Centro Público

Liberalización y proteccionismo: un enfoque mixto.

“En el largo plazo, todos estamos muertos…”
Keynes

Antes de entrar en materia, quiero dejarle claro, amable lector, que las siguientes reflexiones se acercan más a las notas de un “no-economista” que a los apuntes de John Nash para obtener el doctorado o a los de Sherlock Holmes en las tramas del buen Arthur.
La doctrina actual sobre la cual se erige el sistema económico y financiero, tanto nacional como global, es el libre mercado. La cual, a la caída del muro de Berlín, se mostró ante el mundo como la gran ganadora de la guerra fría; evidenciando que el experimento “socialista” no había sido más que un sueño de libertad convertido en una pesadilla totalitaria.
El clamo unívoco de la época liberal parece centrarse entonces en el laissez-faire, laissez-passer, que encontró en Adam Smith su máximo exponente. Sin embargo, difícilmente hoy encontraríamos una economía regida bajo los términos mencionados. La escuela marxista y la keynesiana (por mencionar dos), con sus diferencias, ven en la libertad total un peligro para la economía. Por ello, prácticamente todas las economías (desde Cuba a EEUU) tienen sus propias restricciones y tienden cada vez más a ser economías mixtas o economías de mercado.
En el presente ensayo explicaré cómo el Estado no puede por cuenta propia hacerse cargo de toda la actividad económica y financiera de un país, a través de políticas públicas orientadas a una economía planificada (remarco: en el mundo de hoy y sin enfrentar grandes problemas). Propongo, al contrario, la búsqueda del equilibrio (tarea colosal). La Historia nos muestra lo mejor y lo peor que, como humanidad hemos logrado. Por lo que no sería sensato pensar que actualmente, viendo que ninguna de las escuelas ha logrado encontrar la verdad económica total, sigamos cayendo en los mismos errores.
Ni Marx lo sabe todo ni Keynes ha salido invicto de la crítica, ni los monetaristas ni Hayek. Incluso EEUU, considerado generalmente, el caso de mayor éxito económico, ha combinado en distintos periodos políticas económicas fuertemente influidas, después de la SGM, por la llamada síntesis clásico-keynesiana o síntesis neoclásica y, más recientemente, las aproximaciones del Monetarismo y la llamada Escuela de Economía de Chicago.
Por otro lado, Marx está presente en la economía actual y no lo dejará de estar a pesar de los detractores que, ignorando el alcance de su método y su análisis económico, enceguecen ante lo evidente. Keynes por su parte, nos muestra la luz en los tiempos de crisis. Tan son actuales ambos que las últimas teorías se sostienen con lo “mejor” de ellos. Una mirada al libro “Capital in the 21st Century”, del economista francés Thomas Piketty nos muestra lo dicho. Según lo poco que se ha publicado en México, el libro hace un duro cuestionamiento al capitalismo, comenzando por un rasgo que Marx consideró inherente a su funcionamiento: una creciente desigualdad que tarde o temprano será “intolerable” y que lo llevará a su propia destrucción. Entonces ¿qué camino tomar? ¿Existe un punto medio entre el Estado del Bienestar y el neo laissez-faire?
Según las ideas anteriores, actualmente, lo mejor que un país puede hacer es transitar en la vía mixta. Como en la vida misma, los extremos producen pavor y nos han enseñado que ni la economía planificada ni la economía abierta (en términos, por ejemplo, de la escuela clásica) son las mejores recetas. Creo innecesario evidenciar los costos que una economía planificada significa. La mención de China (antes de las reformas que la llevarían a una apertura gradual) y la URSS (con su poca efectividad administrativa y la desastrosa crisis que vivió con la implantación del socialismo científico, sobre todo en el stalinismo) me parecen más que suficientes. O en lo desastroso que puede resultar una liberalización descontrolada, como la que llevó, entre otros factores, a la crisis del 29 a EEUU. La desregulación financiera ha mostrado una y otra vez, que el toro de Wall Street, no debe vivir sin ataduras pues las burbujas inflacionarias tarde o temprano estallan.
La inversión privada (sea de capitales extranjeros o no) no me parece por sí misma una invasión para la esfera pública, pues ella no tendría injerencias en el funcionamiento de todo el sistema estatal. El mismo planteamiento, desde mi punto, puede resultar un tanto confuso si no interpretamos ambos conceptos a través de su dicotomía. Lo público y lo privado por tanto se excluyen mutuamente, y sin embargo funcionan ambas a través de un entramado institucional inevitable, de regulaciones que le asignan el lugar a cada una de las esferas. Si, por otro lado, partimos de ver lo público (inversión pública) como una esfera mayor que deja ciertos espacios a lo privado (inversión privada), entonces lo privado invadiría cierta parte de la esfera pública.
Digo que por sí misma la presencia de la inversión privada, en ciertas situaciones es incluso hasta necesaria. Recordemos el caso de Rusia, entrada ya la perestroika, o el caso de China cuando comenzó a permitir la entrada de empresas privadas en sectores no estratégicos de la producción. Incluso en México Porfirio Díaz entendió que las concesiones eran el camino más corto para modernizar y activar el comercio. Sin embargo, veo necesario retomar otros elementos que están inmersos en el debate privatización-intervención estatal.
¿Se puede defender la participación de la inversión privada (en una economía mixta) sin ser fanático de la misma? Sí, desde luego, como mencioné la libre competencia puede generar inversión y por tanto crecimiento económico (distinto al desarrollo económico). Incluso si entendemos al capital como un sistema de explotación hacia el trabajador, con grandes contradicciones en cuanto a la acumulación de riquezas en pocas manos, la tendencia decreciente de la tasa de ganancia y fenómenos relativos a la financiarización del capital y la, cada vez menor, formación bruta de capital. Ninguna economía mundial se ha escapado de la globalización y por ello, es más prudente aprovechar al máximo sus beneficios. Ningún hombre es una isla y ningún muro dura para siempre, se ha dicho.
Ahora bien, ¿se puede defender el proteccionismo y el control estatal? Desde luego, el mercado como la panacea que podría llevarnos al crecimiento económico (según sus defensores) nos ha enseñado que debemos tenerle cierta reserva. Habríamos de preguntarnos viendo a países como Grecia o, sin ir lejos, los vecinos centroamericanos que han seguido la receta FMI-BM, ¿por qué con la liberalización les ha ido mal? Acaso sería absurdo, viendo los resultados de muchas políticas económicas pro-mercado, no dudar de los beneficios de la doctrina de “las ventajas comparativas” que impera actualmente el comercio internacional y “la competencia perfecta”.
Una economía mixta, según se entiende como un camino intermedio o una tercera vía, implica una gran dificultad teórica de definición; al grado que se dice, existen un tipo de economía mixta por cada sistema económico en el mundo. Cada escuela se acerca de una u otra forma a la economía mixta, es decir, a la no exacerbación de la presencia del mercado y la presencia del Estado del Bienestar que pretende redistribuir los desequilibrios de la acumulación capitalista. La doctrina keynesiana, por ejemplo, basada en la planificación económica, propone la presencia de dicho Estado del Bienestar no como una carga impuesta a la economía, sino como estabilizador interno para regenerar las fuerzas del crecimiento económico y el impulso para salir de profundas recesiones, a través del efecto multiplicador. En otras palabras es aceptable que el Estado aumente su gasto, porque a través de ello genera movimiento en la economía, siempre y cuando el gasto sea destinado a la formación bruta de nuevo capital, de inversión y por tanto de crecimiento productivo y a la larga económico. Respecto al Estado del Bienestar, y presentando el punto como otro aspecto negativo de la planificación en la economía, el problema se puede dar cuando el aparato estatal en vez de multiplicar el gasto, se orienta a mantener falsos estándares económicos y por lo contrario, a alimentar la maquinaria burocrática.
Por ello, la apertura económica al capital privado se puede ver como positivo. Las burocracias, nos dice Claus Offe, absorben más recursos y proporcionan menores servicios de lo que sería posible con estructuras menos centralizadas de planificación social. El “cliché de gastar-servir”, impide y entorpece el servicio social, aún peor, cuando se suma la crisis fiscal del Estado.
¿Qué nos impide a los mexicanos ser optimistas a la apertura del mercado? Demos un vistazo al acontecer actual. Las reformas actuales del gobierno mexicano que abren el mercado de energéticos a la inversión privada, las reformas fiscales que regulan ciertos sectores financieros y presionan a la clase media (consumidora por excelencia), la reforma laboral y educativa que disminuyen la presencia y el poder de grupos sindicales minando “derechos” que el viejo régimen priísta de Estado del Bienestar había concedido, y por último, la reforma político-electoral que ofrece un mayor control partidario al gobierno actual. Es claro, entonces que existe una tendencia por buscar revertir la presencia del Estado del Bienestar; aunque con ciertas reservas. Pareciera por tanto que si se busca el crecimiento económico por medio de la apertura, algunas cosas se están haciendo bien y otras mal. Por ejemplo, vale la pena diferenciar entre la inversión privada extranjera (que ahora se busca atraer más que nunca) y la nacional, por mostrar un caso. Sabemos bien que si el capital es extranjero, como en el caso de textileras y armadoras de autos, al fin el capital invertido, en su mayoría termina en otro país, pues la única vía que aprovechan las empresas, es la mano de obra abaratada, con el objetivo de volverla competitiva.
Cada país se ha acercado al mercado de manera particular y en distintos grados. El país que clamó por mayor proteccionismo fue China, y los resultados, pese a sus iniciales costos, son realmente destacables. China no sólo mantiene un programa económico más planificado, sino que invierte la creencia de que el aparato estatal no debe tener el monopolio en sectores como el energético. Al día de hoy, China cuenta con tres empresas fácilmente comparables con PEMEX, que son propiedad de distintas regiones del país, pero que al fin le pertenecen al Estado. El aparato estatal recobra otra orientación y significado. Por estos últimos dos argumentos, es discutible que la apertura y privatización desenfrenada muestra el camino viable hacia la idea de una economía mixta.
Por tanto, quizá sea apropiado subrayar que la idea de la economía de mercado mixta reposa en un programa de pleno empleo establecido por el gobierno (a través de mecanismos como el monetario, que propone la corriente neoliberal, y sumando otros, como estabilizadores fiscales, búsquedas de pleno empleo y déficit presupuestal compensatorio propuestos por la corriente keynesiana) pero que no cuestiona ni limita el régimen de la libre empresa. De allí, que el camino estaría en una participación estatal con ciertas reservas, orientada más en aspectos, cualitativos (áreas estratégicas como alimentos y energía) que en cuantitativos, a fin de no entorpecer el impulso de la inversión privada.
Me gustaría, para terminar, dejar claro varios puntos. No supongo que liberalización significa crecimiento, y muchos menos desarrollo económico, que siempre es más deseable. Todo lo contrario, retomo a Marx para poner en duda dichos planteamientos. Pienso que si algo habría de ayudar a que un país crezca con respaldo (desarrollo planificado), es entender que las medidas de liberalización o liberalización light por sí mismas no nos traerán el manjar en bandeja de plata, sino todo lo contrario, la mala orientación y administración de dichas políticas nos puede hundir más en el camino.
Pero a todo lo mencionado, en ¿qué se basa el optimismo por la liberalización según la ortodoxia neoliberal? (¿De qué debemos cuidarnos?)
La doctrina dominante de las “ventajas comparativas y extensiones” explica que el libre comercio es beneficioso para los países porque propicia la maximización del producto mundial, mejoras en la asignación de recursos, equilibrio comercial, mayor bienestar o mayor consumo, pleno empleo, convergencia de salarios y rentabilidades. ¡La panacea! También asegura que aunque el retraso inicial de estructuras de producción, tecnológicas y competitivas en general, un país siempre podrá especializarse en algún bien, gracias a mecanismos del propio mercado (tendencia al equilibrio comercial entre países por la ley de costos comparativos y eliminación del déficit comercial).
De ser totalmente cierta la doctrina de las “ventajas comparativas” y la “competencia perfecta” entonces, a partir del TLCAN nos habríamos acercado aún más al equilibrio comercial. Quizá entonces una de las claves sería reforzar la diversidad productivo-exportadora de un país, antes de ponerle a competir con otros. El reducido acercamiento al equilibrio comercial entre dos países que se abren a la competencia, es probable que se explique como un resultado lógico de una evolución competitiva pero rezagada, sobre todo en costos y diversificación.
Entre el quizá y el tal vez, la crítica marxista hace su entrada y nos explica que: “no existen mecanismos automáticos correctores de los desequilibrios comerciales. Por el contrario, los desequilibrios comerciales generan movimientos de capital (balanza de pagos) que los financian y que evitan alcanzar automáticamente el equilibrio comercial. Además, el tipo de cambio real o términos de intercambio no responden automáticamente para equilibrar las balanzas comerciales sino más bien al proceso competitivo mundial, mediado por los flujos de capital.”
Después de todo lo anterior ¿vale la pena seguir buscando dentro del capitalismo un lado amable?, ¿vale la pena entender posturas enfrentadas para con ellas formular una nueva receta? Sí, lo vale. Puesto que estamos inmersos en el capitalismo, lo más viable es encontrar el punto de equilibro entre la centralización y la liberalización. Por lo que al entender mejor que en el capitalismo el comercio no protege al débil y tener plena claridad de que la libre competencia, se parece más a la guerra que al deporte (en otra ocasión hablaré más de ello), nos ayudará a estar preparados para enfrentar los nuevos retos económicos a través de políticas públicas novedosas, fórmulas que vayan más allá de reformas incipientes, insuficientes. Y tal vez, entonces, en el largo plazo no todos estemos muertos.

Referencias
(1) Benjamín, Roger. Los límites de la política. Alianza, 1991.
(2) Benn S. y G. Gaus. Public and Private in Social Life. Croom Helm. Nueva York, 1983.
(3) Bobbio, Norberto. Estado, gobierno y sociedad. FCE. México, 1987.
(4) Galbraith, John Kenneth. Un viaje por la economía de nuestro tiempo.
(5) Gochez Sevilla, Roberto. Desequilibrios comerciales en Centroamérica. Teoría y empiría clásico-marxista del comercio internacional. En Revista Realidad 115. UCA, 2008.
(6) Gochez Sevilla, Roberto. Elementos para la crítica de la ortodoxia neoclásica del comercio internacional. Revista Realidad 115, —. UCA.
(7) Lipovetsky, Gilles. “Espacio público y espacio privado en la era pos-moderna”. En Sociológica. Año 8. Núm. 22, 1993.
(8) Marx, Karl. El Capital. Siglo XXI. México, 2011.
(9) Mises, Ludwig von (1949): “Human Action: A Treatise on Economics”.
(10) Noriega Ureña, Fernando. Economía para no economistas. Ciencia Nueva. México, 2010.
(11) Offe, Claus. Algunas contradicciones del moderno Estado del Bienestar.
(12) Rabotnikof, Nora. Público-Privado. Diccionario de política, CONACYT-FLACSO.
(13) Samuelson, Paul (2009): “Economics”. 19a edición.
(14) Varios autores. Adónde va la economía. UAM. México, 2013.

Roselbet Toledo Mayoral

Roselbet Toledo Mayoral

Estudiante de Economía por la UAM y de Ciencias Políticas y Administración Pública por la UNAM. Amante de la alta literatura, la poesía y el cine.

Add comment

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Algo mas para visitar

CP en Twitter

CentroPublicoMX Esta semana, el presidente Andrés Manuel López Obrador, presentará el proyecto del #TrenMaya. Alma Soto nos hace u… https://t.co/tXMnMSi7Ph
23hreplyretweetfavorite
CentroPublicoMX Comunicación y Poder; medios públicos, estatales y gubernamentales. @yosoyjavo escribe sobre las facultades de la… https://t.co/GByzqOMp22
CentroPublicoMX Imperdible la exposición #HitchcockMásAllá en la ⁦@CinetecaMexico⁩. Ximena Apisdorf nos sumerge en el suspenso y… https://t.co/SiQDoyPWhu
CentroPublicoMX Nuestro Jefe Editorial con @temoris comentando el documental: #NoSeMataLaVerdad. https://t.co/JqqkrjIKTk
CentroPublicoMX Deben leer la historia de #IsabellaSpringmuhl. Coraje ante la adversidad y una gran resilencia, la han colocado en… https://t.co/gBSCwce8DF