Y si bien tenemos abundancia informativa en torno a dichos sucesos, no contábamos, hasta ahora, con detalles sobre la vida y gustos de ese delincuente, hasta hace poco considerado el más peligroso y buscado en el mundo.

Hoy me enfoco a tal ángulo, tomando apenas unos retazos que se han filtrado entre las noticias en el contexto de su perfil delincuencial y sicótico.

Podría decir, entonces, que se trata a todas luces de un egocéntrico irredento, lo que se evidencia en su pretensión de promover la producción de una película sobre su vida, cuando andaba, literalmente, a salto de mata. Muchos, incluso, dicen que esa fue su perdición, pues su intercambio con actores y productores mexicanos y extranjeros contribuyó a su reciente detención.

De la misma manera, queda en evidencia su naturaleza gregaria, que lo llevó a festejar las fiestas de fin de año con familiares y amigos, a pesar de que sus compinches le habían recomendado no hacerlo a fin de evitar que quienes lo buscaban con denuedo lo detectaran y apresaran.

Sabemos, por igual, de su inocultable machismo, que se expresa en sus encerronas con grupos de mujeres, pese a que él diga que sin alcohol –pues, asegura, no lo consume–, aunque sí parece tener un uso habitual de testosterona, como se comprobó en las cajitas que aparecieron por aquí y allá en las casas donde pernoctaba.

Su desaliño salta a la vista, ya que usualmente aparece en las fotos, o en las imágenes de video que él mismo ha grabado, en una entre rara y fodonga vestimenta. Eso sí, al parecer los tenis son la prenda de su predilección, lo que nos lleva a imaginar que posee toda una colección.

También quedamos enterados de su gusto por la comida, lo que se evidencia en su obesa fisonomía y en las camisas desfajadas que porta, por donde asoman, de paso, camisetas mal planchadas. Y qué decir de las seis cocineras a su servicio, sin que necesariamente se trate de gourmet. Si acaso, muestra cierta predilección por la comida oriental, pero de la seriada comercialmente.

Las andanzas de Joaquín Guzmán Loera revelan, también, su preferencia por habitar casas y hoteles en zonas urbanas y cómodas en lugar de pueblos alejados en áreas rurales. A esas sólo acudía para huir y esconderse.

No puedo dejar de mencionar, finalmente, lo que me dicen un par de amigas mías en el sentido de que el Chapo guarda “cierto parecido o aire con Pancho Villa”, pero… “¡en feo!” ¡Ah!… y así sea simbólicamente, aluden ellas a su capacidad de adaptación al tránsito en cañerías y drenajes, punto en el que coincidimos, pues es por esos conductos donde transitan mezcladas la fauna nociva, los desechos y el excremento.

En todo caso, y más allá de tanta menudencia, lo importante y plausible es que el gobierno federal logró su reaprehensión. Y eso hay que reconocerlo.

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Sobre el autor

Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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