuesta. El modelo que cada nación establezca para sí misma, debe de ser a partir de necesidades y circunstancias propias, no a partir de necesidades impuestas y de circunstancias no generadas, sino adoptadas.

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