Pocas veces se hace justicia en México. A tal grado ocurre así, que todos sabemos que del total de los delitos que se cometen en el país, apenas un mínimo porcentaje es sancionado; es decir, la enorme mayoría de los infractores no recibe sentencia. El Centro de Investigación para el Desarrollo, A.C. (CIDAC) ha puesto cifras a esta afirmación y ha señalado que de cada 100 delitos que se cometen en el país, ¡sólo uno recibe castigo!

Significa, entonces, que hay un alto grado de impunidad, lo cual constituye un estímulo para la delincuencia, pero no sólo eso. Ocurre también que en otras instancias la conducta social se desborda y causa perjuicios a los derechos de terceros, como lo hemos visto en las manifestaciones de maestros guerrerenses en apoyo de los padres de los 43 jóvenes de Ayotzinapa, de quienes, por cierto, aún no hay noticias ciertas luego de más de dos meses de su desaparición.

Nadie estaría de acuerdo con la violencia, cualquiera que sea su modalidad, pues está comprobado que siempre acarrea violencias mayores, como lo sabemos bien y lo hemos visto en la historia reciente de nuestro país, e incluso más allá de nuestras fronteras. Por eso es importante que quienes cometan delitos tengan un castigo proporcional a su falta, especialmente si se trata de grupos de la delincuencia organizada.

A la vez, es evidente la ineficiencia del poder judicial, que ha dejado en libertad a miles de personas que consumaron actos inaceptables, quienes al quedar impunes constituyen una invitación a que otros también cometan desaguisados, hasta llegar al vandalismo.

El CIDAC lo explica con claridad: “La impunidad es un problema, pero más graves son las señales que manda a la sociedad. Por un lado, eleva la percepción de inseguridad en la ciudadanía, no sólo por la probabilidad de ser víctima sino por la incapacidad del Estado de protegerla. Por el otro, la posibilidad de delinquir sin ser castigado hace del crimen una actividad muy redituable y, por tanto, epidémica”.

El asunto es que a los detenidos inicialmente en los hechos violentos en la manifestación del 20 de noviembre en la ciudad de México no se les pudo probar ningún delito, es decir, no son los causantes de las refriegas. Entonces, nos preguntamos: ¿por qué no detienen a los enmascarados violentos que actúan sin freno alguno ante cientos o miles de personas?

Desde luego, no queremos el endurecimiento de la actuación de las fuerzas del orden y menos aún deseamos que con el argumento de hacer cumplir la ley se hagan detenciones improcedentes o se desconozcan los derechos humanos. Pero sí estamos a favor de que se establezcan medidas para evitar daños y perjuicios a la comunidad y que se detenga ya la violación impune de nuestras leyes. Todo aquel que no las respete necesariamente debería sufrir una sanción.

Se trata de situaciones que suelen convertirse en una paradoja en nuestro país, pues por una parte nos falta hacer justicia, y cuando nos animamos a aplicarla, así sea en cuestiones no muy graves, no lo hacemos con prontitud y firmeza. Y sin presión social, pues la justicia nunca debe aplicarse en función de esas reacciones. Para eso es preciso contar con un adecuado basamento legal y un sistema judicial capaz y honesto. La justicia debe, pues, prevalecer en todo tiempo y en todo momento.

Vamos a estar muy atentos, daremos seguimiento a este asunto y actuaremos en consecuencia. Y en el caso de cualquier manifestación o concentración que se avecine, siempre deberemos poner por delante la ley, la tolerancia y una actitud pacífica. Pero eso no quita que estemos obligados a poner en evidencia a individuos o a grupos que tengan una intención oculta, es decir, que sus propósitos vayan más allá de ejercer sus derechos de libertad de expresión y reunión. En pocas palabras, estamos obligados a evitar y contener los actos de provocación, que pueden acarrear consecuencias muy graves.

Sobre el autor

Martha Chapa

Martha Chapa

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En nuestra cultura han existido mujeres de enorme talento y fina sensibilidad, por lo que las artes plásticas no han sido la excepción y entre ellas siempre brillará la pintura de Frida Kahlo como también la de María Izquierdo o Cordelia Urueta. Dentro de esa dimensión, la de artistas mexicanas que decidieron ser pintoras, se inscribe Martha Chapa, quien también ha generado una gran obra, con significativos reconocimientos, dentro y fuera del país. Su imaginación y fina sensibilidad abarcan diversos temas, texturas y materiales, aunque en casi todas sus pinturas aparece como icono central, esa legendaria fruta que es la manzana. Ella la eligió seguramente porque aprecia en este fruto su condición de testigo presente de los orígenes de la humanidad. En su búsqueda, lo mismo pinta óleos que dibuja e incursiona en la gráfica, y en años más recientes, plasmando su talento sobre láminas viejas, oxidadas, carcomidas, que rescata de su etapa final para recuperarlas e infundirles nueva vida y belleza. Día a día, con sus pinceles emprende la travesía de la imaginación y esboza una manzana: aquella que fascinó a Eva, la que perdió a Atalanta o la que hipnotizó a Cezane y hasta la que empieza a crecer en el árbol del paraíso, a sabiendas de que una manzana puede ser todas las manzanas. Cada vez que tiene frente a sí un lienzo, lo aborda con sensibilidad, talento, pasión y vitalidad para sembrar ese fruto que apuntala la vida, refuerza el amor a la tierra y acrecienta el disfrute estético. Ratifica así que el arte conlleva elevados valores en nuestra sociedad y en la construcción de ese ser humano pleno, sensible y generoso que todos deseamos como ideal y esperanza para enfrentar el futuro. Martha Chapa, originaria de Monterrey, Nuevo León, inicia su trabajo artístico en la década de los sesentas Son ya 300 exposiciones individuales y un sin fin de colectivas, las que ha realizado en México, Europa, Estados Unidos y diversos países del Caribe, Centro y Sudamérica. Asimismo ha incursionado en la escultura y en el arte objeto. De su enorme creatividad surgen mágicamente lo mismo montañas, magueyes, colibríes, que búhos, guadalupanas y abstractos, entre otros muchos temas de sus pinturas. Su trabajo e imaginación se extiende también meritoriamente a través de una importante obra gastronómica pues ha publicado ya 32 libros, en especial sobre la cocina mexicana, además de artículos periodísticos en diversos medios de comunicación y como conductora de la serie “El sabor del Saber”, en TV Mexiquense Una artista de dimensión internacional, que convierte a Martha Chapa, en todo un valor de nuestra cultura contemporánea, con ya 4 décadas de destacada trayectoria dentro de la plástica mexicana, y con múltiples homenajes y reconocimientos, dentro y fuera de nuestras fronteras. Una destacada mexicana y talentosa creadora, comprometida con el arte y la cultura contemporánea.

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