Why a lobster? Because lobster
live for over one hundred years
Are blue blood like aristocrat…
and stay fertile all their life
I also like the sea very much
I water ski, swim quite
well since I was a teenager

David, The Lobster, 2015.

Después de 44 días de soltero y célibe tienes una última oportunidad de apreciar algo que realmente te guste hacer como humano: leer una novela, ver una película, escuchar una sinfonía, la noche antes del “procedimiento”. Primero será sedado, después despojado de aquellas partes que no le sean necesarias para la “transición” y que puedan ser ocupadas para fines médicos como: transfusión de órganos o sangre. El día 46 comenzará una nueva fase: una segunda vida como animal. Esta es la premisa del más reciente largometraje, el primero en inglés, del director Yorgos Lanthimos (Grecia, 1973), el cual se presentó en el Festival de Cannes y ganó el Premio del Jurado: La Langosta (2015).

Protagonizada por Colin Farrell (Irlanda, 1976) y Rachel Weisz (Inglaterra, 1976), la trama está situada en una sociedad distópica y absurda, divide en dos grupos: los que tienen pareja, viven en la ciudad y son legalmente reconocidos, y los que no quieren-pueden-necesitan una pareja, viven en el bosque y son literalmente cazados por los que se encuentran en un punto intermedio, los huéspedes de un “hotel” en el que su “futuro los alcanzará”. Es una película romántica, no obstante, por las condiciones en las que se presenta es necesario pensar en las connotaciones políticas que se plantean, por las leyes de estar emparejado –ya sea heterosexual u homosexual, porque la bisexualidad fue dada de baja- o la idea de la resistencia por las limitaciones de elegir cómo vivir en el mundo, en una sociedad basada en mentiras, evasiones, locura, odio y esquizofrenia. Ahí nos encontramos a David, en un momento de transición después de haber estado casi 12 años casado, ahora tiene 45 días para encontrar a su otra mitad.

Es una historia sobre la persecución del amor, totalmente sorprendente, porque, cuando se dan todas las condiciones para encontrarlo pareciera casi imposible, y cuando se supone que no debiera de sentirlo se le pone enfrente. Lo interesante es que hoy en día se crean n cantidad de algoritmos que tratan de buscar las parejas perfectas: por locación, por intereses, por preferencias sexuales, etc. Entras en una aplicación y por medio de una serie de preguntas se te presentan las opciones para conocer a alguien, sin embargo, el acercamiento en estas situaciones resulta completamente perturbador y anormal, ya que el inicio de la conversación pareciera una entrevista de trabajo, después una exploración para encontrar un punto en común y hay veces que incluso ese punto no es suficiente para estar juntos más allá de unas cuantas semanas. Por lo que, de entrada, aunque parece totalmente inverosímil la trama de la película, la realidad es que la búsqueda de no estar sólo se ha vuelto casi casi en una actividad primordial de la vida contemporánea, con reglas absurdas en las que no se cuestiona cómo son las cosas y justo es ahí donde la película da en el clavo de su relevancia, en palabras del crítico inglés Robbie Collin en The Telegraph: “Buñuel para un mundo post-Tinder”.

En efecto, sí hay partes de la sociedad donde la división entre tener pareja o ser soltero pareciera un abismo entre dos mundos sin posible punto de encuentro. La trama de la película enfatiza constantemente la importancia del otro: para bailar, para comer, para andar en la calle, incluso los brazos vienen en dos; se enfoca en la importancia de compartir la vida con alguien, lo curioso es que en ambas partes de la sociedad hay una necesidad por el otro para poder salir adelante y es ahí donde en esta historia los papeles femeninos son totalmente poderosos -cosa que afirman mis conocidos que han entrado a esas aplicaciones de citas- desde posiciones jerárquicas, hasta en la toma de decisiones; aunque el único personaje que tiene nombre es David, las mujeres son las que empujan la trama. Uno de los personajes principales, como catalizador de situaciones ridículas, es la mucama, Ariane Labed (Grecia, 1984), quien acompaña al protagonista por los dos mundos, suponemos que tiene su propia historia y sus propios intereses y que no sabemos pero podemos intuir.

Es una película de terrible violencia psicológica. Como buena sociedad distópica opresora, los sentimientos son reprimidos al grado que el ritmo cinematográfico es constante y monótono; las reacciones son frías, despiadadas y crueles, en su mayoría y, sin embargo, el ritmo cardíaco de los espectadores son los dan la intensidad a las escenas siniestras, no es necesario ver cuando el personaje de John C. Reilly (Estados Unidos, 1965) nos describe el “procedimiento” de transformación a animal, por decir lo menos. Es intimidante ya que siempre se espera la “gran escena”, incluso al final yo me tuve que tapar mis ojitos. La rebelión no viene con un grito para que todos lo escuchen, la rebelión proviene de una decisión personal, expresada por un código que sólo los protagonistas entienden.

Es una película sin un despliegue de tecnología mayor que la propia imaginación, que es la que complementa aquellas partes indefinidas o abiertas para dotar de un cierto sesgo poético hasta la aparición de especies inverosímiles en el bosque.

Es una película que genera emociones encontradas, desde un gusto por lo mórbido y lo cruel de la humanidad, como si fuera algo normal o realmente odiarla por todos los detalles: cómo se cuenta la historia, como se comportan los personajes, cómo se muestra el bosque, que en lugar de dar la sensación de un lugar abierto, la atmósfera se siente igual de opresora que el hotel-cárcel por la falta de intimidad y vigilancia constante. Ese sería otro punto realmente desconcertante, en el que hoy en día, con las redes sociales ya no hay lugares íntimos, ni privados, todo está en el escrutinio de una sociedad donde se castigan actitudes que resultan totalmente humanas de una manera natural, si es que existe ese término.

Finalmente, resulta casi imposible poder describir la experiencia estética, bellamente fotografiada por Thimios Bakatakis (Grecia, 1970) hay muchos detalles que son totalmente disfrutables; de una frescura narrativa para pensar y comentar más allá de la sala del cine;  con un toque de humor negro, tétrico y trágico donde al final, el triunfo del amor pareciera una solución muy natural -otra vez- es un acto puro de la imaginación del director.

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Sobre el autor

Ximena Apisdorf Soto

Ximena Apisdorf Soto

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Maestra en Arte, con especialidad en Art Business por la Universidad de Manchester y egresada de la Licenciatura en Arte por la Universidad del Claustro de Sor Juana. Se enfoca en la creación de mejores relaciones para el intercambio de instituciones nacionales e internacionales. Actualmente, trabaja para el Barroco Museo Internacional, el cual será inaugurado en 2016 en Puebla y como consultora de relaciones internacionales con las asociaciones como la Asociación de Directores de Museos de Arte (AAMD por sus siglas en inglés) y Bizot para el Museo del Palacio de Bellas Artes. En 2014 fue coordinadora operativa de la 2da. Bienal de Arte Veracruz, para la creación y difusión de artistas del estado. Desde el 2011 se ha especializado en arte contemporáneo latinoamericano y su difusión en las plataformas digitales como fundadora y editora del blog Tildee.info. Escribe para las publicaciones especializadas: Flash Art, Revista Código, Artishock, entre otras. Ha trabajado en instituciones públicas y privadas, enfocada en la coordinación estratégica, operativa y de comunicación; tanto en México como en Estados Unidos; entre los que destacan: el Museo Nacional de Arte, el Museo Tamayo, Proyectos Monclova, I-20, Casey Kaplan Gallery, Prospect 2.5. Ha impartido clases para la Suprema Corte de la Nación (2007) y el Instituto Realia (2014). En el 2008 curó y coordinó la primera exposición de arte contemporáneo en el Museo Diego Rivera Anahuacalli: “Elefante Negro: Arte Contemporáneo”, en la cual participaron 21 artistas de 10 nacionalidades diferentes.

4 Responses

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    This is hands-down my favorite film version of Jane Eyre, and I saw and liked the 2006 miniseries.I love this Jane Eyre like I love the 1995 Sense and Sensibility. The similarities between them are striking in that both screenplays omit a great deal from the book and even have entirely invented additions, but because they’re so true to the spirit of the original, and because they stand alone as well-crafted films, I didn’t mind the changes. At all.

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