16 de septiembre, ¡el día en que todos los mexicanitos de a pie celebramos la “independencia” de México! ¡El día en que todos volvemos la cabeza hacia papá Hidalgo y pretendemos que, en algún momento, la historiografía fundamental de los libros SEP nos sirvió de algo en la vida! Pero también, a pesar de las celebraciones, ¡el día en que más del 80% de la población, a la cual perteneces, no podría llamarse, técnicamente, “mexicana”!

¡No te estoy regañando, culpando o aventando mierda encima, lo prometo! Sólo te diré que quizá lo que celebras, a los ojos de papá Hidalgo, sería un desliz propio de un francés inicuo que cree que puede hacer todo lo que se opone a Dios y al prójimo; eso y, creo, mucha de la población ni siquiera debería estar invitada a celebrarla.

Y es que, para papá Hidalgo, como para todo buen señor que se precie de serlo, este país nuestro debería ser no una república, sino un reino; lo que me hace preguntarme: ¿no nos equivocamos al seguir el modelo estadounidense-francés? Digo, en teoría nos convertimos en una república, algo que en 1810 sólo podía perdonársele a la Serenísima República de Venecia y, eso, porque tenía demasiados dineros y artistas para defenderla.

Siendo así, al menos en este punto no llegamos al fin propuesto por a quien osan llamarle —denostando la figura de Don Porfirio— el “Padre de la Patria”.

Y esos mismos que mitifican la imagen del cura Hidalgo… ¡esos! ¡Ni siquiera tendrían por qué estar al mando de nuestros destinos como ciudadanos: pues se supone, en principio, que este reino debería estar gobernado por criollos, pero, sobre todo,por un Congreso de individuos doctos e instruidos que sostuvieran los derechos del Rey de España sobre estas tierras! Y esto, querido, no lo digo yo sino el cura guerrillero que orquestó el primer golpe fallido contra el gobierno virreinal.[1]

Así que revisa de nuevo tu ascendencia y dime si podrías llamarte “mexicano”. ¡Porque no intento ser incendiario sino sólo revisar algunos documentos con el fin de hacerte reír! ¡Porque a quién no le gusta reír aún con el peso de miles de impuestos sobre los hombros!

Y ese es otro asunto: en algún momento se ocurrió inventar impuestos hasta por trabajar… y no me negarás que te has preguntado “¿qué rayos es, por ejemplo, el Impuesto Sobre la Renta?” ¡Porque yo me lo he preguntado y no puedo llegar a otra conclusión más que le pago al gobierno porque le rento el aire que respiro, ocupo el espacio donde trabajo y, en fin, le pago porque existo! ¡A papá Hidalgo y a mamá Morelos les horrorizaría el asunto!, ellos establecieron que:

“cada individuo sea el único dueño del trabajo de sus manos y el que deba lograr lo que lícitamente adquiera para asistir a las necesidades temporales de su casa y familia; la misma que hace que sus bienes estén seguros de las rapaces manos de los déspotas que hasta ahora os han oprimido, esquilmándoos hasta la misma substancia con gravámenes, usuras y gabelas continuadas.”[2]

Y, lo siento, pero yo veo en la mayoría de las gentes que nos gobiernan a déspotas con manos rapaces que viven en lugares exclusivos y se enriquecen más de lo debido: ¡godinez que sólo sirven para firmar y sellar papeles; irse de farra los fines de semana y recibir elogios con deferencia: “sí señor diputado”; “¡bonita corbata, señor gobernador!”; “¡un copete estupendo, señor presidente!” ¡Eso sí… los que vemos en la tele no son los de las manos rapaces, esos están detrás! ¿O tú, ciudadano común y corriente, habías escuchado del tal Gutiérrez de la Torre antes del escándalo en el PRI-DF? ¡Yo tampoco!

¡Pero vamos, no todo está perdido en este país que, pese a los errores garrafales de su historia, aún celebra el aborto espontáneo donde quiso nacer! ¡Tenemos igualdad nominativa y de cultos! Digo lo primero porque todos podemos decir que somos “mexicanos”, aun cuando en la práctica nosotros mismos nos distingamos “en calidad”. Y, digo lo segundo, porque… no, esperen ¡eso tampoco le gustaría al Padre de la Patria!

Para nuestro señorito Hidalgo, así como para todos los artífices del movimiento Independentista, eso de la “libertad de cultos” era una brujería protestante para desestabilizar a la población.

Sí, eso implica que tú, con tus estampas de “Pare de sufrir”; tú, con tu falda larga o traje barato de “Testigo de Jehová”; tú, con tu colguije de hare krishna y tus asquerosas costumbres veganas; tú, con la “Biblia” en una mano y con el “Libro del mormón” en la otra; tú, con tus ropas blancas y tus collares de santero; tú, ateo sin remedio o agnóstico hipócrita, tú serías una vergüenza como persona y, sobre todo, no podrías considerarte como una persona de bien que pueda llamarse ni “mexicano” ni “americano”, si a esas vamos.

Pues el cura Hidalgo y sus secuaces establecían que “en punto de religión, nada se toca, porque debemos seguir la que profesamos.”[3] Y, además, “que la Religión Católica sea la única, sin tolerancia de otras”[4].

Y “la que profesamos” se refiere exclusivamente al catolicismo; así que, ¡revisa tu catálogo de creencias y dime si eres o no eres católico! ¡Pero católico de verdad: así con Biblia, Tradición, Papa y Magisterio! Si no, lo siento, pero tampoco podrías celebrar la Independencia de México. ¿Crees que exagero? ¡Pues no!

Incluso si avanzamos en el tiempo, en las ideas y llegamos hasta la entrada del Ejército Trigarante a la Ciudad de México el 27 de septiembre de 1821 -día de la consumación de la Independencia; pero, graciosamente, olvidado porque quien entró a la cabeza del ejército y quien propició que se firmaran los tratados de la verdadera independencia mexicana fue un monárquico, conservador y católico. ¿O ya te olvidaste de los significados de esa primera bandera mexicana?-; incluso ahí, se puede notar el gran revés que somos frente al México imaginado por los independentistas.

No creo, entonces, ni conveniente ni honorable que alguno de nosotros celebre una independencia que, quizá, no le corresponda. Pero, tampoco creo que no debamos celebrar nada; sólo digo que, si celebramos algo deberíamos saber qué estamos celebrando.

Porque, si bien festejamos que nuestro país es independiente y soberano, también deberíamos revisar –quizá de una forma menos lúdica que como lo hice aquí- si hemos conseguido o no las metas que los padres de esta nación se plantearon.

Aún nos falta mucho y, parece, nos hemos desviado también bastante del camino. Las decisiones de los hombres del pasado nos han vuelto una mezcla indescifrable de posturas que, quizá contradictorias, quizá desordenadas, lo único que provocan en todos es enojo, descontento, rabia… pero, al final, indiferencia. ¡Un pueblo dormido es un pueblo esclavo! ¡Y México, tú que te enorgulleces de unas cuantas piedras viejas, sombreros enormes, ritmos folklóricos y bebidas espirituosas, eres un pueblo dormido!

No me entiendas mal: no te estoy llamando a una revolución infructuosa; ni tampoco a una marcha inútil; ni te pido que tomes las armas en aras de un pueblo oprimido. Y no lo hago porque ni creo que el pueblo esté oprimido ni que los gobernantes sean unos santos; sólo creo que ambos son estúpidos tanto pasiva como activamente en sus respectivas circunstancias. Estúpidos y perezosos… o quizá sólo lo segundo.

No me voy más lejos: desde los primeros esfuerzos independentistas se trató el tema de la devolución de tierras; primero, a los indios; luego a los afectados por las guerras; luego se resolvió lo primero encomendando a la Iglesia los territorios para su protección pero con el uso y disfrute por parte de los indios; luego llegó la Reforma y se expropiaron todas las pertenencias y todos quedaron de nuevo desposeídos; se repartieron entre gente que ni las trabajó ni las dejó trabajar libremente; y así en lo sucesivo hasta la reforma agraria impulsada por Cárdenas que, también, incompleta, politizada y superficial, resultó uno de los alimentos de la gran explosión indigenista en nuestro país. ¿Ves?

¡México siempre ha sido un alboroto esquizofrénico! ¡Te lo dije unas líneas más arriba: salió mal porque mal fue parido y árbol que nace torcido jamás su tronco endereza! Fuimos débiles y nuestros artífices dejaron que otros los sedujeran y, en vez de enriquecer las ideas propias, terminaron por censurar partes de la raíz de la que nos alimentamos y agregaron artificialmente partes de otras raíces que ni nos vienen bien ni nos ajustan. ¡Y, aún así, te atreves a llamarte mexicano y celebrar el 16 de septiembre!

 

[1] Hidalgo, Miguel; “Plan del gobierno americano entregado por Miguel Hidalgo a José María Morelos y expedido por éste.” En De la crisis del modelo borbónico al establecimiento de la República Federal. Gloria Villegas Moreno y Miguel Angel Porrúa Venero (Coordinadores) Margarita Moreno Bonett. Enciclopedia Parlamentaria de México, del Instituto de Investigaciones Legislativas de la Cámara de Diputados, LVI Legislatura. México. Primera edición, 1997. Serie III. Documentos. Volumen I. Leyes y documentos constitutivos de la Nación mexicana. Tomo I. p. 78.

[2] Hidalgo, Miguel; “Primera proclama formal de Miguel Hidalgo en la que se vierte algunos de sus postulados ideológico-políticos formulados en el memorable Grito de Independencia.”, Op. Cit. p. 69

[3] Hidalgo, Op.cit., p. 78

[4] Morelos, José María; Sentimientos de la nación: http://www.ordenjuridico.gob.mx/Constitucion/1813.pdf consultado el 12 de septiembre de 2014.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *