Marion Fayolle

Acaban de empezar las vacaciones de verano, esos largos meses en que los padres y los maestros se preocupan por todas las cosas que los niños olvidarán antes de volver a la escuela. Las fracciones que no podrán multiplicar o las capitales estatales que no identificarán. Esto se conoce como “pérdida de aprendizaje”.

Se supone que el olvido es la antítesis del aprendizaje y, ya sea que se trate de un niño o un adulto, a la mayoría de nosotros nos avergüenza no poder recordar un nombre o un hecho. No obstante, resulta que olvidar nos puede ayudar a adquirir más experiencia, y si aprendemos nuevamente algo que no podíamos recordar, suele pasar que lo entendemos mucho mejor.

La idea de que el olvido es una virtud educativa data de hace un siglo, o tal vez más. En una serie de estudios, el psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus descubrió que cuando reaprendemos información, es más probable que la recordemos en el futuro.

La investigación explica por qué olvidar logra estimular la memoria. Nuestros recuerdos no se van volando como las golondrinas. Lo que sucede, más bien, es que nuestro cerebro vuelve algunos recuerdos más o menos accesibles. Algunos datos, como el nombre de un amigo cercano, nos vienen a la mente con facilidad. Otros detalles, como el color de tu habitación de la infancia, están almacenados en las profundidades del cerebro y son mucho más difíciles, si no es que imposibles, de recuperar.

En este sentido, un recuerdo olvidado es muy parecido a un archivo antiguo en la computadora. Si bien el documento todavía existe, no está tan a la mano y, hoy en día, muchos investigadores de la memoria ni siquiera usan el término “olvidar”. El término implica que la remembranza es imposible. En vez de esto, olvidar es más bien un “fallo de recuperación”.

Más allá del ocasional resbalón de la memoria, la estrategia cerebral de olvidar nos sirve bastante y nuestros fallos de recuperación nos ayudan a eliminar información que, en realidad, no necesitamos. Imagina cómo sería vivir con una biblioteca interminable de datos que pudiéramos recordar fácilmente; sería abrumador: fechas, nombres, números telefónicos —todos esos datos estarían siempre ahí, de acceso inmediato—.

“No queremos recordarlo todo”, dijo Robert A. Bjork, un investigador de la Universidad de California, en Los Ángeles. “Uno quiere recordar dónde estacionó el auto hoy, no ayer ni hace una semana”.

En este modelo de olvido, cuando extraemos un detalle del almacenamiento a largo plazo del cerebro, se vuelve más fácil de recordar en el futuro. “Para recordar algo importante, hay que seguir experimentándolo”, dijo Bjork.

Así que si quieres recordar dónde dejaste el auto estacionado hoy, practica recordar esa ubicación específica. Si quieres enumerar con facilidad los nombres de las capitales estatales, asegúrate de recordar con regularidad esa información.

Nuestro cerebro está construido para fomentar que olvidemos y recordemos cosas, según un artículo que se publicó recientemente en la revista Neuron. En el artículo, los investigadores argumentan que muchas de las células cerebrales asociadas con la memoria promueven activamente la pérdida de memoria. “El crecimiento de nuevas neuronas parece fomentar el olvido”, afirmó el investigador Blake Richards. “Si añadimos nuevas neuronas, el cerebro logra sobrescribir memorias y borrarlas”.

Los beneficios de olvidar van más allá de los hechos o incluso de las células cerebrales, y cuando reaprendemos algo que hemos olvidado, a menudo adquirimos formas más profundas de entendimiento. Pensemos en la famosa descripción literaria de Marcel Proust cuando muerde una magdalena, en ese momento, no es solo “una remembranza” sino una manera efectiva de adquirir experiencia.

Hasta cierto punto, el valor de olvidar es evidente y cuando la gente se vuelve a involucrar en un área de experiencia, tiene más perspectiva. Tiene mayor capacidad de identificar las conexiones.

Del mismo modo, las memorias débiles pueden mejorar la comprensión. Los investigadores Neechi Mosha y Edwin Robertson demostraron que una remembranza débil puede facilitar la resolución de problemas. “Si la memoria es muy rígida, uno puede perderse el bosque conceptual”, comentó Robertson.

Los estudios demuestran que olvidar puede promover un mejor razonamiento. En un estudio que se publicó en 2011, un grupo de psicólogos le dieron a los sujetos una prueba de resolución de problemas que se conoce como la “prueba de asociaciones remotas”, la cual requiere que un sujeto lea tres palabras (como “pulsera”, “despertador” y “digital”) y luego encuentre una palabra que tenga relación con los tres conceptos (“reloj”).

Los investigadores añadieron un giro inusitado a la prueba y les dieron a los participantes una capacitación “engañosa”, al darles pistas erróneas antes de hacer la prueba. Los resultados demostraron que la gente tenía que sacar la asociación errónea de su mente para resolver el problema. La “cognición creativa”, escribieron los autores, “podría basarse no solo en la capacidad de recordar, sino también en la capacidad de olvidar”.

Benjamin Storm, psicólogo de la Universidad de California, Santa Cruz, dirigió el estudio de 2011, y ahora se toma muy en serio la idea del olvido. Si Storm escribe un artículo, comienza lo más pronto posible para tener tiempo de releer lo que escribió. De manera similar, lee los artículos importantes dos veces, haciendo una larga pausa entre ambas lecturas para poder sacar el mejor partido del texto.

No recordar tiene varias desventajas. Olvidar puede tener consecuencias incómodas. Después de que a Justin Bieber se le olvidó la letra de su popular canción “Despacito” en mayo, la reacción fue violenta, y TMZ incluso sacó una nota titulada “Justin Bieber, No Hablo Espanol”.

Además, no se puede dejar pasar mucho tiempo para recordar algo o luego se volverá muy difícil recuperar ese detalle de la memoria. Esto explica por qué, después de todo, los padres y los maestros tienen razón en preocuparse por la pérdida de aprendizaje durante el verano. Si un estudiante no ha recordado un hecho matemático durante meses, será difícil que lo recuerde al iniciar el nuevo año escolar.

A pesar de ello, olvidar puede ser un impulso crítico para el aprendizaje. La experiencia es lo que llena nuestros vacíos de memoria. Una pérdida de memoria puede ser una ganancia de aprendizaje. En su canción “Sorry”, Bieber cantaba que quería one more shot at second chances (un intento más de segundas oportunidades). Por lo menos en lo que respecta a aprender y olvidar, está en lo correcto.


Fuente: NYTimes / Ulrich Boser

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