El mes de julio trajo consigo grandes controversias derivadas de la Reforma Energética, opiniones en contra y a favor de su aprobación que han acaparado la opinión pública dejando de lado un hecho que puede marcar profundamente el rumbo de la nueva reforma: La entrada en vigor del Acuerdo de Yacimientos Transfronterizos entre México y Estados Unidos, publicado en el Diario Oficial de la Federación (DOF) el pasado 18 de julio.

Durante la década de los noventa, a ojos de todos, las empresas estadounidenses comenzaron a explorar el Golfo de México, buscando de petróleo en aguas internacionales y a extrayendo el encontrado. Los vecinos norteños aprovecharon así los hidrocarburos presentes en su mar patrimonial y, quizá de paso, sacaron un poco de los que le correspondían a nuestro país.

Desgraciadamente, no fue sino hasta el año 2010 cuando se tomó la iniciativa de estructurar un acuerdo que regulara dicha situación y la volviera equitativa para ambas partes.

El resultado fue el Acuerdo de Yacimientos Fronterizos, que además de contener un marco de cooperación para la exploración y explotación de recursos en aguas internacionales, incluye un apartado sobre el flujo de información entre ambos países.

También atribuye competencias y delimita el campo de acción de las dos naciones, crea una Comisión Conjunta para diferir las dificultades surgidas con este tema, y designa un mediador para la solución de controversias, del que a pesar de no mencionarse la nacionalidad, es posible que sea elegido por los vecinos del norte.

El objetivo principal del acuerdo es que tanto México como los Estados Unidos puedan explotar gas y petróleo en donde les compete geográficamente, con la posibilidad de entrelazar los yacimientos. Además, respalda a los países jurídicamente sobre sus hidrocarburos y asegura una distribución equitativa de los recursos extraídos de los yacimientos transfronterizos.

Pero este acuerdo no sólo “evita” de cierta forma los conflictos derivados por la extracción de energéticos en el Golfo de México, también se convierte en un área de oportunidad para ambas naciones.

Para el Gobierno de los Estados Unidos es parte de su estrategia política en materia de energía, ya que la entrada en vigor de este acuerdo y la aprobación de la Reforma Energética en México, les traerá grandes beneficios al permitirles involucrarse mediante sus empresas petroleras en proyectos de colaboración con PEMEX.

Por tanto, el acuerdo de yacimientos entre los Estados Unidos y México, es muy alentador para ambas partes. Sin embargo, esperemos que la buena voluntad de la administración Obama continúe, y el Estado Mexicano sepa aprovechar la oportunidad que se le presenta.

Esperemos que este tratado no sea sólo una forma de amarrar al Estado Mexicano en cuestiones energéticas y se encuentre un modo de que nuestro país sea beneficiado con él. No vaya a ser que Estados Unidos nos deje vestidos y alborotados.

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