El pueblo siempre ha peleado las guerras de sus líderes, si bien en ocasiones éstas coinciden con los intereses y el bienestar del mismo, los intereses de las clases que ostentan el poder son aquellas que deciden cuándo y por qué debe de iniciarse una guerra. Sin embargo, los mecanismos del conflicto armado se han transformado, así como la magnitud de sus efectos, ocasionando una normalización del conflicto para las élites políticas paralela a un sentimiento de incertidumbre y miedo constante por parte de todos aquellos que se encuentran al servicio de las élites; ¿existe un modo de romper dicho ciclo vicioso?, y ¿para quién sería deseable su ruptura?

El uso de la bomba atómica como medio de intimidación y coerción modificó los mecanismos tradicionales de la guerra en términos militares debido a sus devastadores efectos. La rapidez y magnitud del daño dejó claro que la guerra en sí constituía ahora más que nunca un mecanismo sumamente letal, global, y sin la más mínima consideración por la vida humana. Es verdad que la guerra es un proceso social probablemente inherente al ser humano, sin embargo, el caso más reciente en el que un líder haya marchado con sus tropas al frente se remonta al zar Nicolás II a comienzos de la Primera Guerra Mundial. Desde la invasión soviética a Afganistán y la estadounidense a Iraq, llegando hasta la actual guerra civil en Siria, ha quedado claro que los mecanismos actuales de la guerra ni siquiera utilizan ya los discursos nacionalistas típicos de los Estados Nación, sino que apelan a otros tipos de incentivos aunados a la incertidumbre y al miedo, tales como permisos de residencia y nacionalidad por ir a una guerra…

Otra característica a destacar es la intermitencia del sistema; en este sentido las situaciones de tensión como la situación nuclear Estados Unidos-Corea del Norte, en vez de ser crisis momentáneas cuyo desenlace se espera próximo, permanecen en un estado de intermitencia que si bien conlleva la posibilidad del inicio de una guerra, al mismo tiempo la hace parecer irreal debido a que la situación se ha mantenido ya en cierto estándar por una cantidad considerable de tiempo.

Otro factor importante que ha pasado a formar parte de los nuevos mecanismos de guerra es el terrorismo, principalmente después del atentado en territorio estadounidense del 2001; independientemente de si éste es método, pretexto o razón suficiente, se constituye como otra de las características de las nuevas técnicas de la guerra. Más aún, es probable que gran parte de los conflictos futuros conlleven estrategias de ciberataques paralelas a las militares. Mientras más recursos y capital necesite y haga circular la guerra post-moderna más refuerza su carácter de negocio estratégico y de impulsor de la economía de las élites. Esto no significa que nunca haya sido así, simplemente que en la actualidad resulta quizás más evidente.

Por el otro lado, la normalización de los conflictos ha disminuido las posibilidades mediáticas de que ocurra una tercera guerra mundial; esto no significa que los actuales conflictos políticos no lo sean, sino que simplemente mediáticamente no se definen como tal. La coalición formada durante la Guerra del Golfo, incluyó aproximadamente a 30 países (Lorenz, 2003), y sin embargo la sensación social y la percepción política del conflicto se “localizó”, no se mediatizó como un conflicto internacional. Esto constituye una paradoja, dado que la globalización precisamente ha puesto los conflictos internacionales “al alcance de la mano”, y sin embargo la percepción de que éstos son acontecimientos aislados que no afectan al sistema en su conjunto continúa siendo la predominante. ¿Acaso nos enfrentamos a una des-politización globalizada?

A modo de conclusión, puede establecerse que los mecanismos de la guerra se han transformado de tal modo que refuerzan el carácter de negocio para las élites que ésta tiene. La mediatización ha generado que se tenga mayor conocimiento de los acontecimientos pero a la vez menos interés, dado que la sociedad se ha acostumbrado a situaciones de intermitencia que no deben de interrumpir la vida cotidiana. Los métodos han cambiado, sin embargo el ciclo vicioso no se ha roto. Guerra al servicio de las élites y por el bien de la economía…


Fuentes de información: Lorenz, J. (2003). The coalition of the willing. Recuperado de: https://web.stanford.edu/class/e297a/The%20Coalition%20of%20the%20Willing.htm

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