The curious task of economics is to demonstrate to men how little they really know about what they imagine they can design [la singular tarea de la economía es demostrarle al hombre lo poco que realmente sabe sobre lo que puede concebir que es capaz de diseñar]. 

Friedrich Hayek, The Fatal Conceit: The Errors of Socialism (1988), p. 76

Premio Nobel en Economía 1974

La discusión en el Poder Legislativo, por ahora en el Senado, de la iniciativa de Ley de Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión (LFTR) es una oportunidad de ser testigos de que tan robusta es la aplicación y el reconocimiento de los principios básicos de la economía, de lo que significa el concepto de competencia de mercado, y de los límites de una regulación ante los incentivos básicos de la economía, así como la inevitable tendencia de las autoridades a planificar en forma centralizada como deben de ser, a su juicio, los mercados, y suponen saber a cabalidad como responden a las políticas públicas y sobre todo ceden a la tentación de elegir ganadores y perdedores en los mercados.

Una falacia es un argumento que parece válido, pero no lo es en realidad, y los principios de la ciencia económica son un instrumento indispensable para detectar los argumentos que tienen como objeto hacer parecer los intereses privados como factores de bienestar social. En principio, los mercados no pueden ser diseñados por una autoridad, promoviendo a ciertos competidores mientras se frena o limita a otros mediante una Ley, y a la vez afirmar que se es consistente y se procura la competencia en el mercado y la eficiente asignación de recursos. Argumentos típicos de la protección a una “industria infantil” orientada a promover ciertos competidores no son compatibles con una iniciativa de Ley que dice promover la competencia y la eficiencia económica.

Ha sido expresa la orientación de ciertas disposiciones de la iniciativa de LFTR respecto a ser instrumento de defensa de competidores como medio para crear competencia, tal que funcionarios de la propia SCT lo han manifestado públicamente. Se dice que el plazo para que el preponderante pueda acceder a una concesión que le permita ofrecer servicios de convergencia (triple play) como lo plantea la iniciativa “evitaría un efecto disruptivo o impacto en el mercado de televisión por cable”, si bien existen reducidos sistemas de cable en pequeñas localidades, la justificación implica la protección a los grandes operadores de sistemas de cable en las metrópolis y ciudades medias en donde actúan como monopolios locales en triple play, incluso en algunos casos han desplazado a sistemas alternativos de cable. Tal argumento es una falacia dado que un mercado no se puede crear si se limita la concurrencia de un competidor, perpetuando la exclusividad de las redes de cable en la oferta de triple play y manteniendo a la plataforma potencialmente competidora fuera, siendo que ha estado excluida desde el inicio de tales servicios en el 2006. Es claro el efecto de la protección, como los es en comercio internacional, el grupo o industria protegida nunca está lista para competir en libre comercio porque siempre justifica la competencia desleal de las importaciones, cuando en realidad solo tienen como objetivo permanecer aislada de la competencia del exterior y por tanto evitar la disminución en sus rentas. El reconocimiento a tal conducta es lo que condujo a México a una apertura comercial unilateral inmediata desde finales de los años 80’s.

La propuesta de tarifas de interconexión cero aplicables por el operador preponderante al resto de las redes competidoras se ha justificado como el equivalente a las obligaciones de retransmisión gratuita de los canales de televisión abierta por los sistemas de televisión restringida (must carry) o también con el argumento de que “después de altas tarifas ahora no debe haber queja” o “que se han amortizado las inversiones desde hace tiempo”, incluso este tipo de argumentos provienen de ex funcionarios hacendarios de reconocido prestigio, pero que los intereses corporativos se imponen sobre su propia formación económica.

El principio es claro, la interconexión, sea esta ofrecida por un “preponderante” o un operador “no preponderante”, responde a una inversión en capital que debe de tener un valor presente neto positivo, es decir, tener un retorno de una magnitud mayor que su costo de oportunidad en la siguiente mejor alternativa de inversión disponible, reconocer que son inversiones en activos de uso específico que no tienen valor fuera del uso que tienen en telecomunicaciones y por tanto deben de generar un flujo neto positivo durante su vida útil para que sean posteriormente remplazados por capital que incorpore una tecnología superior. Es por ello que las falacias justifican un precio de cero porque implican que como se han amortizado las inversiones no les corresponde tener un ingreso y por tanto niegan un retorno neto positivo a la inversión y niegan el remplazo de capital para incorporar cambio tecnológico al final de su vida útil. El fondo es que un precio cero es una transferencia a los actuales y futuros competidores con el objeto de incentivar su entrada y permanencia en el mercado independientemente de su eficiencia, dado que utilizan recursos de la sociedad sin pagar su costo lo oportunidad, es la negación del sistema de precios como mecanismo de asignación de recursos escasos en una economía de mercado.

En contraste, la gratuidad en la retransmisión de canales de televisión abierta no implica un ingreso nulo, los contenidos o programación generan audiencia, que a su vez genera demanda por espacios comerciales en la programación que tiene una valor para las empresas que desean publicitarse y que están dispuestas a pagar por que sus consumidores potenciales reciban el mensaje comercial que desean difundir. La televisión abierta es una plataforma que reúne una oferta de contenidos con una demanda por publicidad y que de ello se genera un ingreso suficiente para mantener la creatividad en su programación. Es decir, la sociedad como un todo paga los contenidos de la televisión abierta.

Tanto la desagregación y compartición de infraestructura, como las tarifas asimétricas, donde el preponderante cobraría cero y pagaría un precio positivo, y tal vez con un margen sobre el costo del servicio, al resto de las redes, comparte un común denominador, elevar el flujo de entrada de nuevos competidores y proteger a los existentes con independencia de su eficiencia relativa, con la errónea concepción de que así se crea mayor competencia. Lo anterior es una falacia, un argumento ad populum, dado que concluye que una proposición debe ser verdadera porque muchas personas lo creen así, cuando en realidad los competidores persistirán en el mercado por virtud de las transferencias que reciben por la regulación aplicada a la red “preponderante”, estos serán los primeros en afirmar que la “preponderancia” o el “poder sustancial” persistirá dado que la regulación asimétrica es precisamente su mecanismo de permanencia y viabilidad en el mercado. Es decir, habrá competidores menos eficientes, tal que su rentabilidad estará en función de la existencia de una regulación que se justifica mientras manifiesten que existe un “preponderante” en el mercado.

Aquellos que dicen que la regulación llega tarde, al menos 20 años, en cierta forma tienen razón, llega cuando la regulación debe de ser menor a la que ahora se propone e incluso la que actualmente se aplica, dado que el cambio tecnológico, la competencia entre redes de diferentes plataformas, par de cobre, coaxial, inalámbrica, han desvanecido los que antes eran considerados como insumos esenciales y ahora son capaces de reproducir los accesos locales mediante la inversión en medios alternativos.

Llega tarde y mal, cuando la Comisión Europea desde 2009 recomienda el eliminar tarifas asimétricas a favor de simétricas y se establece que todas las tarifas de terminación sean simétricas, basadas en costos más un margen por riesgo de inversiones irreversibles para el año 2015[1] y con excepciones a la compartición obligada para incentivar inversiones en redes de próxima generación, en tanto NUNCA se ha propuesto una tarifa de terminación de cero dado que sería impensable por ser contrario a principios económicos, mientras en México abundan los “economistas” que defienden el desmantelar el sistema de precios para optar por una draconiana, y como algún Senador alguna vez expreso “monstruosa” (refiriéndose a la Reforma en Ferrocarriles) política de protección industrial selectiva. Se propone asimetría máxima por tarifa cero y total compartición de plataformas existentes o de todas  aquellas que pueda y deba instalar. Llega cuando la intensidad regulatoria debe de ser a favor de la inversión para incentivar la migración a redes de nueva generación y desplegar redes de mayor ancho de banda lo más cercano a la premisa local del usuario final. La única forma de beneficiar al usuario es desencadenado la inversión de todas las redes en forma descentralizada y como respuesta a los incentivos del mercado.


[1] Telecoms: Commission acts on termination rates to boost competition. European Commission – IP/09/710   07/05/2009

 

Una Respuesta

  1. Monica Bella

    de 10 este columna, esa del Dipu ese que?
    se ve que la tv bancada es una realidad…

    Responder

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